Capítulo 20: Acechados. Primera parte.


Capítulo 20: Acechados.
“Las ideologías nos separan, los sueños y la angustia nos unen”.
Eugène Ionesco
















Enfundados en nuestros nuevos uniformes y cargados de cachivaches que no logré entender, no sé si por la falta de atención a Lacrias mientras sostenía una especia de ovni del que rápidamente salían unos ganchos como arpones o por lo extremadamente ajustado que me quedaba esa segunda piel que evitaba que la circulación fluyera con normalidad y que el aire me llegara a los pulmones. Parece ser que se esperaban a una Ilusioner mucho más delgada. Contemplé a Nausi. Su cuerpo se ajustaba a la perfección bajo ese uniforme. Sus casi inexistentes caderas dejaban ver bajo la tela unos picudos huesos y unas delgadas piernas. Aparté mi vista de la dríade y la fijé en el chico de mi lado. Los pantalones del uniforme masculino no eran ajustado como los del femenino. Deseé ser un tío por primera vez e mi vida.

Sus piernas caminaban deprisa y ágiles. Cargaba una mochila que llevaba colgada de un hombro y vigilaba a ambos lados. A Alex se le metió entre ceja y ceja que Duque no vendría y decidió que saliésemos en busca de Bruna por nuestra cuenta. Sin avisar a Duque. Eran casi las once de la noche cuando salimos a hurtadillas de Harmer sin que Duque se percatase. Sabíamos que era cuestión de tiempo que Lacrias se dirigiera a Duque y le dijera que habíamos partido. Como también sabíamos que era cuestión de tiempo que Duque no encontrara y su enfado sería proporcional a las horas de búsqueda que emplearía en encontrarnos.

-¡Tsh! He escuchado algo.-Dijo Alex parándose en seco delante de nosotras.

Estábamos en la penumbra del bosque que rodeaba la ciudad y desde allí podíamos ver las luces y las personas que quedaban por la calle. Alex sintió un repentino movimiento a sus espaldas y volteó hacia mi.

-Eh, sólo soy yo, tranquilo.-Alce las manos para que alcanzara a verme en la oscuridad.

-La casa debería estar por ahí.-Señaló hacia una de las muchas casitas que se elevaban tras los arbustos donde estábamos escondidos. Alex miró de nuevo el mapa. Se rascó la frente confundido.

-Alex, Cielo, está al revés.-Dijo Nausi arrebatándole el mapa de las mano.- ¡Da acá!

Contempló el papel y lo giró otras tantas veces. ¿Qué capacidad de complicación podría tener un mapa? Le cogí el mapa de las manos.

Miré extrañada. ¿Y el norte? Despedí mi mirada hacia el cielo estrellado buscando la estrella polar. Intento fallido. Posé mis ojos en el mapa de nuevo hasta que los tres escuchamos una voz proveniente de una casa.

-Sí, por supuesto. De hecho acababa de escaparme.- Nos agachamos entre los matorrales al mismo tiempo. Una figura esbelta caminaba con una mano en la oreja y otra balanceando un cigarrillo. Sus botas negras de plataforma hacían que su cuerpo pareciera un rascacielos. Aún más y más alto, hacia las nubes.- Esa señora no está en su sano juicio.- Declaró.- ¿Cuánto dices que tardarán?-Se quedó mirando el suelo y tiró la colilla.- perfecto.

Miró el móvil y colgó. La luz que emitía le iluminó la cara. Pude verla, pude ver sus largas pestañas. Sus rojos ojos. Parecían sangre ardiendo.

-Es ella.-Se pude de pie y me precipité a echarlo de nuevo hacia abajo.

- ¿Quieres que piense que hemos estado observándola, espiándola?- Le escupí con un susurro que debería ser un grito si no fuera por la situación.- Piensa antes de reaccionar, ¿Recuerdas?- Guiñé un ojo.

El chico se sopló el flequillo. Hasta en la penumbra sus ojos brillaban infinitos, como un pozo sin fin. Pensé que ese brillo no cesaría ni en la oscuridad más absoluta.

Así, en cuclillas, el uniforme me estaba más estrecho aún y amenazaba con romperse justo en el trasero, ¡Malditas caderas! Esperamos que Bruna se fumara otro cigarro dando vueltas frente a la casa que debía ser suya. Si eso fuera cierto, tendría a disposición lo que debía ser un apartamento de Arriba, aquí, Abajo. Tan sólo cuando la chica hubo entrado y tras haber pasado unos minutos de esto, salimos de nuestro escondite. Nausicaa se retiró las hojas secas llenas de barro de su uniforme con expresión de repugnancia. Alzó su larga melena que acarició con sus manos dándole forma de cola de caballo y a la que luego rodeó con una cinta. Alex saltó los arbustos con agilidad. Yo sin embargo tuve que hacer una serie de piruetas para estirar mis piernas. Al contrario que Nausi que saltó sin problema alguno.

La penumbra desapareció cuando el farolillo que iluminaba la entrada a la casa nos rodeó. Alex se pensó dos veces lo de llamar a la puerta. Una puerta de madera, muy gruesa. Nos miró a las dos. <<Tock- tock>>

La ventana de la casa se iluminó, se escuchó un golpe y miles de pasos bajar por las escaleras. Me estremecí y al fin la puerta se abrió. Una chica menudilla de cabellos negros y ojos verdosos apareció divertida.

-¿Bruna?-Preguntó Alex. La sonrisa de la chica se desvaneció y puso los ojos en blanco.

-Oh, sí, claro. ¡Bruna! Es para ti.-Dijo volviéndose hacia la escalera.- Para variar.- Se encaminó descalza pasillo adentro.

Unos tacones repiquetearon arriba y tranquilamente, pausados bajaron las escaleras una a una. Balanceó sus dedos por la barandilla de las escaleras y tras eso, desde el fondo del pasillo caminó algo más rápido. Su mirada se posó primero en Alex. Sonreía maliciosa. Luego sus labios se tensaron al verme a mí por detrás.

-¡Alex! Perdón por marcharme el otro día tan corriendo. Tuve un improvisto.- Alzó una ceja apoyada en el marco de la puerta.- hablando de improvistos,- Me recorrió con la mirada.- ¿quién es esta?

-Soy Yanet, una Ilusioner.-Le tendí la mano sonriendo. Ella la rechazó.

-Vaya, vaya…- Dejó incompleta la frase. Pude atisbar cierta incertidumbre en su mirada opaca.

En la periferia no había nadie, tan solo la oscuridad y algunas casas con la luz apagada.

-¡Bruna! Esta noche que sea en la habitación de los ligues por favor.-Gritó alguien desde dentro. Molesta la joven dio un paso y cerró la puerta a sus espaldas. Chasqueó la lengua contra el paladar.

-Es una residencia para estudiante.-Se encogió de hombros.- Y bien- Se tocó la melena caoba.- ¿A qué debo esta visita?

-Te necesitamos.-Dijo Nausicaa.

-¿Y esta otra?, ¿De dónde sale?- Dijo inclinándose para ver por detrás mía a Nausi.

-No es esa la cuestión.- Alex la posicionó de nuevo firme frente a él.- Necesitamos tu ayuda. Queremos encontrar…una cosa… y para ello necesitamos antes a un…

-A un dragón.-Terminé.- Pero no uno cualquiera. Necesitamos a Rufo.- Nos miró extrañada y a la vez como si supiera de lo que hablamos.

-No tengo ningún poder para encontrar dragones, en eso no os puedo echar un cabo. Lo siento chicos.- Hizo andén de marcharse de nuevo dentro. Alex la agarró del hombro y ella sonrió.

-Yo si tengo ese poder. Sólo necesitamos tu ayuda para escapar de aquí sin ser vistos. Como mapa. No podemos arriesgarnos a perdernos en paraje desconocido. Sería peor que malo.

-Sabemos que tal vez sea peligroso. No te obligamos.- La chica se sopló el flequillo.

-Dadme un minuto.- Acompañó sus palabra con un dedo refiriéndose al minuto. Subió a toda prisa por las escaleras.

-No me puedo creer que haya aceptado.-Dijo Nausicaa.- Esto es de locos.

Tras unos minutos que esperamos en el umbral de la casa, la chica apareció vestida con unos vaqueros, unos botines parecidos a los New Balance y una camiseta de mangas cortas ajustada con escote de vértigo color Burdeos. El pelo totalmente liso le caía hasta el trasero y se balanceaba por sus caderas.

-Decidme.- Todas miramos a Alex esperando una respuesta. Luego dio una vuelta sobre su eje y paró justo dándome la espalda.

-Por allí.- Dijo señalando hacia la nada llena de oscuridad donde la única luz que había era la de la luna. Una luna llena, grande que escindía sobre nosotros. Pensé que estaba bromeando. Pero la primera en encaminarse fue Bruna y confiamos en que supiera por dónde nos estábamos metiendo.

Avanzamos sigilosos hacia el camino de la luna. Era un camino arenoso colina arriba. Alex sacó una linterna de la mochila. Lo seguimos. Nausi y yo la últimas y bruna al lado del chico.

-¿No has notado algo raro en ella, algo misterioso?

-Sí, que se ha puesto una camiseta Burdeos con una sudadera azul.- Dijo mi amiga echandose las manos a la cabeza.

-No me refería a eso…Pero en fin.-Seguí caminando.

Si teníamos que aguantarla sería por una buena causa. Si es que hay alguna causa buena. Después de inundarme en el caos más maligno que conozco, ya soy incapaz de buscarle un lado bueno a todo esto. Sin embargo aún quedaba mucho camino y apenas la conocía. Si las cosas seguían así y ella hermética, no sentiría su presencia. Llegué a la conclusión de que sería lo mejor aunque eso implicara que se llevara al único chico de la manada. Ahora en vez de pelear los machos por las hembras sería al revés. Tendríamos que llegar hasta Rufo y tras ello seguirle a él para llegar hasta el maldito libro. Eso sin contar las infinidades de sueños subconscientes que padecería por el camino ya que la esfera no acumularía más mi materia. La había dejado en la mochila de Alex.

-Su mirada me mata. Parece como si le bastara fijar sus ojos en mi para sentir como me lapidan, me trocean, me vuelven a pegar y me crucifican. Es un asco.- Nausi se sopla el flequillo entre aliento y aliento. Íbamos colina arriba. 

El camino estaba flanqueado de árboles. Allí, hacia la oscuridad nada se podía distinguir. Tan sólo el camino iluminado por la luna. A los lejos Alex sonreía, parecía distraído y eso me incomodaba. Cuando llegamos a la cima del monte el chico se detuvo. ¿Habríamos llegado ya al sitio donde se encontraba Rufo? Lo dudaba. Nos hizo una señal con la linterna para que no lo perdiésemos de vista -¡Y qué vistas!- .

-¿Qué hacemos aquí parados? No hay tiempo que perder.- Le escupo a Alex.

-Acamparemos aquí.-Dijo Bruna dejando caer la mochila en el suelo. Casi me traga la tierra cuando descubro que la idea era de Bruna.- Saldremos antes del amanecer para no encontrarnos con cazadores. Esos locos se pasan la vida tirando tiros por doquier.

-Ac... ¿Acampar?, ¿aquí?-Abrió la boca Nausi.

-Sí bonita, sí.

-Pe-Pe-Pe-¡Pero tu estás loca! Ni de broma me quedo yo aquí, en medio del bosque, con todos los bichos y cositas que tiene que haber por aquí.- Insistió.

-Nausi deja de quejarte y coge esto.- Alex le tiró una manta que le estampó en la cara. Sonreí.

-Apenas hemos andado tres kilómetros. Si seguimos así no tendremos tiempo de encontrar a Rufo y tampoco de buscar al libro.- Digo.

-Yanet,-Alex me toca el hombro.- Descansa, tú lo necesitas más que nadie.- Me emocioné tanto que pensé que se me saldrían las lágrimas. Luego me estampó una manta contra el vientre y caminó hacia la nueva reina de las abejas.

Suspiré con retro gusto de rabia mirando como se alejaba hacia el otro lado de la pequeña explanada. Estiré la manta en el suelo y me dejé caer. Apoyé la nuca en las palmas de mis manos, mirando hacia el cielo sin contaminación lumínica. Tenía que haber sido un fallo todo aquello. Yo no estoy preparada para ello. Además, odiaba el campo, odiaba que todos se pusieran en corro tocando la guitarra con el fuego entre ellos, odiaba la nubes tostadas, odiaba las tiendas de campaña. Pero sin duda, una de ellas ahora no iría del todo mal. Las cosas estaba cambiando de mal en peor.

Una mano eclipsó las estrellas. La aparté de un manotazo y giré la cara para ver quien era.

-¿No has escuchado un ruido?- La dríade parecía asustada, allí tirada en un trozo de mi manta, con cara de pavor.

-No, no he escuchado nada Nausi.

-Que sí, que sí.- Agudicé el oído.- ¿Ves?, ¿Lo has escuchado?

-No...-Dije aterrada.

-Se escuchan como palabras, como sonidos. Se escuchan charlas.- la dríade alzó el tronco para mirar hacia la nada del bosque.- No estamos solos.- Quise chillar, pero sabía que era peor. Me limité a hacerme un ovillo.- Se está acercando...¿Y sabes que es lo peor?

-¿Qué...Qué es lo peor?- Logré mascar entre dientes.

-¡Que me estoy quedando contigo!- Abrí los ojos, <<Típico de Nausi>>. Le propiné un codazo en las costillas. Me alcé y me tiré en ella rodando por la manta.

-Eres tonta, sabes como soy para estas cosas y no tienes otra idea que contarme tu historia de miedo jornal.- Dejamos de rodar cuando algo me clavó un sonido en el oído. La entrañas se me revolvieron. Me alcé sacudiéndome el uniforme.- Espera. Quieta.- Estaba escuchando realmente algo. Nausi me siguió por atrás.- ¿No lo oyes?

- No cuela Yanet, no sabes hacer una broma. No me devolverás mi propia moneda.

-Estoy totalmente segura de que hay alguien por ahí.- Seguí avanzando descalza sobre ese claro de tierra en medio del espeso bosque.

Me acerqué saboreando cama bocanada de aire fresco hacia el bosque que nos rodeaba. Seguía escuchando voces, eran voces masculinas, tal vez la misma voz o tal vez la de dos personas distintas. ¿Estarían espiándonos?, ¿A qué clase de seres nos enfrentábamos? Nausi me miraba desde mis espaldas. Le lancé una mirada y puso los ojos en blanco. Aparté una rama seguida de otras cuantas y sin darme cuenta, estaba en medio de un bosque infinito. La tierra estaba húmeda y la noche aquí era aún más cerrada. Me rodeé el estómago con las manos. Algo me agarró del pié. Caí de bruces hiriéndome las palmas de las manos y ensuciando mi uniforme. Pero no acababa aquí. Lo mismo que me agarró el tobillo, me estaba arrastrando por el suelo, pegando botes a cada piedra que encontraba en el camino. Eso siguió arrastrándome, arañé el suelo, grité y de repente las voces cesaron. Luego se hicieron más fuertes y vinieron hacia mí. Pensé que me estaban arrastrando al infierno, que estaba jugando conmigo como hacen las orcas con las indefensas focas antes de zampárselas. Deseé tener la esfera entre las manos y poder abrir un círculo hacia la gruta de Lacrias. Las voces se convirtieron en pasos rápidos, alguien se acercaba a mí. Hinqué las uñas en el suelo, pataleé y de repente. Todo se frenó. Me dejaban, habían cedido. Me encontraba boca abajo con mi mejilla apoyada en la tierra y el modelito a tiras. Giré la cabeza hacia mi tobillo. En él una larga y gruesa raíz de árbol se enrollaba. Ahora, como quemada o chamuscada, dejaba salir mi pie de entre sus garras.

-¿Te crees muy temeraria por tomar decisiones? Menuda idea.- unas botas militares negras se clavaban en el sustrato fangoso. Duque.- No entiendes que si te reconoce alguien aliado del Íncubus Máximus estamos fritos. Anda, vamos a casa, ya está bien de niñerías.

-Duque…yo…- Dije de rodillas en el suelo.- Yo no me iré.- Dije desde sus espaldas, se había dado la vuelta para marcharse.- Necesitamos ese libro, tenemos que ayudar a toda esta gente y a mi. No quiero quedarme toda mi vida recluida en este mundo como tú. Yo no soy como tú.

-Sí que lo eres Yanet, eres otra Ilusioner, lo sabes tan bien como yo. Como también sabes que un paso en falso y podemos darlo todo por acabado. Irás al infierno. O peor aún, irás a la Fórcida.- Retrocedí en el suelo como un cangrejo.

-Eres un egoista. ¡¿Y qué hay de todas estas personas?!, ¡¿Qué hicieron ellas para merecerse esto?!

-No estoy diciendo que no podamos salvarlas. Pero no es el momento ni la situación. Mírate, eres vulnerable. –Respiré  hondo.

Descargué mi rabia contra el suelo. Apreté los puños, cerré los ojos. Duque se giró de nuevo para seguir andando. La cabeza me hervía. ¿Por qué tenía que ser siempre lo que él dijera? Me levanté expulsando de mi aliento un grito sordo. Agarré la espada que llevaba en la cintura al joven y se la puse en el cuello. Quedé de puntillas detrás de él, con la espada formando una línea secante respecto a su cuello. Apreté en su cuello.

-Sin mi estás perdido. Créeme cuando te digo que no te tengo miedo. Sabes que sin mi materia no somos nada. No somos un par.- Le dije al oído. Lo más normal es que se hubiera liberado de un zarpazo y me hubiera apuntado en la barbilla con su espada. Pero se quedó inmóvil. Rígido. Parecía que por fin algunas de mis palabras trascendían en él.- Creo que debes hacerme caso.

-¿A qué juegas Yanet?- Aparté su espada del cuello.

-Quiero irme Duque. Jamás me quedaré recluido como tú. –Retrocedí unos pasos.

-No sabes donde te estás metiendo.- Me miró con un aura en los ojos. Como si supiera algo que yo no sé. – Si todo se va al garete será por tu culpa.

-Mea culpa.- levanté la espada.

-Larguémonos.

Caminábamos por el bosque. Yo seguía a Duque que parecía saber a donde íbamos. Recapacité sobre lo que había sucedido hace unos instantes. ¿Cómo fui capaz tan si quiera de levantar una espada? Volví a retorcerme el labio inferior con las paletas. Hace un mes lo habría dado por imposible. La penumbra de la noche ahora era más notable. La luna menguaba y poco a poco no privaba de la única luz que nos quedaba.

A partamos una rama y en seguida reconocí dónde estábamos. Al fin habíamos llegado con los demás. Me soplé el flequillo lleno de fango. Una figura yacía en el suelo envuelta en una manta y tiritando exageradamente. Los mechones ceniza salían por los pliegues de la tela.

Al fondo, Alex había pasado de estar tumbado a estar sentado en una milésima de segundo. Ahora me apuntaba con una cucharilla de metal inoxidable. No pude evitar caerme de la risa.

-Duque ha vuelto chicos.
 
Reacciones: 

Capítulo 19: La decisión de los elegidos.




 Capítulo 19: La decisión de los elegidos.

Inténtalo, vuelve a fallar, falla mejor”
Samuel Beckett








Las luces de la mañana entraban por la ventana coloreando de tonos pálidos la estancia. Es curioso como la misma luz resplandeciente dibuja sombras en el suelo al toparse con un objeto opaco. Lo mismo que está pasando con mi figura que refleja su sombra en la pared de enfrente.

Seguía hermética, pensando en todo aquello que había ocurrido en las últimas semanas. Ahora tenía un dragón, una especie de ninfa y el contrario de un vampiro. Bueno, sin hablar de mi enfermedad… Visiones…Quién lo hubiese dicho.

La puerta de mi habitación se entreabrió emitiendo tanta luz que mi sombra desapareció. Eliott apareció trotando con su sonrisa mellada. No traía el desayuno como de costumbre, pero a cambio me traía su compañía, y eso, lo apreciaba más que cualquier vaso con leche. Le sonreí ampliamente sin ocultar mi cara de recién levantada. Había sido como nuestro mayordomo y jamás se quejaba de lo que le imponíamos. Incluso le ponía buena cara a Nausicaa después de haberlo definido como “Abominación de la naturaleza”

En ningún momento la paz que se palpaba era perturbada en su presencia.

-¡Eliott! Buenos días.-Lo estreché entre mis brazos creyendo que sus ojo se saldrían de sus orbitas al ejercer tanta fuerza sobre su cuerpecillo.- ¿Qué te trae hoy por aquí?- Lo cogí como un bebé por las asilas y di una vuelta sobre mi eje. Lo apoyé en mi cama y me senté junto a él, riendo por su cara descompuesta del mareo.- Siento mi euforia…

-No tiene por qué disculparse señora.-Dijo con su voz llena de cambios de frecuencia.- Verá…-Dice colocándose su gorro que se le había desplazado hacia un lado.- ¿Se acuerda cuando llegamos a Harmer?

-¿Cómo me iba a olvidar? Aún no me lo creo.-Suspiro.

-y, Se acuerda que me habló sobre algo… ¿Cómo era?, ¿FCI, FTI…?

-¡El FBI!

-Sí eso mismo señora. Pues verá, creo recordar que le pregunté sobre aquel termino, pero me contestó que me lo definiría con detalles cuando le contara más sobre vuestro viaje y… Ya sabe, todo esto…- Hizo alusión.

-Oh…Tienes razón.-Dije tapándome la boca.- lo siento mucho Eliott… es que no sabes lo difícil que es acostumbrarse a todo esto… y mis Ilusions y mis dudas y…

-¡No importa señora Yanet! Soy paciente, pero me gustaría saber más.- Alza el dedo índice hacia el techo.- Más sobre allí, sobre Arriba.- Me mira con ojos enormes y suplicantes.

-Por supuesto amigo. Ante todo allí Arriba nadie me llama “Señora”, no es porque no sea rica, que también, sino porque no estoy casada.  Soy muy joven aún.

-¿Casada?, ¿Cómo los calcetines?-Dice con cara interrogante.

-¿No sabes lo que es casarse?, ¿Contraer matrimonio?- Me quedé atónita mientras el negaba con la cabeza.- Contraer matrimonio es enlazarse con alguien, cuando dos personas se aman, a veces, tienen la necesidad de casarse y formar una familia. De ser cónyuges.

-Entonces, es como el vínculum, ¿No es así?

-Si así es como lo llaman aquí supongo que sí. ¿Nunca has estado casado ni te ha gustado nadie?

-No…Bueno, sí, o no del todo… No lo sé.- Observo con se sulfura y al final acaba tirándose del gorro hacia abajo y tapándose los ojos. Sonrío pícara y me inclino hasta quedar a la altura de su cara y destaparle los ojos.

-Vamos Eliott, ahora tus secretos son los míos, vivimos en la misma casa. Puedes confiar en mí. Te prometo que seré una tumba. Venga.

-Pero…pero… ¡Madre de Dios! Jamás pensé que diría esto. Que me caiga un rayo si miento, pero mi amor por ella es con el de Apolo hacia la música o como el de Romeo a Julieta.- Se levanta y empieza a caminar por el cuarto. Corre hasta estamparse con cualquiera de las paredes.- Yo no sé como pudo pasar Señora, yo no quería… por la barba de neptuno…- Cuando tengo la posibilidad de atraparlo lo agarro por los hombre poniéndolo enfrente mía.

-¡Eliott calma! Respira hondo y deja de correr de un lado a otro. Vamos.- Dejo que lentamente su tórax se llene de oxigeno para que suelte dióxido.- Venga, siéntate y cuéntame qué te pasa. Soy buena escuchando a la gente.

-Verá…yo… yo no quería, pero ese perfume que emite por toda la casa y ese pelo lacio color ceniza y ese delgado y alto cuerpo…. No me pude resistir a caer en su juego.- Deja la mirada reposando hacia abajo.

-¿De qué o quién estás hablando Eliott Kings? Explícate, tal vez te pueda ayudar.

-¡Esa Dríade! Qué mala jugada me está haciendo pasar.- Sus comisuras esbozan un arco en depresión.

-¡Nausi!...Espera, ¿Nausi?- Dejo caer mi mandíbula inferior inerte.

-La misma, ahora bien, no haré nada que altere su alrededor. No influiré en su vida. En suma, ¿Quién querría a este joven Windy como pareja? Tan solo soy... una abominación de la naturaleza.

- ¡Qué bobadas dices! Nausicaa no se ha hecho a la idea aún de que estamos en un lugar diferente y seres como tú se ven en cualquier parte. Dime que no piensas que eres una abominación y entonces no lo serás. Porque de tanto repetirlo en tu mente, al final conseguirás creértelo aunque no sea cierto.- El Windy alza la vista algo cansada y sus orejas dejan de está caídas para volver a su estado normal.

-¿Usted cree, Señora, que tendría alguna posibilidad de formar parte de la vida de Nausicaa?

-Sin duda. Es más, ya lo haces, tan solo que la forma en la que trasciendes no es la que te gustaría. ¿Verdad que si?- Le doy una palmadita en los hombros.- Vamos, ponte tu mejor chaqueta y prepárale un buen desayuno.

El Windy salta de la cama más alegre que de costumbre y estira los brazos hacia mi. Le correspondo el abrazo agachándome.

-Gracias señora Yanet.- Corro hacia la ventana antes de que se marcha el enanito.

-¡Eliott! Espera. No olvides esto.- Le dije entregándole una flor que acababa de coger desde la ventana. Él asiente, la coge y se marcha.

Sonrío complacida y a la vez con miedo. Siendo realista; No es el tipo de Nausi.

                                                                    *    *    *

Movía la bola entre mis dedos. Tenía una luz parecida a la mañana: Rosácea y anaranjada. Me preguntaba cómo la energía se podía quedar acumulada en tan poco espacio.

Me encontraba en un bosque, uno de los muchos que rodean Harmer. Pero sin embargo, este parecía mucho más espeso y frondoso que los demás. El césped estaba húmedo y podía notar las hormigas subiendo por el tronco donde tenía apoyada mi espalda. La delicada y fina seda del vestido se estaba empapando, pero no me importaba. Estaba absorta por aquel extraño brillo.




¿Cómo contarle a alguien de arriba mis hallazgos? Sería casi imposible que no dudase de mi cordura. Lo que sí tengo claro es que debo salir de aquí, y si eso requiere encontrar el libro y dejarlo en su sitio, lo haré.

¿Y si probara mis poderes? Rápidamente me levanté del suelo y me sacudí el trasero. Cerré mis ojos hasta que pensé que se me hundirían hacia dentro de las cavidades. Intenté concentrarme y apreté la bola hasta que los nudillos se me quedaron blancos y me estuve clavando las uñas en la palma de la mano.

Nada.

Se escucharon unos pájaros salir espantados de las cúspides de los árboles y tras eso. De nuevo el silencio.

Entonces me concentré en Hamer y en Lacrias, en su estudio y en sus indagaciones. Me pregunté si en esa cueva habría descubierto ya, dónde se localizaba Rufo. Pensé en las estanterías esculpidas en la piedra de las paredes y en la tenue luz artificial. Pensé en la lánguida barba que ahora tendría que crecer desde el mentón de Lacrias.

Un resplandor me cegó.

Brillaba incluso detrás de mis párpados cerrados. Creía que los dragones no existían, que las dríades eran fruto de la imaginación griega y latina y que los agujeros negro tan sólo existían en el espacio. Pero no es así, aquello que se alzaba ante mí sólo alcanzaba a verlo desde el punto de vista astrónomo. Como si fuera un Black Hole.

Respiré profundamente saboreando cada bocanada de aire que robaba a ese enorme círculo.

Como si de un resorte se tratase salí impulsada hacia delante. Un remolino de colores azules y rosas se abría ante mi, como un agujero negro con miles y miles de estrella que debían de ser la partículas de materia mágica. Alargué la mano sin conocimiento de lo que sucedería. Tras ello escuché un  terrible crujido y un ensordecedor silencio.

                                                               *    *    *

El suelo húmedo se extendía ante mí. Me había caído de bruces como si hubiera practicado el salto del tigre desde una altura considerable. Era piedra maciza y mis manos yacían pegadas a ellas. Alcé la vista y me topé con una tabla de madera en mis narices. Me recompuse y pude notar que aquello no era una simple tabla; ¡Era el escritorio de Lacrias! Y justo detrás de esta una cabeza dormida se posaba contra libros y libros, ejemplares y ejemplares.

Tras de mí escuché un crujido sordo y cuando giré mi cabeza aquello por donde había salido acababa de materializarse y desaparecer. No pude salir de mi asombro. Allí donde ante había un agujero negro con todas sus fauces, ahora yacían de nuevo cimentadas las estanterías repletas de libros.

Noté la creciente satisfacción y cuando apenas había cogido una bocanada de aire, eché a correr por los pasillos hacia el cuarto de Duque. No me importaba que el vestido barriera el suelo, ni que me lo pisara y notara algún desgarro. Pellizqué con las dos manos la parte delantera del traje y seguí corriendo dejando ver mis tacones negros de charol.

Hoy las paredes de Harmer eran celestes, color de la esperanza. Hoy sentía que por fin había hecho lo correcto, sentía que la gente no tendría más que prescindir de mi. Sentí que no me tragaría más un rapapolvo sobre lo que debería o no hacer.

Al menos eso creía.

La puerta del cuarto de Duque estaba cerrada pero no me faltó tiempo para sacar una horquilla y abrirla. Giré y retorcí el pequeño trozo de metal hasta que el picaporte cedió y una amplia cámara se abrió ante mi.

No había nada que no se diferenciara de las demás habitaciones. Sin embargo algo me decía que no acababa aquí. Detrás de las cortinas el sol brillaba. Eran las doce y Duque aún yacía en la cama desperezándose al haber escuchado ruido.

Salté encima de su cama haciendo que su cuerpo pasara por en medio de mis rodillas y sentándome en sus muslos. Le agarré los hombros y los agité.

-¡Duque! Vamos despierta, tendrás que estar consciente cuando te diga esto.- Sus ojos se entreabrieron frunciendo el ceño.

-Deberías aprender a ser más oportuna Yanet...-Dijo frotándose con los puños los ojos.

-No es el caso de preocuparse por las oportunidades, no te imaginas lo que acabo de hacer...

-¡No, eso no! No me digas lo que vas a decir.

-¡Funciona Duque! Acabo de abrir un círculo, ¿No es fantástico?- Duque apoyó sus antebrazos en el colchón y me miró con cara amenazante. Mi alegría se disolvió cuando su mirada me fue helando cada segundo que pasaba.

-¿Te das cuenta de lo que acabas de hacer? Odio esta sensación de dejá vu.- Se toca la frente.- Creo que deberías recapacitar, no estás haciendo más que retrasar el proceso de acumulación.- Me empujó hacia atrás por los hombro cayendo de culo a un lado de la cama matrimonial.

-Yo...

-Tú, tú y sólo tú. Esa materia también era mía, no te di permiso para que gozaras de libertad en lo referido a ella.

-NO necesito el permiso de nadie Duque, y menos tuyo. Siento que esté acostumbrado a que siempre se haga lo que tú dices, pero yo no soy inferior a ti y tengo los mismos derecho que tú a utilizar mi materia.

Se alzó de la cama lleno de ira y de dirigió a mi lado de la cama rodeándola. Me incorporé de pié algo trémula y fui caminando hacia atrás a medida que él se acercaba hacia mi.

No estaba dispuesta ha hacer lo que él dijera siempre, no era propiedad de nadie.

Sonó un ruido al estampar mi espalda contra la pared. Hubiera deseado que no se acabara nunca y que mi distancia de prudencia con Duque hubiera seguido de entre dos o un metro. Ahora tenía a Duque a dos centímetro de mi cara, la cual giré a un lado para impedir su mirada.

-Necesitas unas lecciones de modales señorita,-me apuntaba con el dedo justo cuando el cuello acababa, en la tráquea.- yo estaré dispuesto a impartírtelas, pero no quiero que un miligramo de materia salga de mi esfera, ¿Entendido?- Respiré hondamente.- Y mírame a la cara cuando te hablo.- Llené los pulmones de aire y lo contuve dentro mientras miraba sus fracciones marcadas y la creciente barba que rodeaba sus finos y estructurados labios.- No me tengas miedo Yanet.

-No te tengo miedo Duque, en absoluto.

La proximidad de los dos era nula, él apoyó su cabeza en mi cuello dejando los labios a la altura de la oreja y susurró, parecía que venía desde muy lejos, una voz que jamás había oído a Duque, luego se fue acercando hasta poderla escuchar perfectamente. Podía apreciar cuando abría y cerraba la boca y la saliva crujir como fuegos artificiales en el cielo.

-Tú no lo sabes, pero ahora mismo podría morderte ese precioso cuello y ver cómo te desangras poco a poco. Cómo el miedo se te incrusta en las entrañas. Cómo tu ojos poco a poco se van coloreando de una putrefacta plata. Tú no sabes de lo que sería capaz.

Apreté los ojos fuertemente deseando que todo lo que estaba diciendo no fuera verdad. Pero yo lo sabía, había visto sus fauces, sabía que no eran cosa de su propia ortodoncia. Agarró mis manos y las apretó contra la pared. Quedé en posición de mártir. La sangre de mis venas se atoraba debido a la fuerza de sus dedos y a la capacidad de helarme la circulación.

-No tengo miedo.- Dije con los ojos cerrados.

-Sí, si que lo tienes.

En ese momento supe que todo era un escenario. Todo era una prueba y yo iba desaventajada. Él había ya vivido este momento, sabría lo que sucedería. Esta era la ilusión en la cual yo le decía que su teoría era cierta.

Apreté los ojos. Los nudillos quedaron blancos y la luz del sol poco a poco iba perfilando el cuarto que pude ver con más claridad. Solté todo el aire que había contenido.

-¡No tengo miedo!- En ese momento me di cuenta de que aún tenía la esfera en la mano.

La ventana estalló tras mi grito y de ella una ráfaga que hizo que todo el cuarto fuera un caos. Los papeles volaban, las cortinas estaban arañadas por las piezas de cristales que habían impactado justo a mi lado.

La ráfaga de aire nos rodeaba.

Duque escrutó algo para sí mismo entre sus dientes. Yo me quedé mirándolo. Su flequillo se elevaba hacia arriba, sus ojos parecían arder.

Pero no más que los míos.

En unos segundos todo lo que sobrevolaba nuestras cabezas, calló por la fuerza de la gravedad y Duque se apartó de mí.

-¡Esa es mi chica! Intrépida.- Dijo sonriendo.

-Sabías que esto pasaría, lo habías visto.- Dije haciendo caso omiso a su comentario.

-Así es. Quería comprobarlo por mi mismo, ahora estamos preparados.- Dijo dirigiéndose a la puerta.

-¿Preparados para qué?-Dije respirando fuerte aún.

- Ya lo sabrás. Por cierto.-Dice volteando antes de salir por la puerta.- Te prefiero cien mil veces más en carne y hueso que en Ilusions.

Me quedé pensativa, sentada contra la pared en la que Duque me había estampado. Todo lo que había sucedido en esa habitación era demasiado extraño como para asimilarlo en tan poco tiempo. Me quedé observando los papeles alborotados del cuarto. ¿Para qué estábamos preparado?

Una melena rubia se balanceó por el umbral de la puerta.

-¿Está bien? He oído mucho ruido...Madre de dios...-Dijo al ver la ventana rota.- ¿Qué habéis hecho aquí?

-Jugar al béisbol, no te jode.

-No será lo que estoy pen...

-No, no es lo que estás pensando.- Se cercó y se sentó a mi lado controlando si pisaba algún cristal con sus descalzos pies.- Nausi, ¿Crees que Duque esconde algo?

- ¿Por qué iba a escondernos algo?

-Me temo que yo tampoco tengo una respuesta.-No quedamos calladas varios segundos.

-Por cierto, ¿Sabes que le sucede a Eliott? Hoy vino muy perfumado y con una rosa al lado de la leche con cereales.- Aun que mi estado era débil, no pude evitar reírme.- ¿Qué? No hace gracia. ¿Por qué te ríes?- Sus preguntas no hicieron más que aumentar mis risotadas.-¡No me hace gracia!- Dijo ella riéndose conmigo.

                                                         *    *    *

La pelota rebotó en el techo y cayó de nuevo en mi mano. Intentaba mantener mi mente alejada de todo mí alrededor jugando a un frontón contra el techo. Estaba tumbada en el sofá de uno de los salones de Harmer, la bola de goma en mi mano.

La luz tenebrosa de esta estancia hacia que pareciese de noche. Apenas había una ventana y media y las paredes eran de un morado muy intenso. Había un gran sillón de piel negra a juego con el sofá donde ahora me estaba desperezando. Sostuve un mechón de mi pelo y comencé a enrollarlo en mi dedo índice.

¿Qué significaría aquella inusual Ilusión donde yacía con las rodillas metidas en el barro? Me cuestioné esa pregunta miles de veces, pero parecía que se quisiera escapar de entre mis dedos.

Unos pasos se arrastraban por el pasillo y se pararon en el umbral de la puerta. Llevaba una camiseta blanca y unos tejanos negros. Su pelo estaba mojado y un embriagante olor a suavizante me inundó.

-Creía que te habías muerto.- Dijo el chico de ojos celestes. Fruncí el ceño y él entendió que no sabía de lo que hablaba.- Escuché mucho jaleo en la habitación de Duque, pensé que esa bestia te mataría.

-Muy galán por tu parte no intervenir para salvar mi lamentable trasero.-Dije sentándome en el sofá.

-No suelo meterme en asuntos que no son de mi incumbencia. Aún así, estas sana y salva.

-Sana, salva y en el punto de partida.-Dije con tono cansado.- No tienes ni idea de lo difícil que es dar un paso sin equivocarse. Al final, acabo haciendo lo que me dicen los demás que haga.- Alex se sienta a mi lado.- Tu rol aquí es mucho más fácil.

-Mi rol aquí es nulo. No sé por dónde empezar. En realidad, a veces tengo que hacerle caso a mi instinto.

-¿Qué te dice tu instinto?

-Su instinto dice que deje de estar celoso porque Duque se le haya adelantado en el tema “Yanet”- Suena la voz de la Dríade desde la puerta. Su comentario hace que me sonroje y desvíe la mirada.­  

-Mi instinto se arrepiente de haberse enrollado contigo.- Se puso de pie Alex plantándole cara, a lo que Nausi respondió con cara indiferente.

-Tu instinto necesita unas vacaciones amiguete.- Dijo mostrándole la palma de una mano. Cojo un vaso de agua de la mesita café que hay en frente del sofá y empiezo a beber.

Nausi Se sienta a mi lado cruzando las delgadas y largas piernas y moviendo rítmicamente su pie que cuelga de la pierna cruzada. Su mirada transmite seguridad.

-Quien ríe último ríe mejor, porque creo que mi instinto puede encontrar a Rufo.- Entonces me atraganto con el agua y la escupo pulverizada sobre el chico.

-¿Qué?, ¿Qué has dicho?, ¿Rufo?- Dije con las lágrimas saltada de toser.

-Sí. Rufo.-Dijo cortante mirándose la camiseta empapada.

-¿Puedes llevarnos hacia Rufo?, ¿Dónde se encuentra?
-No se el sitio concreto, pero creo que puedo guiarme. No tengo métodos científicos para probar que sea verdad. No me preguntéis cómo lo hago. Supongo que vendrá de familia.- De encojió de hombros el chico. A pesar de estar empapado de mi saliva se sentó a mi lado.- Hablo en serio. Nunca he tenido una corazonada tan fuerte.

- ¿Por qué no dejas de respirar? Creo que no metabolizas el oxigeno.- Dijo mi amiga desde mi otro lado. La fulminé.- ¿Qué?, ¿No ves que está delirando?

-Yo creo que deberíamos arriesgarnos, el no ya lo tenemos.- Giré mi cabeza hacia Alex.- ¿Qué dices que debemos hacer?

-Seguidme.- El chico se levantó.- Necesitamos referírselo a Lacrias, estoy seguro de que nos dará rienda suelta. Además, debemos sacarlo de ahí dentro o me temo que lo único que quedará de él es su ombligo.- Dijo mientras caminaba delante de mi.

-Yanet, no sabes en lo que nos estás metiendo.- Me agarró el brazo la musa.- ¿Crees que vagar por una ciudad que no conoces a sabiendas que le han puesto precio a nuestra cabeza es correcto?

-Deja de formular preguntas inacabables y de pensar en ello. Nos abstendremos a las consecuencias más tarde.- Me zarpé de su mano algo enfadada.

-Quizás cuando lo hagamos, ya será demasiado tarde.

Sus palabras resonaron en mi cabeza tantas veces que me fue imposible detectar el número. Parecían llegar desde muy lejos, como las que Duque me había soltado hace unas horas. Luego fueron llegando, incautas se esparcieron, por sitios de mi cuerpo que ni yo sabía que existían. Luego el silencio se apoderó de mí y de todo el pasillo.

Alex llegó a la trampilla que se levantaba del suelo mediante un aro metálico a modo de pomo. La abrió y de nuevo la tenue luz tan familiar resplandeció. El viejo Lacrias se sentaba de espaldas a la escalera, en frente de las estanterías. Su espalda desnuda y blanquecina estaba doblada para dejar la cara reposar en uno de los libros. Las vértebras visibles entre su piel delataban las horas que había estado allí. Su barbar rubia tanto como su pelo medía medio metro y le faltaban dos palmos para llegar al suelo.

-¡Vamos viejo barbudo! Tenemos noticias.- Lacrias gimió desconsoladamente.- ¡Vamos!- dijo quitándole el libro en el cual dormía, al hacerlo, Lacrias estampó su cara contra la madera del escritorio. Levantó la vista tocándose el moflete herido.

- Jóvenes, mira que sois inoportunos, ¿Nadie os enseñó a no molestar a un adulto cuando duerme la siesta?

-Parece ser que no.-Le dije.

-Sea como sea, si venís en busca del perro: no lo he encontrado. No sé donde más buscar, ese maldito chucho me está dando quebradero de cabeza.- Se tocó la frente.- En fin, ¿Qué noticias son esas tan importantes?

-¡Nos marchamos!-Dije sonriendo.

-¡¿Quéeee?! A mi nadie me dijo que tuviéramos que irnos.- Espetó Nausi cruzando sus brazos sobre el pecho.

-¿Cómo pensabas buscar el perro? No tiene microchip implantado.- Pongo los ojos en blanco.
- ¿De qué habláis? Veamos, explicaros.-Nos miró Lacrias desde el escritorio.

- No lo podemos explicar, simplemente hay algo dentro de mi que me dice que encontraremos al perro. No creo que a Rufo lo haga falta microchip, soy capaz de encontrarlo.

- Eso no puede ser jovencito.

-Alguien que razona por fin.- Dice Nausi. Le doy un codazo entre las costillas.

-Sé que parece increíble… tal vez si nos dejaras intentarlo…

-¡Ni hablar!, ¿Sabes lo peligroso que es salir ahí afuera? Y sin saber dónde vais. Os quedaréis aquí hasta que Duque acabe con el tratamiento de Yanet.

-Duque dijo que estábamos preparados…

-No importa lo que te dijo a ti, me lo tiene que referir a mí. Chicos el mundo de ahí afuera no es como lo imagináis. No tiene nada que ver con el vuestro.- Dijo señalando las escaleras.

- Déjanos intentarlo… podríamos hablar con Bruna, ella sabe cuales son las fronteras de los reinos y…

-¿Quién es Bruna?- Dije sin querer saber la respuesta.

- No creo que una chica que acabas de conocer sea buena idea.

-No nos queda otra opción.-Lacrias se levantó y buscó un libro. Ojeó las páginas apoyado en lo librería. Alzó una ceja.

-Y dices que sabes como llegar hasta el perro, ¿No es así?

-Ajá.- Asintió.

-Está bien. Pero os acompañará Duque.- Dijo cerrando de golpe el libro.

-¿¿¿¿¿Duque????- Decimos los tres al unísono.

- Sí, y esa chica… Bruna, ya que dices que conoce las fronteras, sabrá por dónde tendréis que ir sin ser vistos. ¡Ah! Os hará falta algo.- Lacrias rozó con sus yemas los libros hasta que se paro en uno. Impulsó la cúspide de éste haciendo que se moviera diagonalmente. Las estanterías se deslizaron lateralmente y una impactante luz nos cegó.

-Madre de…- Escuché a Alex.

Delante de nuestras narices había cuatro uniformes de color azul marino, dos más pequeños que los otros dos, que estaban formados por unos pantalones estrechos de lo que parecía ser nylon brillante y unas camisetas el doble de ajustadas que los pantalones de mangas largas. En el lado izquierdo de todo los uniformes, coincidiendo con el corazón había una O griega, símbolo de la Orden.

Rodeando los uniformes miles de espadas, catanas y armas colgaban de una reluciente pared blanca.

-Es vuestra elección. La suerte está echada.

 
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