Capítulo 19: La decisión de los elegidos.




 Capítulo 19: La decisión de los elegidos.

Inténtalo, vuelve a fallar, falla mejor”
Samuel Beckett








Las luces de la mañana entraban por la ventana coloreando de tonos pálidos la estancia. Es curioso como la misma luz resplandeciente dibuja sombras en el suelo al toparse con un objeto opaco. Lo mismo que está pasando con mi figura que refleja su sombra en la pared de enfrente.

Seguía hermética, pensando en todo aquello que había ocurrido en las últimas semanas. Ahora tenía un dragón, una especie de ninfa y el contrario de un vampiro. Bueno, sin hablar de mi enfermedad… Visiones…Quién lo hubiese dicho.

La puerta de mi habitación se entreabrió emitiendo tanta luz que mi sombra desapareció. Eliott apareció trotando con su sonrisa mellada. No traía el desayuno como de costumbre, pero a cambio me traía su compañía, y eso, lo apreciaba más que cualquier vaso con leche. Le sonreí ampliamente sin ocultar mi cara de recién levantada. Había sido como nuestro mayordomo y jamás se quejaba de lo que le imponíamos. Incluso le ponía buena cara a Nausicaa después de haberlo definido como “Abominación de la naturaleza”

En ningún momento la paz que se palpaba era perturbada en su presencia.

-¡Eliott! Buenos días.-Lo estreché entre mis brazos creyendo que sus ojo se saldrían de sus orbitas al ejercer tanta fuerza sobre su cuerpecillo.- ¿Qué te trae hoy por aquí?- Lo cogí como un bebé por las asilas y di una vuelta sobre mi eje. Lo apoyé en mi cama y me senté junto a él, riendo por su cara descompuesta del mareo.- Siento mi euforia…

-No tiene por qué disculparse señora.-Dijo con su voz llena de cambios de frecuencia.- Verá…-Dice colocándose su gorro que se le había desplazado hacia un lado.- ¿Se acuerda cuando llegamos a Harmer?

-¿Cómo me iba a olvidar? Aún no me lo creo.-Suspiro.

-y, Se acuerda que me habló sobre algo… ¿Cómo era?, ¿FCI, FTI…?

-¡El FBI!

-Sí eso mismo señora. Pues verá, creo recordar que le pregunté sobre aquel termino, pero me contestó que me lo definiría con detalles cuando le contara más sobre vuestro viaje y… Ya sabe, todo esto…- Hizo alusión.

-Oh…Tienes razón.-Dije tapándome la boca.- lo siento mucho Eliott… es que no sabes lo difícil que es acostumbrarse a todo esto… y mis Ilusions y mis dudas y…

-¡No importa señora Yanet! Soy paciente, pero me gustaría saber más.- Alza el dedo índice hacia el techo.- Más sobre allí, sobre Arriba.- Me mira con ojos enormes y suplicantes.

-Por supuesto amigo. Ante todo allí Arriba nadie me llama “Señora”, no es porque no sea rica, que también, sino porque no estoy casada.  Soy muy joven aún.

-¿Casada?, ¿Cómo los calcetines?-Dice con cara interrogante.

-¿No sabes lo que es casarse?, ¿Contraer matrimonio?- Me quedé atónita mientras el negaba con la cabeza.- Contraer matrimonio es enlazarse con alguien, cuando dos personas se aman, a veces, tienen la necesidad de casarse y formar una familia. De ser cónyuges.

-Entonces, es como el vínculum, ¿No es así?

-Si así es como lo llaman aquí supongo que sí. ¿Nunca has estado casado ni te ha gustado nadie?

-No…Bueno, sí, o no del todo… No lo sé.- Observo con se sulfura y al final acaba tirándose del gorro hacia abajo y tapándose los ojos. Sonrío pícara y me inclino hasta quedar a la altura de su cara y destaparle los ojos.

-Vamos Eliott, ahora tus secretos son los míos, vivimos en la misma casa. Puedes confiar en mí. Te prometo que seré una tumba. Venga.

-Pero…pero… ¡Madre de Dios! Jamás pensé que diría esto. Que me caiga un rayo si miento, pero mi amor por ella es con el de Apolo hacia la música o como el de Romeo a Julieta.- Se levanta y empieza a caminar por el cuarto. Corre hasta estamparse con cualquiera de las paredes.- Yo no sé como pudo pasar Señora, yo no quería… por la barba de neptuno…- Cuando tengo la posibilidad de atraparlo lo agarro por los hombre poniéndolo enfrente mía.

-¡Eliott calma! Respira hondo y deja de correr de un lado a otro. Vamos.- Dejo que lentamente su tórax se llene de oxigeno para que suelte dióxido.- Venga, siéntate y cuéntame qué te pasa. Soy buena escuchando a la gente.

-Verá…yo… yo no quería, pero ese perfume que emite por toda la casa y ese pelo lacio color ceniza y ese delgado y alto cuerpo…. No me pude resistir a caer en su juego.- Deja la mirada reposando hacia abajo.

-¿De qué o quién estás hablando Eliott Kings? Explícate, tal vez te pueda ayudar.

-¡Esa Dríade! Qué mala jugada me está haciendo pasar.- Sus comisuras esbozan un arco en depresión.

-¡Nausi!...Espera, ¿Nausi?- Dejo caer mi mandíbula inferior inerte.

-La misma, ahora bien, no haré nada que altere su alrededor. No influiré en su vida. En suma, ¿Quién querría a este joven Windy como pareja? Tan solo soy... una abominación de la naturaleza.

- ¡Qué bobadas dices! Nausicaa no se ha hecho a la idea aún de que estamos en un lugar diferente y seres como tú se ven en cualquier parte. Dime que no piensas que eres una abominación y entonces no lo serás. Porque de tanto repetirlo en tu mente, al final conseguirás creértelo aunque no sea cierto.- El Windy alza la vista algo cansada y sus orejas dejan de está caídas para volver a su estado normal.

-¿Usted cree, Señora, que tendría alguna posibilidad de formar parte de la vida de Nausicaa?

-Sin duda. Es más, ya lo haces, tan solo que la forma en la que trasciendes no es la que te gustaría. ¿Verdad que si?- Le doy una palmadita en los hombros.- Vamos, ponte tu mejor chaqueta y prepárale un buen desayuno.

El Windy salta de la cama más alegre que de costumbre y estira los brazos hacia mi. Le correspondo el abrazo agachándome.

-Gracias señora Yanet.- Corro hacia la ventana antes de que se marcha el enanito.

-¡Eliott! Espera. No olvides esto.- Le dije entregándole una flor que acababa de coger desde la ventana. Él asiente, la coge y se marcha.

Sonrío complacida y a la vez con miedo. Siendo realista; No es el tipo de Nausi.

                                                                    *    *    *

Movía la bola entre mis dedos. Tenía una luz parecida a la mañana: Rosácea y anaranjada. Me preguntaba cómo la energía se podía quedar acumulada en tan poco espacio.

Me encontraba en un bosque, uno de los muchos que rodean Harmer. Pero sin embargo, este parecía mucho más espeso y frondoso que los demás. El césped estaba húmedo y podía notar las hormigas subiendo por el tronco donde tenía apoyada mi espalda. La delicada y fina seda del vestido se estaba empapando, pero no me importaba. Estaba absorta por aquel extraño brillo.




¿Cómo contarle a alguien de arriba mis hallazgos? Sería casi imposible que no dudase de mi cordura. Lo que sí tengo claro es que debo salir de aquí, y si eso requiere encontrar el libro y dejarlo en su sitio, lo haré.

¿Y si probara mis poderes? Rápidamente me levanté del suelo y me sacudí el trasero. Cerré mis ojos hasta que pensé que se me hundirían hacia dentro de las cavidades. Intenté concentrarme y apreté la bola hasta que los nudillos se me quedaron blancos y me estuve clavando las uñas en la palma de la mano.

Nada.

Se escucharon unos pájaros salir espantados de las cúspides de los árboles y tras eso. De nuevo el silencio.

Entonces me concentré en Hamer y en Lacrias, en su estudio y en sus indagaciones. Me pregunté si en esa cueva habría descubierto ya, dónde se localizaba Rufo. Pensé en las estanterías esculpidas en la piedra de las paredes y en la tenue luz artificial. Pensé en la lánguida barba que ahora tendría que crecer desde el mentón de Lacrias.

Un resplandor me cegó.

Brillaba incluso detrás de mis párpados cerrados. Creía que los dragones no existían, que las dríades eran fruto de la imaginación griega y latina y que los agujeros negro tan sólo existían en el espacio. Pero no es así, aquello que se alzaba ante mí sólo alcanzaba a verlo desde el punto de vista astrónomo. Como si fuera un Black Hole.

Respiré profundamente saboreando cada bocanada de aire que robaba a ese enorme círculo.

Como si de un resorte se tratase salí impulsada hacia delante. Un remolino de colores azules y rosas se abría ante mi, como un agujero negro con miles y miles de estrella que debían de ser la partículas de materia mágica. Alargué la mano sin conocimiento de lo que sucedería. Tras ello escuché un  terrible crujido y un ensordecedor silencio.

                                                               *    *    *

El suelo húmedo se extendía ante mí. Me había caído de bruces como si hubiera practicado el salto del tigre desde una altura considerable. Era piedra maciza y mis manos yacían pegadas a ellas. Alcé la vista y me topé con una tabla de madera en mis narices. Me recompuse y pude notar que aquello no era una simple tabla; ¡Era el escritorio de Lacrias! Y justo detrás de esta una cabeza dormida se posaba contra libros y libros, ejemplares y ejemplares.

Tras de mí escuché un crujido sordo y cuando giré mi cabeza aquello por donde había salido acababa de materializarse y desaparecer. No pude salir de mi asombro. Allí donde ante había un agujero negro con todas sus fauces, ahora yacían de nuevo cimentadas las estanterías repletas de libros.

Noté la creciente satisfacción y cuando apenas había cogido una bocanada de aire, eché a correr por los pasillos hacia el cuarto de Duque. No me importaba que el vestido barriera el suelo, ni que me lo pisara y notara algún desgarro. Pellizqué con las dos manos la parte delantera del traje y seguí corriendo dejando ver mis tacones negros de charol.

Hoy las paredes de Harmer eran celestes, color de la esperanza. Hoy sentía que por fin había hecho lo correcto, sentía que la gente no tendría más que prescindir de mi. Sentí que no me tragaría más un rapapolvo sobre lo que debería o no hacer.

Al menos eso creía.

La puerta del cuarto de Duque estaba cerrada pero no me faltó tiempo para sacar una horquilla y abrirla. Giré y retorcí el pequeño trozo de metal hasta que el picaporte cedió y una amplia cámara se abrió ante mi.

No había nada que no se diferenciara de las demás habitaciones. Sin embargo algo me decía que no acababa aquí. Detrás de las cortinas el sol brillaba. Eran las doce y Duque aún yacía en la cama desperezándose al haber escuchado ruido.

Salté encima de su cama haciendo que su cuerpo pasara por en medio de mis rodillas y sentándome en sus muslos. Le agarré los hombros y los agité.

-¡Duque! Vamos despierta, tendrás que estar consciente cuando te diga esto.- Sus ojos se entreabrieron frunciendo el ceño.

-Deberías aprender a ser más oportuna Yanet...-Dijo frotándose con los puños los ojos.

-No es el caso de preocuparse por las oportunidades, no te imaginas lo que acabo de hacer...

-¡No, eso no! No me digas lo que vas a decir.

-¡Funciona Duque! Acabo de abrir un círculo, ¿No es fantástico?- Duque apoyó sus antebrazos en el colchón y me miró con cara amenazante. Mi alegría se disolvió cuando su mirada me fue helando cada segundo que pasaba.

-¿Te das cuenta de lo que acabas de hacer? Odio esta sensación de dejá vu.- Se toca la frente.- Creo que deberías recapacitar, no estás haciendo más que retrasar el proceso de acumulación.- Me empujó hacia atrás por los hombro cayendo de culo a un lado de la cama matrimonial.

-Yo...

-Tú, tú y sólo tú. Esa materia también era mía, no te di permiso para que gozaras de libertad en lo referido a ella.

-NO necesito el permiso de nadie Duque, y menos tuyo. Siento que esté acostumbrado a que siempre se haga lo que tú dices, pero yo no soy inferior a ti y tengo los mismos derecho que tú a utilizar mi materia.

Se alzó de la cama lleno de ira y de dirigió a mi lado de la cama rodeándola. Me incorporé de pié algo trémula y fui caminando hacia atrás a medida que él se acercaba hacia mi.

No estaba dispuesta ha hacer lo que él dijera siempre, no era propiedad de nadie.

Sonó un ruido al estampar mi espalda contra la pared. Hubiera deseado que no se acabara nunca y que mi distancia de prudencia con Duque hubiera seguido de entre dos o un metro. Ahora tenía a Duque a dos centímetro de mi cara, la cual giré a un lado para impedir su mirada.

-Necesitas unas lecciones de modales señorita,-me apuntaba con el dedo justo cuando el cuello acababa, en la tráquea.- yo estaré dispuesto a impartírtelas, pero no quiero que un miligramo de materia salga de mi esfera, ¿Entendido?- Respiré hondamente.- Y mírame a la cara cuando te hablo.- Llené los pulmones de aire y lo contuve dentro mientras miraba sus fracciones marcadas y la creciente barba que rodeaba sus finos y estructurados labios.- No me tengas miedo Yanet.

-No te tengo miedo Duque, en absoluto.

La proximidad de los dos era nula, él apoyó su cabeza en mi cuello dejando los labios a la altura de la oreja y susurró, parecía que venía desde muy lejos, una voz que jamás había oído a Duque, luego se fue acercando hasta poderla escuchar perfectamente. Podía apreciar cuando abría y cerraba la boca y la saliva crujir como fuegos artificiales en el cielo.

-Tú no lo sabes, pero ahora mismo podría morderte ese precioso cuello y ver cómo te desangras poco a poco. Cómo el miedo se te incrusta en las entrañas. Cómo tu ojos poco a poco se van coloreando de una putrefacta plata. Tú no sabes de lo que sería capaz.

Apreté los ojos fuertemente deseando que todo lo que estaba diciendo no fuera verdad. Pero yo lo sabía, había visto sus fauces, sabía que no eran cosa de su propia ortodoncia. Agarró mis manos y las apretó contra la pared. Quedé en posición de mártir. La sangre de mis venas se atoraba debido a la fuerza de sus dedos y a la capacidad de helarme la circulación.

-No tengo miedo.- Dije con los ojos cerrados.

-Sí, si que lo tienes.

En ese momento supe que todo era un escenario. Todo era una prueba y yo iba desaventajada. Él había ya vivido este momento, sabría lo que sucedería. Esta era la ilusión en la cual yo le decía que su teoría era cierta.

Apreté los ojos. Los nudillos quedaron blancos y la luz del sol poco a poco iba perfilando el cuarto que pude ver con más claridad. Solté todo el aire que había contenido.

-¡No tengo miedo!- En ese momento me di cuenta de que aún tenía la esfera en la mano.

La ventana estalló tras mi grito y de ella una ráfaga que hizo que todo el cuarto fuera un caos. Los papeles volaban, las cortinas estaban arañadas por las piezas de cristales que habían impactado justo a mi lado.

La ráfaga de aire nos rodeaba.

Duque escrutó algo para sí mismo entre sus dientes. Yo me quedé mirándolo. Su flequillo se elevaba hacia arriba, sus ojos parecían arder.

Pero no más que los míos.

En unos segundos todo lo que sobrevolaba nuestras cabezas, calló por la fuerza de la gravedad y Duque se apartó de mí.

-¡Esa es mi chica! Intrépida.- Dijo sonriendo.

-Sabías que esto pasaría, lo habías visto.- Dije haciendo caso omiso a su comentario.

-Así es. Quería comprobarlo por mi mismo, ahora estamos preparados.- Dijo dirigiéndose a la puerta.

-¿Preparados para qué?-Dije respirando fuerte aún.

- Ya lo sabrás. Por cierto.-Dice volteando antes de salir por la puerta.- Te prefiero cien mil veces más en carne y hueso que en Ilusions.

Me quedé pensativa, sentada contra la pared en la que Duque me había estampado. Todo lo que había sucedido en esa habitación era demasiado extraño como para asimilarlo en tan poco tiempo. Me quedé observando los papeles alborotados del cuarto. ¿Para qué estábamos preparado?

Una melena rubia se balanceó por el umbral de la puerta.

-¿Está bien? He oído mucho ruido...Madre de dios...-Dijo al ver la ventana rota.- ¿Qué habéis hecho aquí?

-Jugar al béisbol, no te jode.

-No será lo que estoy pen...

-No, no es lo que estás pensando.- Se cercó y se sentó a mi lado controlando si pisaba algún cristal con sus descalzos pies.- Nausi, ¿Crees que Duque esconde algo?

- ¿Por qué iba a escondernos algo?

-Me temo que yo tampoco tengo una respuesta.-No quedamos calladas varios segundos.

-Por cierto, ¿Sabes que le sucede a Eliott? Hoy vino muy perfumado y con una rosa al lado de la leche con cereales.- Aun que mi estado era débil, no pude evitar reírme.- ¿Qué? No hace gracia. ¿Por qué te ríes?- Sus preguntas no hicieron más que aumentar mis risotadas.-¡No me hace gracia!- Dijo ella riéndose conmigo.

                                                         *    *    *

La pelota rebotó en el techo y cayó de nuevo en mi mano. Intentaba mantener mi mente alejada de todo mí alrededor jugando a un frontón contra el techo. Estaba tumbada en el sofá de uno de los salones de Harmer, la bola de goma en mi mano.

La luz tenebrosa de esta estancia hacia que pareciese de noche. Apenas había una ventana y media y las paredes eran de un morado muy intenso. Había un gran sillón de piel negra a juego con el sofá donde ahora me estaba desperezando. Sostuve un mechón de mi pelo y comencé a enrollarlo en mi dedo índice.

¿Qué significaría aquella inusual Ilusión donde yacía con las rodillas metidas en el barro? Me cuestioné esa pregunta miles de veces, pero parecía que se quisiera escapar de entre mis dedos.

Unos pasos se arrastraban por el pasillo y se pararon en el umbral de la puerta. Llevaba una camiseta blanca y unos tejanos negros. Su pelo estaba mojado y un embriagante olor a suavizante me inundó.

-Creía que te habías muerto.- Dijo el chico de ojos celestes. Fruncí el ceño y él entendió que no sabía de lo que hablaba.- Escuché mucho jaleo en la habitación de Duque, pensé que esa bestia te mataría.

-Muy galán por tu parte no intervenir para salvar mi lamentable trasero.-Dije sentándome en el sofá.

-No suelo meterme en asuntos que no son de mi incumbencia. Aún así, estas sana y salva.

-Sana, salva y en el punto de partida.-Dije con tono cansado.- No tienes ni idea de lo difícil que es dar un paso sin equivocarse. Al final, acabo haciendo lo que me dicen los demás que haga.- Alex se sienta a mi lado.- Tu rol aquí es mucho más fácil.

-Mi rol aquí es nulo. No sé por dónde empezar. En realidad, a veces tengo que hacerle caso a mi instinto.

-¿Qué te dice tu instinto?

-Su instinto dice que deje de estar celoso porque Duque se le haya adelantado en el tema “Yanet”- Suena la voz de la Dríade desde la puerta. Su comentario hace que me sonroje y desvíe la mirada.­  

-Mi instinto se arrepiente de haberse enrollado contigo.- Se puso de pie Alex plantándole cara, a lo que Nausi respondió con cara indiferente.

-Tu instinto necesita unas vacaciones amiguete.- Dijo mostrándole la palma de una mano. Cojo un vaso de agua de la mesita café que hay en frente del sofá y empiezo a beber.

Nausi Se sienta a mi lado cruzando las delgadas y largas piernas y moviendo rítmicamente su pie que cuelga de la pierna cruzada. Su mirada transmite seguridad.

-Quien ríe último ríe mejor, porque creo que mi instinto puede encontrar a Rufo.- Entonces me atraganto con el agua y la escupo pulverizada sobre el chico.

-¿Qué?, ¿Qué has dicho?, ¿Rufo?- Dije con las lágrimas saltada de toser.

-Sí. Rufo.-Dijo cortante mirándose la camiseta empapada.

-¿Puedes llevarnos hacia Rufo?, ¿Dónde se encuentra?
-No se el sitio concreto, pero creo que puedo guiarme. No tengo métodos científicos para probar que sea verdad. No me preguntéis cómo lo hago. Supongo que vendrá de familia.- De encojió de hombros el chico. A pesar de estar empapado de mi saliva se sentó a mi lado.- Hablo en serio. Nunca he tenido una corazonada tan fuerte.

- ¿Por qué no dejas de respirar? Creo que no metabolizas el oxigeno.- Dijo mi amiga desde mi otro lado. La fulminé.- ¿Qué?, ¿No ves que está delirando?

-Yo creo que deberíamos arriesgarnos, el no ya lo tenemos.- Giré mi cabeza hacia Alex.- ¿Qué dices que debemos hacer?

-Seguidme.- El chico se levantó.- Necesitamos referírselo a Lacrias, estoy seguro de que nos dará rienda suelta. Además, debemos sacarlo de ahí dentro o me temo que lo único que quedará de él es su ombligo.- Dijo mientras caminaba delante de mi.

-Yanet, no sabes en lo que nos estás metiendo.- Me agarró el brazo la musa.- ¿Crees que vagar por una ciudad que no conoces a sabiendas que le han puesto precio a nuestra cabeza es correcto?

-Deja de formular preguntas inacabables y de pensar en ello. Nos abstendremos a las consecuencias más tarde.- Me zarpé de su mano algo enfadada.

-Quizás cuando lo hagamos, ya será demasiado tarde.

Sus palabras resonaron en mi cabeza tantas veces que me fue imposible detectar el número. Parecían llegar desde muy lejos, como las que Duque me había soltado hace unas horas. Luego fueron llegando, incautas se esparcieron, por sitios de mi cuerpo que ni yo sabía que existían. Luego el silencio se apoderó de mí y de todo el pasillo.

Alex llegó a la trampilla que se levantaba del suelo mediante un aro metálico a modo de pomo. La abrió y de nuevo la tenue luz tan familiar resplandeció. El viejo Lacrias se sentaba de espaldas a la escalera, en frente de las estanterías. Su espalda desnuda y blanquecina estaba doblada para dejar la cara reposar en uno de los libros. Las vértebras visibles entre su piel delataban las horas que había estado allí. Su barbar rubia tanto como su pelo medía medio metro y le faltaban dos palmos para llegar al suelo.

-¡Vamos viejo barbudo! Tenemos noticias.- Lacrias gimió desconsoladamente.- ¡Vamos!- dijo quitándole el libro en el cual dormía, al hacerlo, Lacrias estampó su cara contra la madera del escritorio. Levantó la vista tocándose el moflete herido.

- Jóvenes, mira que sois inoportunos, ¿Nadie os enseñó a no molestar a un adulto cuando duerme la siesta?

-Parece ser que no.-Le dije.

-Sea como sea, si venís en busca del perro: no lo he encontrado. No sé donde más buscar, ese maldito chucho me está dando quebradero de cabeza.- Se tocó la frente.- En fin, ¿Qué noticias son esas tan importantes?

-¡Nos marchamos!-Dije sonriendo.

-¡¿Quéeee?! A mi nadie me dijo que tuviéramos que irnos.- Espetó Nausi cruzando sus brazos sobre el pecho.

-¿Cómo pensabas buscar el perro? No tiene microchip implantado.- Pongo los ojos en blanco.
- ¿De qué habláis? Veamos, explicaros.-Nos miró Lacrias desde el escritorio.

- No lo podemos explicar, simplemente hay algo dentro de mi que me dice que encontraremos al perro. No creo que a Rufo lo haga falta microchip, soy capaz de encontrarlo.

- Eso no puede ser jovencito.

-Alguien que razona por fin.- Dice Nausi. Le doy un codazo entre las costillas.

-Sé que parece increíble… tal vez si nos dejaras intentarlo…

-¡Ni hablar!, ¿Sabes lo peligroso que es salir ahí afuera? Y sin saber dónde vais. Os quedaréis aquí hasta que Duque acabe con el tratamiento de Yanet.

-Duque dijo que estábamos preparados…

-No importa lo que te dijo a ti, me lo tiene que referir a mí. Chicos el mundo de ahí afuera no es como lo imagináis. No tiene nada que ver con el vuestro.- Dijo señalando las escaleras.

- Déjanos intentarlo… podríamos hablar con Bruna, ella sabe cuales son las fronteras de los reinos y…

-¿Quién es Bruna?- Dije sin querer saber la respuesta.

- No creo que una chica que acabas de conocer sea buena idea.

-No nos queda otra opción.-Lacrias se levantó y buscó un libro. Ojeó las páginas apoyado en lo librería. Alzó una ceja.

-Y dices que sabes como llegar hasta el perro, ¿No es así?

-Ajá.- Asintió.

-Está bien. Pero os acompañará Duque.- Dijo cerrando de golpe el libro.

-¿¿¿¿¿Duque????- Decimos los tres al unísono.

- Sí, y esa chica… Bruna, ya que dices que conoce las fronteras, sabrá por dónde tendréis que ir sin ser vistos. ¡Ah! Os hará falta algo.- Lacrias rozó con sus yemas los libros hasta que se paro en uno. Impulsó la cúspide de éste haciendo que se moviera diagonalmente. Las estanterías se deslizaron lateralmente y una impactante luz nos cegó.

-Madre de…- Escuché a Alex.

Delante de nuestras narices había cuatro uniformes de color azul marino, dos más pequeños que los otros dos, que estaban formados por unos pantalones estrechos de lo que parecía ser nylon brillante y unas camisetas el doble de ajustadas que los pantalones de mangas largas. En el lado izquierdo de todo los uniformes, coincidiendo con el corazón había una O griega, símbolo de la Orden.

Rodeando los uniformes miles de espadas, catanas y armas colgaban de una reluciente pared blanca.

-Es vuestra elección. La suerte está echada.

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Artikel Capítulo 19: La decisión de los elegidos. ini dipublish oleh Carla pada hari jueves, 7 de junio de 2012. Semoga artikel ini dapat bermanfaat.Terimakasih atas kunjungan Anda silahkan tinggalkan komentar.sudah ada 0 komentar: di postingan Capítulo 19: La decisión de los elegidos.
 
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