Capítulo 22, primera parte: Dulce carmen*



Capítulo 22: Dulce carmen*.

“La creencia en una fuente sobrenatural del mal no es necesaria, el hombre por si mismo es muy capaz de cualquier maldad”.
Joseph Conrad












-Tal vez si me echaras una mano no sería tan trasto.- Volví a repetirle a Nausicaa. El farragoso fango amenazaba con engullirme. Sentía mis pies hundirse cada vez más en la tierra.

-Tía, yo paso de mancharme. Voy a buscar una diana como la de trazan o algo para sacarte.- De nuevo mostró su falta de interés hacia la situación.

Le tendí la mano pero en cambio de alcanzar a mi amiga me topé con algo más rígido; La empuñadura de la espada de Alex robada a los secuaces.

-No entiendo cómo sigues aguantándola.- Espetó el chico sin añadiduras.

Agarré la Espada y miré a Nausicaa fulminándola. Era ya noche y lo único que alcazaba a ver eran los brillantes ojos de la Dríade. Al parecer, ese matiz azulado, que tanto resaltaba en Alex, ha ido desapareciendo, haciendo cada vez que sus ojos fueran más opacos.

Duque no me había dirigido una palabra desde... Bueno, desde que me hizo un piercing en el labio. A lado de la comisura derecha tenía una herida bastante profunda. Sin duda era grande, maldecía al bosque por no tener espejos donde mirarse.

-Está bien. Acamparemos aquí.- Espetó Bruna.- Mañana saldremos al amanecer, colina abajo hacia Southreign. Os ruego, por favor, que nada más entrar os quitéis esos uniformes.- Nos miró de arriba hacia abajo.

Bruna estaba algo más dirigente que Duque desde ayer cuando me vio aparecer de la mano de él. Mantenía su mirada rígida, fría, de autosuficiencia. Alex vagaba en su mundo. Hacía casi una semana que no era el de antes. Lo pillabas distraído y con la cara siempre adormilada.

Extendí la manta a un lado de la hoguera y alargué mis manos hacia ella. Me froté los brazos para entrar en calor. La luna ya se escindía ante nosotros. El ambiente del grupo era algo hostil. Casi nunca nos dirigíamos una palabra, ni siquiera para preguntar la hora. Y debo confesar que eso, no me gustaba para nada.

Alex se revolvía inquieto en su manta, Nausicaa ya dormía tranquila, Duque y Bruna conversaban algo muy bajo. Debería ser algo importante, porque pocos minutos después se alzaron y caminaron hacia el lado opuesto de donde estábamos. Después, sólo pude ver negro.

                                                         *    *    *

La penumbra se instalaba sobre la hierba fresca. Alguien me estaba tocando el hombro y me sobresalté por un instante. Sin embargo todo desapareció nada más ver sus ojos. Amarillos, como el sol. Por un instante dudé, pero ella se acercó a mi y se tumbó con mi manta.

-¿Vamos a dar una vuelta? No puedo dormir.- Me recordó a aquella chica de hacer unos años que sufría insomnio y que iba al cuarto de su madre a dormir. Yo.

-¿Dónde quieres que vayamos? Nos jugamos la vida Nausi.- Ella me miró suplicante.

-Vamos a buscar a Duque y a Bruna. Hace mucho que se fueron y aún no han regresado.- Se encogió de hombros.-  No sé qué es lo que tienen que hablar a las dos y media de la noche.

-Nausicaa: ¿Cómo vamos a buscar a alguien en un lugar donde somos buscados?- Me agarró de las mano. Sabía que corríamos el riesgo de perdernos o incluso de morir. Y sabía que ella también estaba al corriente de ello.

Por un lado pensé en mantenerme ajena a aquello, pero debía confesar que sentía curiosidad por el paradero de Duque; ¿Qué estarían haciendo en el bosque? Fue entonces cuando me recorrió aquella imagen de él y yo en el claro del bosque, besándonos. Pensé  en despertar a Alex y decirle que fuera con Nausicaa porque “Se estaban adentrando en SU terreno desconocido”. Pero no sería igual. Nausicaa y yo éramos amigas desde los siete años, él tan sólo era otra de las atracciones de circo con las que Nausicaa se entretenía.

-Venga Yanet, no seas mojigata.- Me miró. Sus ojos desprendían luz. Suspiré.

-Está bien. Pero si me quedo atrapada en arenas movedizas, utiliza de una vez tu don para salvarme. Esta vez no estará Alex.- La advertí. Ella sonrió y dio unas palmitas en señal de victoria. Puse los ojos en blanco y aparté la manta de encima mía.

-Venga, cuéntame lo que pasó ayer en el bosque.- En ese instante me di cuenta de que todo era una trampa. No tenía insomnio, sino curiosidad.

Me miró con su sonrisa maquiavélica. Entorné los ojos y fruncí el ceño mientras caminábamos a la deriva. Sin rumbo.

-¿Por qué crees que pasó algo? Sólo hablamos. Nada más.- Se echó  a reír tocándose el labio. Comprendí a lo que se refería.- Vale, vale. Se nos fue un poco la mano.

-¡¿La mano?! ¡Será pervertido el duque de pacotilla! ¡A mi amiga nadie la toca!

-Nausicaa, no era en ese sentido.- Se me encendieron las mejillas y miré hacia la tierra. Nausi apartó una rama que se nos interponía en el camino sin tan siquiera mirarla.

La tierra se iba modelando a nuestros pasos, los árboles encogían sus enormes raíces para abrir un camino. Los cantos de los pájaros nos inundaban y el frescor del manantial hacía que el aire pasase de la humedad.

-          ¿Porqué no pudiste sacarme de las arenas movedizas hoy?
-          Parece ser que mis poderes se gastaron por lo del secuestro de ayer.- Se encogió de hombros. Parecía sincera.
-          ¿Y ahora?-Miré a mi alrededor y al camino que se estaba formando delante de mis pies, a través del bosque.- ¿Cómo es que en tan poco tiempo has recuperado tu energía?
-          Me pasa como a ti, cuando la gasto, se tiene que ir recuperando poco a poco. De todos modos hace una semana que no controlo mis poderes. Es como si alguien me los estuviera usurpando.- Hizo un gesto con la mano y el camino se iluminó por arte de magia.
-          ¿Cómo has hecho eso?- Dije perpleja.
-          Dirás quiénes.

Enfoqué los ojos en el foco de luz que se alzaba a la altura de mi cabeza. Un centenar de luciérnagas se extendían como un manto ante nosotras. Nausicaa estaba en pleno auge de poderes y parecía que por fin había sacado brillo a esa polvorienta neurona y ahora funcionaba.

Las luces que fluctuaban se disiparon al llegar al manantial. Parecía que la vida allí acabara, pues ningún árbol se atrevía a alargarse hasta rozar sus aguas y parecía que para ningún animal fuera un amigo fiable. Nausicaa me miró.

-          ¿No íbamos a buscar a Duque?-Pregunté.
-          No tengo el poder de navegador, me has confundido con Alex.- Tal vez hubiera sido bueno idea traerlo.
-          Al menos podemos descansar.- Nausi parecía fuera de sí. No enfadada, sino ida. Parecía divagar sobre otros asuntos y escabullirse de la realidad.

Realidad. Irónico ¿Verdad?

La dejé detrás de mi y me tumbé a las faldas de la orilla, cerré los ojos.

 Sentí como mis pies descalzos eran lamidos por las aguas frescas y como paulatinamente la marea iba subiendo. Una sensación de plenitud me embriagó y deseé no moverme jamás de donde estaba.

Nausicaa gritaba algo que no lograba entender. Sus labios se movían, mas ningún ruido salía de ella. Parecía que hubiera apretado el botón de Mute del mando de la televisión. Sin embargo sí que podía darme cuenta de lo que pasaba, y es que algo estaba resbalándose por mi tobillo. Como una caricia del diablo.

Un canto fue emergiendo del agua, de las profundidades del manantial. La voz era dulce y a la vez satírica. Su frecuencia era la de una niña pequeña y la canción parecía las que cantaba cuando saltaba a la comba. Me recompuse sentada tocando mi pie mojado y la misma fuerza magnética que atraía mi pie al agua ahora me atraía la mano.

La canción era más fuerte que los gritos de mi amiga que yacía en el suelo revolcándose, pero esto no tenía importancia. Las caricias fueron aumentando y sentí como una mano se aferraba a la mía. Del agua salió una cabeza que acompañaba el canto. Sus ojos eran negros. Totalmente. La superficie del globo ocular era azabache. No poseía pestañas y tampoco nariz. Tan sólo tres rajas en los laterales del cuello. Su piel era verdosa y pálida a la vez. Su cabello verde alga. Su mirada se adentraba en ti y jamás te dejaba de observar. Como la Mona Lisa.

Sus cabellos eran platino incluso mojados, sus ojos verdes y sus dedos larguísimos y finos adornados con unas uñas de manicura francesa. Lucía un collar en su precioso cuello que resaltaba con la palidez de su tez. Conseguía eclipsar a Nausicaa en belleza. Su sonrisa agraciada me distrajo y la acompañé hasta que mi brazo se sumergió entero y su cara quedó cerca de mi oído. Entonces escuché un aleteo detrás de su cuerpo. Sirenas.

Un flash: La chica rubia de ojos verdes. Otro flash: Un ser monstruoso con garras y piel verde.
Un flash: Me susurró el final de la canción al oído. Otro Flash: Me clavó sus zarpas en el brazo.
Un flash: << Es un placer conocerte Yanet>>. Otro flash: << Y un placer devorarte>>
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*Dulce carmen: Latinismo que significa  “bella canción”

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Artikel Capítulo 22, primera parte: Dulce carmen* ini dipublish oleh Carla pada hari domingo, 22 de julio de 2012. Semoga artikel ini dapat bermanfaat.Terimakasih atas kunjungan Anda silahkan tinggalkan komentar.sudah ada 0 komentar: di postingan Capítulo 22, primera parte: Dulce carmen*
 
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