Capítulo 18: Ilusioners.




“Cuanto más atrás puedas mirar, más adelante verás”. Winston Churchill


Acumular materia mágica no es tan difícil como creía que era. Tan sólo tenías que sentarte en frente de una esfera. Ella se ocuparía del resto; concentrar materia sin que salga ni entre nada.

Los dos últimos días he estado durmiendo más de la cuenta, el brillo de la pequeña bola estrechada entre mis dedos me impregnaba de un aturdidor calor e inmediatamente caía en el sueño como si de una chimenea se tratara.

Lacrias había decidido indagar sobre la teoría de Duque, bueno, mi teoría. Se pasaban horas juntos en la biblioteca de la casa, donde Lacrias tenía el estudio. No podía evitar sentirme aliviada cuando el hombre sin ombligo se paseaba por la casa en busca de Duque y su aplastante interés por mi. Al menos unas horas al día podía despegarme de la mano aquella bola y dársela a Duque para que pusiera de su parte.

La tercera fase del día teníamos que estar juntos. Si bien la primera fase me tocaba coger la bola a mi y la segunda a él, a la tercera deberíamos cogerla ambos, algo que resultaba incómodo a la vez que ridículo. Cada minuto que pasábamos hacía que los cimientos de nuestra...¿Amistad? se fortalecieran. O al menos, no tardé en acostumbrarme en depositar mi confianza en él.

Supongo que aquello de la confianza se hizo una competición por ver quien era más inocente.

Nausicaa se paseaba sonámbula todas las noche por Harmer y cada día la encontrábamos en la cocina al lado del frigorífico. Justo anoche tuve que ir al servicio y un crujido de madera me hizo pegar un bote. Cuando abrí la puerta pude ver a la dríade seguida de su ciervecillo dirigiéndose a la cocina. Allí abrió la nevera y sacó lechuga. Seguidamente se la ofreció al animalillo.

Ella también había compartido horas con Duque –nada que ver con mi cita de 24x24 horas- que le hablaba sobre su pasado y de la capacidad que tenían de inspirar a cualquier hombre. Como las musas.

También me refirió que las dríades al ser el deseo de todo hombre, tenían un singular poder de persuasión. Y de eso, no cabía duda.

Por mi parte, aún me quedaban muchas clases con el señor musculitos y me temía que llegara antes el verano que el libro. Febrero había pasado y marzo prometía ser algo más frío que de costumbre, aun así, la nieve se derretía de los tejados de las casitas del zoco.

Las visiones no habían vuelto desde la última reunión clandestina y eso se debía a que la esfera estaba absorbiendo de mi toda la magia. Me empezaba a preocupar, pero sin duda no echaba en falta las Ilusions, quería dejar de ser una psicópata poseída.

Lacrias había sacado de su armario por primera vez unos vaqueros y una camisa blanca conservando su toque hippie en el calzado nulo. Eliott me traía el desayuno todos los días a la cama y Alex... bueno, Alex sigue siendo Alex, al menos seguía siendo el chico buenorro de los arañazos.

Alex era el único que no había pasado por las manos de Duque y él mismo se consideraba puro en ese sentido. Aunque insistí diciéndole que no era una tortura, él negó con un: -No quiero ser n segundo plato para nadie. Alex pensaba que el único motivo por el que Duque se había mudado era para estar más cerca de “Dos tías macizas”

La paz en Harmer se palpaba en el ambiente.
-¡¿Quién coño a cogido mi cepillo de dientes?! Siempre está en el lavabo.- Escuché a Alex desde su habitación.

Curiosamente la habitación que había elegido Duque compartía baño con la de Alex.

-Lo siento, lo siento.-Insistió Duque con tono burlesco.- Es que como no había escobilla del retrete...

-No esperaba que tu capacidad cerebral no alcanzara a diferenciar una escobilla para el retrete de un cepillo de dientes.

-¡Qué inocente eres! Vamos mocoso, no te quejes tanto, estaré una temporada por aquí.

-¡Si esta fuera mi casa, te aseguro que no entrarían abominaciones de la naturaleza como tú! ¡Cacho tarado!

-Mocoso, cuidado donde te metes...

-¡Mister esteroides viene a por mi!, ¡Sálvese quien pueda!

Las cosas iban así desde que hace dos días. Alex y yo no volvimos ha hablar como lo hacíamos antes. Cuando pasaba por su lado me sonreía. ¿Se creía acaso que soy una niña chica? Puedo elegir por mi misma de qué lado estar. Y sí, estoy del lado de Duque.

Estaba dispuesta a salvar a toda la gente que habíamos puesto indirectamente en el escenario de la muerte.

Estiré mi brazo y lo dejé apoyado en el cabezal del magullado sillón de piel. Se me estaba durmiendo la muñeca de aguantar el peso de la esfera. Desde hace un día estaba empezando a sentirla mucho más pesada, parecía que se hubiera convertido de madera a plomo. Sopesaba la posibilidad de toda esa energía me estaba dejando sin sangre en la venas. El surco entre los cojines del sillón se hacía cada vez más grande y poco a poco me iba engullendo. De repente la puerta se abrió y chocó contra la pared como si de una ráfaga se tratase. Me reincorporé de pie como un militar frente a su sargento. De ella apareció unos ojos esmeraldas mate y una media sonrisa.

-¡Es mi turno señorita Jane! Deja de desgastarte que dentro de dos semanas estarás en las últimas.- La absorción de poder debilitaba tu estado metabólico, haciendo que dejaras de comer y sintiéndote incapaz de moverte. Era como soñar, pareces que flotas. A veces me preguntaba si la muerte era un estado parecido.- ¡Yanet!, ¡Eooo! Deja de hibernar guapetona que tienes que descansar. Tómate un zumo o algo.

-De lo único que me entran ganas cuando me hablas de comida es de vomitar.- Dije con la mirada fija al horizonte.- ¿Quieres que te haga compañía?- Pregunté.

-No ni hablar, esta tarde no reuniremos otra vez y quiero que estés lúcida para entonces.-Asentí. No tenía más ganas de discutir.

Fui tambaleando pasillo abajo hasta la biblioteca de Lacrias. Esta se encontraba en el sótano, alumbrada por una tenue luz artificial. Las estanterías estaban esculpidas en la piedra de las paredes como si fueran armarios empotrados. Todo ahí abajo parecía creado para un vampiro y no para, fuera lo que fuera, Lacrias.

Me paré en seco en la puerta de hierro que estaba encajada y arrimé mi oído al oír voces conocidas.

-Dos.- Dijo una voz demasiado dulzona para ser irreconocible. Miré por la raja que quedaba entreabierta. Alex colocó un pesado libro en el escritorio de Lacrias que soltó una fina niebla de polvo en el impacto.-Tan sólo quedan dos portales abiertos.

-Bueno trabajo chico, debo decir que en poco tiempo se hacen grandes cosas.- Lacrias abrió el libro por una página intermedia. Este proyectó una figura parecida a un agujero negro. Pasó la página y el libro emitió un círculo de estrellas polvorientas. La imágenes rodeaban a los presentes.- Esta debería de ser Calipso, el círculo mayor. Ves niño, si te acercas bien podrás diferenciar las distintas materias que hay. ¿Las ves? Son una mezcla de rojo, azul y morado. Es parecido al amanecer.- El círculo que rodeaba la estancia tiene unos tonos cálidos y miles de estrellas que relucen.

-Si este es el círculo mayor, eso quiere decir que Yanet tiene más facilidad para atravesarlo, ¿No es así?

-Sí, por supuesto. Pero estos círculos ya tienen un destino adjudicado, se crearon gracias a lo que estableció La Orden. No entiendo cómo se han podido deshacer tres de lo que había.- Lacrias pasa la página mientras que Alex busca entre la polvorienta estantería de piedra. La estancia ahora se convierte en un lugar hostil, lleno de arena negra y árboles destartalados.

-Esta es la Fórcida. Nunca la habría imaginado así.-Dice el Chico apoyándose en el escritorio.-No mienten sobre eso de que es tenebroso.

-En absoluto. Bien, escúchame atentamente muchacho.- Lacrias coge un bolígrafo y un pergamino.- Según los estudios que hemos estado haciendo, Duque asegura que, gracias a los poderes de Yanet, podremos abrir círculos temporales. Si eso es cierto, ¿Por qué no podría también cerrarlos? Es decir, puede hacer la operación inversa y acabar con aquello.

-Ajá.-Asiente Alex interesado.

No despego la oreja de la puerta y mis ojos no se separan de lo que estoy presenciando.

-Entonces, si, como hemos estado comprobando, los círculos se crean y se destruyen gracias a los poderes de Yanet y susodicha no ha podido abrir ni cerrar ninguno por ahora…

-No… ¿Estás insinuando que…?

-¿Por qué no?- Dice dejando el bolígrafo. Alex se sienta inerte en una silla que había enfrente de Lacrias.

-En este campo no soy realmente diestro, pero puedo asegurarte que en todos estos libros no hay ni un ápice de lo que estás diciendo. He revisado árbol genealógico por árbol genealógico… es…

-Probable señor Genevieve, probable. Los poderes de Yanet aún nos aguardan sorpresas. Conociendo estos lugares no me extraña que alguna pequeña mutación hubiera desencadenado una serie de generaciones portadoras del don de nuestra chica.- Alex tensó los músculo al oír las palabras “nuestra chica”- Acércame esos libros muchacho.- Alex obedeció mientras Lacrias se frotaba la creciente barba con la mano. Jamás lo había visto con un pelo en la cara, estaba empezando a preocuparme.

-Entonces, Yanet no está sola.
-No, está acompañada y si estoy en lo cierto; tan sólo hay dos personas más que tienen ese poder en todos los reinos que pertenecen a este mundo.- Dice frotándose de nuevo la barba.- Y una de ellas está en esta casa.

-Duque… lo sabía…- Alex golpea con el puño la pared hiriéndose aunque sin importarle.

-No es seguro Alex, aquí figura que hay alguien más.

-¿Quién?- Dice dándole la espalda con los puños aún clavados en la pared.

-Eso no figura.- Abre el libro y una imagen de un hombre encapuchado yace en la esquina. Una cola puntiaguda hace que la parte de atrás del traje negro se eleve dejando ver unas pezuñas peludas.-Ya he visto suficiente.-Cierra de golpe el libro que expulsa un velo de polvo.

-¿Qué…qué era eso?

-No tengo ni idea, pero quizás Yanet pueda respondernos.- Doy un bote al escuchar mi nombre y deprisa doy un paso hacia atrás tropezando con el escalón que me hizo bajar hasta aquí. Se escuchó un gran estruendo y a los pocos segundos unos potentes ojos celestes me fulminaban.

-Vaya, vaya. Creo que nos ahorraremos las explicaciones. Sin embargo, creo que tú tienes muchas que darnos.- Alex me mira desde arriba dando golpecitos con un pie en el suelo y los brazos en jarras. Yo sigo en el suelo sentada con el culo apoyado en un escalón frío y húmedo.

-¿Por qué os empeñáis en esconderme las cosas? Y mucho más importante, ¿Por qué estudiáis cómo sacarle un lado negativo a Duque?, ¡Lo está haciendo por nosotros!- Sonó un tanto desesperado viendo mi situación aún tirada en el suelo.

-No importa Alex.- Dice Lacrias desde detrás.- Tarde o temprano lo tenía que saber.- Ahora que lo veía desde más cerca podía apreciar arrugas en su cara y su piel radiaba menos luz a pesar de estar en un sitio relativamente oscuro. Decir que parecía más mayor era un eufemismo, ¡Parecía un viejo!

-¿Qué te ha sucedido?- Lacrias me miraba con cara de desconcierto. Luego le señalé y él pareció percatarse a lo que me refería.

-Es la ausencia de luz, soy un Lilium, me nutro de luz solar.- De encoge de hombros.

-¿Y los Liliums como regla general tienen la característica de no tener ombligo?

-Exacto.- Se volvió de espaldas para dejar el libro que tenía entre manos.- Pero no estabas aquí para escuchar eso, ¿Verdad?

-No… Pero tan sólo quería coger un par de libros para leer. Luego me topé la puerta cerrada y… Alex…- Los dos se miraron mutuamente.- Entonces hay más como yo, ¿No es así?

-Es así, pero no tiene un par. Al contrario que tú. Aún no sabemos mucho sobre Duque, pero mientras no lo perdamos de vista podemos concentrarnos en el otro ser pudiente de tu don.

Alex me apoya una mano en el hombro.

-¿Y la esfera?- Me dice.

-Duque está en su hora. Está en el trastero. Pero no lo entiendo… ¿Por qué Duque querría mis poderes si no?

-No podemos adelantar nada. Si Duque tiene planeado algo te hará acumular materia, igualmente eso también nos serviría a nosotros. Si no pierdes de vista la esfera no perderás de vista tu objetivo.

-Si hay alguien detrás de todo esto que desea el libro lo conseguirá a partir de ti.- Dice Alex.

-Está bien, decirme qué debo hacer, ¿Qué es lo correcto?

-Simplemente, haz lo que estás haciendo, pero recuerda que la esfera te sirve a ti y no a Duque.- Asentí.

-Vamos.-Me tira de la mano Alex. Me arrastra escalera arriba.- Tienes que comer algo.

Las paredes de Harmer lucían un espléndido color naranja claro. Ayer los muros se elevaban en tonos marrones y rosas. El suelo seguía siendo de madera, que crujía a cada paso que daba. Llevaba puesto un traje de color amarillo pollo hasta los tobillos y una diadema rosa que me prestó Nausi. Recordé que ahora mismo estaría hablando con Duque sobre sus orígenes.

Había pasado una hora en el sótano escuchando declaraciones talmente extrañas que aún estaba desconcertada.

La cabeza me hervía y sentía aún fatiga por el largo paseo colina abajo con Alex. Salimos de la mansión y atravesamos la escalinata en la que vimos unos caballos alados el primer día. Recuerdo la cara de desconcierto que puso Duque la primera vez que le hablé. Ahogué una risotada.

Alex y yo no habíamos hablado durante el trayecto. Se limitaba a mirarme y sonreír de vez en cuando. Cada vez que lo hacía rezaba porque fuera la última, si seguía así me daría un ataque al corazón antes de llegar a… ¿Dónde vamos?

En el desesperado intento de ocultar mi talón de Aquiles desviando la mirada hacia los adoquines del suelo, sentí un gran impacto contra mi pecho. Poco a poco bajé la mirada hacia mi esternón. Un insoportable hedor a hierro recorrió mi boca y mi nariz. Alex se giró a mirarme y pronunció unas palabras que no salieron de su boca, no pudiendo oírlas. Poco a poco el mercado que nos rodeaba se tornó negro y unas insaciables ganas de vomitar me consumaron.
                                                        Ω

<<Ahora todo era negro.
Alguien caminó con fuerza hacia Yanet. Parecían unos andares irregulares, con pisadas que arañaban el suelo. La chica intentó deshacerse de la incómoda proximidad del cuerpo ajeno a ella dando saltos de un lugar a otro y moviéndose intentando distinguir algo. Pero ¿qué es más imposible que ver una sombra en la oscuridad?
La chica llegó a tocar lo que pensaba que era una pared. Seguidamente la tanteó para caminar y guiarse de ella. Un pequeño promontorio alcanzó con su mano y tras comprobar que era esférico lo giró. Un haz de luz iluminó la estancia desde la puerta que tan sólo se abrió una línea estrecha. Yanet acercó la cara para mirar dentro sintiendo los pasos caminar hacia ella. Posicionó su ojo grisáceo entre la raja y visualizó una estancia con paredes marrones de un color muy oscuro. En la pared de enfrente el papel estaba desgarrado como si hubiera contenido una fiera. Había algo escrito con sangre. No enfocaba bien a verlo…
“¿why me?” 
Entrecerró más el ojo para ver más a la derecha de la pared. Había  un taburete alto y en el centro de la habitación, un altar.
La chica tiró del pomo hacia ella para abrir la puerta, pero no podía. Había una cadena desde dentro. Introduzco lo que pudo de mano e intentó quitarla.
Nada.
Había alguien más allí con ella, podía sentir su respiración cargada de aire caliente como si de sus narices salieran llamas. La luz que emitía el cuarto hizo que pudiera observar dos infinitos agujeros negro en la oscuridad acompañados por una tez blanquecina y labios cosidos. Tensó la mandíbula y cerró los ojos apretando los nudillos.
El aire le entró por la oreja haciendo que se escurriera cuando le entró un escalofrío. Alguien le susurraba al oído.
-Estamos aquí… tenemos el libro.
-¿Qui…quienes?- Tuvo el valor de contestar. Parpadeó relajando sus párpados y miro aquella espeluznante cara de cera blanca y sangre.
-Nosotros… Los Incubos… Morirás.
-¡No! Jamás te dejaremos vía libre sin luchar.
-Tenemos el libro Yanet Jane…
-No por mucho tiempo, nos estamos preparando.
Un relámpago hizo que la luz se fuera y que al volver todo hubiera cambiado. Ahora se encontraba a la luz de la luna, frente a un Altar, sola.
Arrancó una enredadera de él y ésta volvió a crecer.
Ahora no estaba sola, pero tenía una ventaja.>>

La luz celeste del cielo primaveral me cegó. Estaba tirada en el suelo clavándome las rodillas de Alex en la espalda el cual me había tumbado en su regazo. La gente se apelotonaba alrededor de nosotros fijando sus miradas en nosotros. Me pareció distinguir algunas que cuchicheaban y mujeres se tapaban la boca con las manos. Paulatinamente el ambiente se fue tranquilizando y la gente empezaba a irse.

Acababa de presenciar algo peor que malo y sabíamos que sin aquel perro guía estábamos perdidos. Ambos nos miramos, mi mirada bajó a su mano rodeando mis hombros que se posaba en mi clavícula. La O griega brillaba con el sol. Sus ojos no transmitían nada y logré atisbar un color verdes entre ellos. Entonces caí en la cuenta de que él había visto mi Ilusion, pero me había embriagado tanto en sus ojos que no me daba cuenta de que estaba andando conmigo en brazos hasta que tropezó y por poco no caigo al suelo.

Compró fruta en uno de los tendederos que hacían de tienda y los guardo en una cesta que llevaba en el antebrazo.  No dijo ni una palabra, agarró mi mano y tiró de ella hasta que llegamos a una explanada llena de hierba.

-Yo...-Intenté decir mientras estiraba una manta en el suelo.- Lo...Lo siento mucho Alex.- Bajé la mirada suplicante.

-No te disculpes.-Sonrió.- No tienes por qué hacerlo.

-En cambio quiero hacerlo...- Aunque estaba de espaldas a mi, le agarré la mano. Se giró de inmediato.- Debí creerte cuando dijiste eso de no fiarse de nadie. Ahora...estoy en el punto de partida. No sé que hacer conmigo misma.

-No lo sientes de verdad Yanet.- Frunció en ceño.- Si así fuera me mirarías a la cara.

-Déjame intentarlo de nuevo.

- No siempre habrá una segunda oportunidad,- Se sentó como un indio en la manta y yo le imité.- aquí si haces un movimiento en falso puedes echarlo todo a perder. Conmigo no te pasará, pero deberías pensar antes de actuar y guárdate de los desconocidos.

-Lo sé. Es complicado para mi. No quiero decir que no lo sea para ti, pero la que se desploma en medio de la calle soy yo. No quiero ser una lunática.- Alex sonríe. Aún siento el tacto áspero de su mano en la mía.

-Tú no eres una lunática.-Ratifica con  un gesto restándole importancia y a continuación saca dos manzanas.

-¿Vistes la Ilusion verdad?-Le pregunto. Él me lanza una manzana y yo la cojo en el aire. Asiente mordiendo la fruta. Sus dientes parecen más blancos cada día y parece como si pudiera ver el interior de su boca y los triturados trozos de manzana pasando de un lado a otro bailando en su lengua.- ¿Y cuál es la opinión de un sesudo varón sobre ella?

-¿Quieres la opinión de Duque?- Río.

-No idiota. ¿Qué opinas?

-Que sabes más de lo que piensas.

-¿Qué quieres decir?-Digo incómoda.

-Sabes donde está el libro, tu misma me dijiste que Rufo te llevó a un altar en otro trance. Parecía que las características coincidían. Aunque tan sólo lo hemos visto unos segundos, creo que eres capaz de identificar el lugar.

De hecho, pensaba que no llegaría jamás a ese lugar, pero si ahora todos mis sueños se están complementando y encajando como las piezas de un rompecabezas, no quería pensar qué significado tenía aquel en el que lloré junto a una tumba. Aquella funesta ocasión no quería revivirla siquiera en sueños.

-Sin el perro estamos perdidos.- subí los hombros y le di un segundo bocado a la manzana.

-Tal vez Lacrias nos puede ayudar, ahí abajo hay cantidades de libros, más incluso que la biblioteca pública.

-Ya sabes como dicen: Tienes tu casa donde tienes tus libros. Yo creo que necesitaremos más que la ayuda de Lacrias, más bien una ayuda divina.- Alex terminó su manzana que lanzó y rebotó contra mi cabeza.

-¿No bastan los golpes que me doy con los adoquines?

-Hasta las manzanas sienten atracción por ti, no me extraña que Duque no quiera separarse de tu lado.

-No seas bobo, Duque siempre está separado de mi. ¡Ni que fuera una cría para que me estuvieran vigilando todo el día!

-Yo no estaría tan segura...-Dijo señalando algo a mis espaldas.

Cuando me giré extrañada pude contemplar unos jeans despintados acompañados por una camiseta negra de tirantes por las cual salía un par de brazos musculados que caminaban amenazantes hacia mi. Es decir, hacia Alex.

-Vaya, vaya. Creo que me debes una explicación Mocoso.-Se cruza de brazos sin pisar la manta extendida.

-¿De qué hablas?

-¿Sabes lo peligroso que es saltarse el toque de queda? No entiendes lo maligno que puede ser no seguir con las horas calculadas.-Riñe a Alex como si la culpa fuera suya.- ¡Yanet tiene un deber!

-¿Qué me estás contando payaso? No he sido partidario en contribuir en tu sucio juego.- Espeta desde abajo.

-Te llevas a mi chica así por así, ¡Por la calle!, ¡Con una Ilusioner por la calle! No tienes ni idea de donde te has metido Señor Mocoso.- Duque apunta con el dedo a Alex que se queda perplejo, eso sí, menos que yo: ¿“Mi chica”?

-¡Yo no soy la chica de nadie!, ¡Quiero que dejéis de comportaros como si fuerais mi padre!¡Callaos de una jodida vez y dejadme hacer las cosas como yo quiero!

Duque miro a Alex con desprecio y furia a lo que éste correspondió. Yo miré a ambos y suspiré por fin.

-Yanet, la esfera de clama.- Dijo el chico de los jeans sin apartar la vista de Alex.

Me alcé en pie mirando a mi compañero algo mal humorada. Por un segundo pensé en mandar todo al carajo  quedarme con él. Luego salí de mi situación de atontamiento y medité. Seguramente quedarme con Alex me repondría de mi bajo estado de autoestima. Pero sin duda no puedo dejar que la esfera cuelgue de el hilo de mis poderes.

Recogí mi manzana del suelo apoyándome cerca de donde estaba Alex, sin que Duque se percatare le susurré al oído un:


-Luego hablamos.

Besé su mejilla sin malas intenciones. Creí que le debía a cambio de irme al trastero con Duque.

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Artikel Capítulo 18: Ilusioners. ini dipublish oleh Carla pada hari domingo, 27 de mayo de 2012. Semoga artikel ini dapat bermanfaat.Terimakasih atas kunjungan Anda silahkan tinggalkan komentar.sudah ada 0 komentar: di postingan Capítulo 18: Ilusioners.
 
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