Capítulo 20: Acechados. Primera parte.


Capítulo 20: Acechados.
“Las ideologías nos separan, los sueños y la angustia nos unen”.
Eugène Ionesco
















Enfundados en nuestros nuevos uniformes y cargados de cachivaches que no logré entender, no sé si por la falta de atención a Lacrias mientras sostenía una especia de ovni del que rápidamente salían unos ganchos como arpones o por lo extremadamente ajustado que me quedaba esa segunda piel que evitaba que la circulación fluyera con normalidad y que el aire me llegara a los pulmones. Parece ser que se esperaban a una Ilusioner mucho más delgada. Contemplé a Nausi. Su cuerpo se ajustaba a la perfección bajo ese uniforme. Sus casi inexistentes caderas dejaban ver bajo la tela unos picudos huesos y unas delgadas piernas. Aparté mi vista de la dríade y la fijé en el chico de mi lado. Los pantalones del uniforme masculino no eran ajustado como los del femenino. Deseé ser un tío por primera vez e mi vida.

Sus piernas caminaban deprisa y ágiles. Cargaba una mochila que llevaba colgada de un hombro y vigilaba a ambos lados. A Alex se le metió entre ceja y ceja que Duque no vendría y decidió que saliésemos en busca de Bruna por nuestra cuenta. Sin avisar a Duque. Eran casi las once de la noche cuando salimos a hurtadillas de Harmer sin que Duque se percatase. Sabíamos que era cuestión de tiempo que Lacrias se dirigiera a Duque y le dijera que habíamos partido. Como también sabíamos que era cuestión de tiempo que Duque no encontrara y su enfado sería proporcional a las horas de búsqueda que emplearía en encontrarnos.

-¡Tsh! He escuchado algo.-Dijo Alex parándose en seco delante de nosotras.

Estábamos en la penumbra del bosque que rodeaba la ciudad y desde allí podíamos ver las luces y las personas que quedaban por la calle. Alex sintió un repentino movimiento a sus espaldas y volteó hacia mi.

-Eh, sólo soy yo, tranquilo.-Alce las manos para que alcanzara a verme en la oscuridad.

-La casa debería estar por ahí.-Señaló hacia una de las muchas casitas que se elevaban tras los arbustos donde estábamos escondidos. Alex miró de nuevo el mapa. Se rascó la frente confundido.

-Alex, Cielo, está al revés.-Dijo Nausi arrebatándole el mapa de las mano.- ¡Da acá!

Contempló el papel y lo giró otras tantas veces. ¿Qué capacidad de complicación podría tener un mapa? Le cogí el mapa de las manos.

Miré extrañada. ¿Y el norte? Despedí mi mirada hacia el cielo estrellado buscando la estrella polar. Intento fallido. Posé mis ojos en el mapa de nuevo hasta que los tres escuchamos una voz proveniente de una casa.

-Sí, por supuesto. De hecho acababa de escaparme.- Nos agachamos entre los matorrales al mismo tiempo. Una figura esbelta caminaba con una mano en la oreja y otra balanceando un cigarrillo. Sus botas negras de plataforma hacían que su cuerpo pareciera un rascacielos. Aún más y más alto, hacia las nubes.- Esa señora no está en su sano juicio.- Declaró.- ¿Cuánto dices que tardarán?-Se quedó mirando el suelo y tiró la colilla.- perfecto.

Miró el móvil y colgó. La luz que emitía le iluminó la cara. Pude verla, pude ver sus largas pestañas. Sus rojos ojos. Parecían sangre ardiendo.

-Es ella.-Se pude de pie y me precipité a echarlo de nuevo hacia abajo.

- ¿Quieres que piense que hemos estado observándola, espiándola?- Le escupí con un susurro que debería ser un grito si no fuera por la situación.- Piensa antes de reaccionar, ¿Recuerdas?- Guiñé un ojo.

El chico se sopló el flequillo. Hasta en la penumbra sus ojos brillaban infinitos, como un pozo sin fin. Pensé que ese brillo no cesaría ni en la oscuridad más absoluta.

Así, en cuclillas, el uniforme me estaba más estrecho aún y amenazaba con romperse justo en el trasero, ¡Malditas caderas! Esperamos que Bruna se fumara otro cigarro dando vueltas frente a la casa que debía ser suya. Si eso fuera cierto, tendría a disposición lo que debía ser un apartamento de Arriba, aquí, Abajo. Tan sólo cuando la chica hubo entrado y tras haber pasado unos minutos de esto, salimos de nuestro escondite. Nausicaa se retiró las hojas secas llenas de barro de su uniforme con expresión de repugnancia. Alzó su larga melena que acarició con sus manos dándole forma de cola de caballo y a la que luego rodeó con una cinta. Alex saltó los arbustos con agilidad. Yo sin embargo tuve que hacer una serie de piruetas para estirar mis piernas. Al contrario que Nausi que saltó sin problema alguno.

La penumbra desapareció cuando el farolillo que iluminaba la entrada a la casa nos rodeó. Alex se pensó dos veces lo de llamar a la puerta. Una puerta de madera, muy gruesa. Nos miró a las dos. <<Tock- tock>>

La ventana de la casa se iluminó, se escuchó un golpe y miles de pasos bajar por las escaleras. Me estremecí y al fin la puerta se abrió. Una chica menudilla de cabellos negros y ojos verdosos apareció divertida.

-¿Bruna?-Preguntó Alex. La sonrisa de la chica se desvaneció y puso los ojos en blanco.

-Oh, sí, claro. ¡Bruna! Es para ti.-Dijo volviéndose hacia la escalera.- Para variar.- Se encaminó descalza pasillo adentro.

Unos tacones repiquetearon arriba y tranquilamente, pausados bajaron las escaleras una a una. Balanceó sus dedos por la barandilla de las escaleras y tras eso, desde el fondo del pasillo caminó algo más rápido. Su mirada se posó primero en Alex. Sonreía maliciosa. Luego sus labios se tensaron al verme a mí por detrás.

-¡Alex! Perdón por marcharme el otro día tan corriendo. Tuve un improvisto.- Alzó una ceja apoyada en el marco de la puerta.- hablando de improvistos,- Me recorrió con la mirada.- ¿quién es esta?

-Soy Yanet, una Ilusioner.-Le tendí la mano sonriendo. Ella la rechazó.

-Vaya, vaya…- Dejó incompleta la frase. Pude atisbar cierta incertidumbre en su mirada opaca.

En la periferia no había nadie, tan solo la oscuridad y algunas casas con la luz apagada.

-¡Bruna! Esta noche que sea en la habitación de los ligues por favor.-Gritó alguien desde dentro. Molesta la joven dio un paso y cerró la puerta a sus espaldas. Chasqueó la lengua contra el paladar.

-Es una residencia para estudiante.-Se encogió de hombros.- Y bien- Se tocó la melena caoba.- ¿A qué debo esta visita?

-Te necesitamos.-Dijo Nausicaa.

-¿Y esta otra?, ¿De dónde sale?- Dijo inclinándose para ver por detrás mía a Nausi.

-No es esa la cuestión.- Alex la posicionó de nuevo firme frente a él.- Necesitamos tu ayuda. Queremos encontrar…una cosa… y para ello necesitamos antes a un…

-A un dragón.-Terminé.- Pero no uno cualquiera. Necesitamos a Rufo.- Nos miró extrañada y a la vez como si supiera de lo que hablamos.

-No tengo ningún poder para encontrar dragones, en eso no os puedo echar un cabo. Lo siento chicos.- Hizo andén de marcharse de nuevo dentro. Alex la agarró del hombro y ella sonrió.

-Yo si tengo ese poder. Sólo necesitamos tu ayuda para escapar de aquí sin ser vistos. Como mapa. No podemos arriesgarnos a perdernos en paraje desconocido. Sería peor que malo.

-Sabemos que tal vez sea peligroso. No te obligamos.- La chica se sopló el flequillo.

-Dadme un minuto.- Acompañó sus palabra con un dedo refiriéndose al minuto. Subió a toda prisa por las escaleras.

-No me puedo creer que haya aceptado.-Dijo Nausicaa.- Esto es de locos.

Tras unos minutos que esperamos en el umbral de la casa, la chica apareció vestida con unos vaqueros, unos botines parecidos a los New Balance y una camiseta de mangas cortas ajustada con escote de vértigo color Burdeos. El pelo totalmente liso le caía hasta el trasero y se balanceaba por sus caderas.

-Decidme.- Todas miramos a Alex esperando una respuesta. Luego dio una vuelta sobre su eje y paró justo dándome la espalda.

-Por allí.- Dijo señalando hacia la nada llena de oscuridad donde la única luz que había era la de la luna. Una luna llena, grande que escindía sobre nosotros. Pensé que estaba bromeando. Pero la primera en encaminarse fue Bruna y confiamos en que supiera por dónde nos estábamos metiendo.

Avanzamos sigilosos hacia el camino de la luna. Era un camino arenoso colina arriba. Alex sacó una linterna de la mochila. Lo seguimos. Nausi y yo la últimas y bruna al lado del chico.

-¿No has notado algo raro en ella, algo misterioso?

-Sí, que se ha puesto una camiseta Burdeos con una sudadera azul.- Dijo mi amiga echandose las manos a la cabeza.

-No me refería a eso…Pero en fin.-Seguí caminando.

Si teníamos que aguantarla sería por una buena causa. Si es que hay alguna causa buena. Después de inundarme en el caos más maligno que conozco, ya soy incapaz de buscarle un lado bueno a todo esto. Sin embargo aún quedaba mucho camino y apenas la conocía. Si las cosas seguían así y ella hermética, no sentiría su presencia. Llegué a la conclusión de que sería lo mejor aunque eso implicara que se llevara al único chico de la manada. Ahora en vez de pelear los machos por las hembras sería al revés. Tendríamos que llegar hasta Rufo y tras ello seguirle a él para llegar hasta el maldito libro. Eso sin contar las infinidades de sueños subconscientes que padecería por el camino ya que la esfera no acumularía más mi materia. La había dejado en la mochila de Alex.

-Su mirada me mata. Parece como si le bastara fijar sus ojos en mi para sentir como me lapidan, me trocean, me vuelven a pegar y me crucifican. Es un asco.- Nausi se sopla el flequillo entre aliento y aliento. Íbamos colina arriba. 

El camino estaba flanqueado de árboles. Allí, hacia la oscuridad nada se podía distinguir. Tan sólo el camino iluminado por la luna. A los lejos Alex sonreía, parecía distraído y eso me incomodaba. Cuando llegamos a la cima del monte el chico se detuvo. ¿Habríamos llegado ya al sitio donde se encontraba Rufo? Lo dudaba. Nos hizo una señal con la linterna para que no lo perdiésemos de vista -¡Y qué vistas!- .

-¿Qué hacemos aquí parados? No hay tiempo que perder.- Le escupo a Alex.

-Acamparemos aquí.-Dijo Bruna dejando caer la mochila en el suelo. Casi me traga la tierra cuando descubro que la idea era de Bruna.- Saldremos antes del amanecer para no encontrarnos con cazadores. Esos locos se pasan la vida tirando tiros por doquier.

-Ac... ¿Acampar?, ¿aquí?-Abrió la boca Nausi.

-Sí bonita, sí.

-Pe-Pe-Pe-¡Pero tu estás loca! Ni de broma me quedo yo aquí, en medio del bosque, con todos los bichos y cositas que tiene que haber por aquí.- Insistió.

-Nausi deja de quejarte y coge esto.- Alex le tiró una manta que le estampó en la cara. Sonreí.

-Apenas hemos andado tres kilómetros. Si seguimos así no tendremos tiempo de encontrar a Rufo y tampoco de buscar al libro.- Digo.

-Yanet,-Alex me toca el hombro.- Descansa, tú lo necesitas más que nadie.- Me emocioné tanto que pensé que se me saldrían las lágrimas. Luego me estampó una manta contra el vientre y caminó hacia la nueva reina de las abejas.

Suspiré con retro gusto de rabia mirando como se alejaba hacia el otro lado de la pequeña explanada. Estiré la manta en el suelo y me dejé caer. Apoyé la nuca en las palmas de mis manos, mirando hacia el cielo sin contaminación lumínica. Tenía que haber sido un fallo todo aquello. Yo no estoy preparada para ello. Además, odiaba el campo, odiaba que todos se pusieran en corro tocando la guitarra con el fuego entre ellos, odiaba la nubes tostadas, odiaba las tiendas de campaña. Pero sin duda, una de ellas ahora no iría del todo mal. Las cosas estaba cambiando de mal en peor.

Una mano eclipsó las estrellas. La aparté de un manotazo y giré la cara para ver quien era.

-¿No has escuchado un ruido?- La dríade parecía asustada, allí tirada en un trozo de mi manta, con cara de pavor.

-No, no he escuchado nada Nausi.

-Que sí, que sí.- Agudicé el oído.- ¿Ves?, ¿Lo has escuchado?

-No...-Dije aterrada.

-Se escuchan como palabras, como sonidos. Se escuchan charlas.- la dríade alzó el tronco para mirar hacia la nada del bosque.- No estamos solos.- Quise chillar, pero sabía que era peor. Me limité a hacerme un ovillo.- Se está acercando...¿Y sabes que es lo peor?

-¿Qué...Qué es lo peor?- Logré mascar entre dientes.

-¡Que me estoy quedando contigo!- Abrí los ojos, <<Típico de Nausi>>. Le propiné un codazo en las costillas. Me alcé y me tiré en ella rodando por la manta.

-Eres tonta, sabes como soy para estas cosas y no tienes otra idea que contarme tu historia de miedo jornal.- Dejamos de rodar cuando algo me clavó un sonido en el oído. La entrañas se me revolvieron. Me alcé sacudiéndome el uniforme.- Espera. Quieta.- Estaba escuchando realmente algo. Nausi me siguió por atrás.- ¿No lo oyes?

- No cuela Yanet, no sabes hacer una broma. No me devolverás mi propia moneda.

-Estoy totalmente segura de que hay alguien por ahí.- Seguí avanzando descalza sobre ese claro de tierra en medio del espeso bosque.

Me acerqué saboreando cama bocanada de aire fresco hacia el bosque que nos rodeaba. Seguía escuchando voces, eran voces masculinas, tal vez la misma voz o tal vez la de dos personas distintas. ¿Estarían espiándonos?, ¿A qué clase de seres nos enfrentábamos? Nausi me miraba desde mis espaldas. Le lancé una mirada y puso los ojos en blanco. Aparté una rama seguida de otras cuantas y sin darme cuenta, estaba en medio de un bosque infinito. La tierra estaba húmeda y la noche aquí era aún más cerrada. Me rodeé el estómago con las manos. Algo me agarró del pié. Caí de bruces hiriéndome las palmas de las manos y ensuciando mi uniforme. Pero no acababa aquí. Lo mismo que me agarró el tobillo, me estaba arrastrando por el suelo, pegando botes a cada piedra que encontraba en el camino. Eso siguió arrastrándome, arañé el suelo, grité y de repente las voces cesaron. Luego se hicieron más fuertes y vinieron hacia mí. Pensé que me estaban arrastrando al infierno, que estaba jugando conmigo como hacen las orcas con las indefensas focas antes de zampárselas. Deseé tener la esfera entre las manos y poder abrir un círculo hacia la gruta de Lacrias. Las voces se convirtieron en pasos rápidos, alguien se acercaba a mí. Hinqué las uñas en el suelo, pataleé y de repente. Todo se frenó. Me dejaban, habían cedido. Me encontraba boca abajo con mi mejilla apoyada en la tierra y el modelito a tiras. Giré la cabeza hacia mi tobillo. En él una larga y gruesa raíz de árbol se enrollaba. Ahora, como quemada o chamuscada, dejaba salir mi pie de entre sus garras.

-¿Te crees muy temeraria por tomar decisiones? Menuda idea.- unas botas militares negras se clavaban en el sustrato fangoso. Duque.- No entiendes que si te reconoce alguien aliado del Íncubus Máximus estamos fritos. Anda, vamos a casa, ya está bien de niñerías.

-Duque…yo…- Dije de rodillas en el suelo.- Yo no me iré.- Dije desde sus espaldas, se había dado la vuelta para marcharse.- Necesitamos ese libro, tenemos que ayudar a toda esta gente y a mi. No quiero quedarme toda mi vida recluida en este mundo como tú. Yo no soy como tú.

-Sí que lo eres Yanet, eres otra Ilusioner, lo sabes tan bien como yo. Como también sabes que un paso en falso y podemos darlo todo por acabado. Irás al infierno. O peor aún, irás a la Fórcida.- Retrocedí en el suelo como un cangrejo.

-Eres un egoista. ¡¿Y qué hay de todas estas personas?!, ¡¿Qué hicieron ellas para merecerse esto?!

-No estoy diciendo que no podamos salvarlas. Pero no es el momento ni la situación. Mírate, eres vulnerable. –Respiré  hondo.

Descargué mi rabia contra el suelo. Apreté los puños, cerré los ojos. Duque se giró de nuevo para seguir andando. La cabeza me hervía. ¿Por qué tenía que ser siempre lo que él dijera? Me levanté expulsando de mi aliento un grito sordo. Agarré la espada que llevaba en la cintura al joven y se la puse en el cuello. Quedé de puntillas detrás de él, con la espada formando una línea secante respecto a su cuello. Apreté en su cuello.

-Sin mi estás perdido. Créeme cuando te digo que no te tengo miedo. Sabes que sin mi materia no somos nada. No somos un par.- Le dije al oído. Lo más normal es que se hubiera liberado de un zarpazo y me hubiera apuntado en la barbilla con su espada. Pero se quedó inmóvil. Rígido. Parecía que por fin algunas de mis palabras trascendían en él.- Creo que debes hacerme caso.

-¿A qué juegas Yanet?- Aparté su espada del cuello.

-Quiero irme Duque. Jamás me quedaré recluido como tú. –Retrocedí unos pasos.

-No sabes donde te estás metiendo.- Me miró con un aura en los ojos. Como si supiera algo que yo no sé. – Si todo se va al garete será por tu culpa.

-Mea culpa.- levanté la espada.

-Larguémonos.

Caminábamos por el bosque. Yo seguía a Duque que parecía saber a donde íbamos. Recapacité sobre lo que había sucedido hace unos instantes. ¿Cómo fui capaz tan si quiera de levantar una espada? Volví a retorcerme el labio inferior con las paletas. Hace un mes lo habría dado por imposible. La penumbra de la noche ahora era más notable. La luna menguaba y poco a poco no privaba de la única luz que nos quedaba.

A partamos una rama y en seguida reconocí dónde estábamos. Al fin habíamos llegado con los demás. Me soplé el flequillo lleno de fango. Una figura yacía en el suelo envuelta en una manta y tiritando exageradamente. Los mechones ceniza salían por los pliegues de la tela.

Al fondo, Alex había pasado de estar tumbado a estar sentado en una milésima de segundo. Ahora me apuntaba con una cucharilla de metal inoxidable. No pude evitar caerme de la risa.

-Duque ha vuelto chicos.

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Artikel Capítulo 20: Acechados. Primera parte. ini dipublish oleh Carla pada hari miércoles, 27 de junio de 2012. Semoga artikel ini dapat bermanfaat.Terimakasih atas kunjungan Anda silahkan tinggalkan komentar.sudah ada 0 komentar: di postingan Capítulo 20: Acechados. Primera parte.
 
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