Capítulo 15: Ilusions.

“La vida de los muertos está en la memoria de los vivos” Cicerón.

La mejor manera de pasar de esta, es mostrándome dócil y comprensiva” Pensé tirada en la cama. Estaba mirando hacia arriba con las manos detrás de la nuca.
Supuse que la forma más fiable de que todo esto acabara era cubriéndome con una máscara y fingir creer en lo increíble. Por muy sencilla que fuera la idea, mi capacidad cerebral se estaba agotando y empezaba a creerme lo que me dijo Alex el día anterior; Toda la lógica que intentaba encontrar caía en el fracaso.
Parecen que todos en esta casa no repara en que estoy pidiendo tregua, que en mi cuerpo no se puede acumular más y que las palabras no fluyen.
Me desperezo estirando los brazos y las piernas y soltando un gemido. Los biseles se balancean y chirrían mientras que el aire gélido entra por la ventana, haciendo que las cortinas ensayasen un baile tímido. Retiro la colcha hacia un lado y me siento en la cama rozando con la punta de los pies el frío mármol.
Repaso brevemente lo ocurrido en esta últimas semanas. Todo, totalmente todo, es un caos. También recuerdo la barbaridades que dijo Nausicaa sobre Eliott y la cara descompuesta de este al marcharse. Contraigo la cara frunciendo el ceño.
Observo las paredes ornamentadas con motivos floreales y consigo visualizar entre ellas un símbolo algo detonante entre todas esas flores. Tenía forma redondeada, casi como un trébol. Me incorporo para dirigirme a la pared en frente de mi cama. Noto mis pies gélidos al pisar el mármol. Y cuando estoy a punto de rozar con la yema de mis dedos aquél símbolo, la puerta se abre.
Un hombre con nariz protuberante entra sin previo aviso y toca una melodía aguda con su trompeta. Rápidamente corro a taparme con algo, ya que el camisón de noche era prácticamente transparente. Agarro una toalla que encuentro en el tocador y me la echo por encima rodeándome el cuerpo.
El estridente sonido hace que me tenga que tapar los oídos y de séquito pasa a mi cuarto un hombre alto con ojos esmeraldas y fracciones marcadas. Viste una elegante camisa abotonada y presionada en la cintura con una especie de cinturón grueso y que le cubre medio tórax.
-¡¡Su majestad el Duque de Northreign!!-Grita con voz chillona el trompetero que se echa a un lado de la puerta, pegado a la pared. El Hombre le hace gesto de que bajara la voz algo incómodo.
-Vale, vale...no necesito tanta presentación aquí.-Le aconseja.
Seguidamente le dice con un gesto de manos que se marche y éste cierra la puerta.
-¿¡Se puede saber a qué viene tanto griterío!?- Replico tapándome como podía. Duque no se había fijado hasta entonces de lo ligera que iba vestida y tras mirarme de arriba abajo decide darse media vuelta.
-Per...Perdone señora Jane, no sabia que...- Seguramente le había costado disculparse ante alguien que no es “superior” a él, por ello mismo le mire algo sorprendida.
-¿Ha qué ha venido?, ¿Será una visita consultidinaria?-Tras ver que no me responde vuelvo a abrir boca.- ¿En la corte no sabéis lo qué es llamar a la puerta?
-Confío en que pueda ayudarnos señora Jane. Pensaba que estaría disponible para dar un paseo.
-¿Un paseo?-Digo acabándome de vestir con un traje azulina algo largo para mi.
-Sí, sin compromiso, soy del todo fiable. Estaba pensando trotar hasta las faldas del monte Párnaso y tras eso indagar sobre asuntos. Estoy seguro de que esta buscando respuestas señora.-Río distraída como Duque habla solo con la pared y suelto una leve risa.- ¿Qué os ocurre?-Se gira.
Le sonrío pensando que no es nada maligno ir a trotar un poco y si la memoria no me fallaba podría preguntarle algunas cuestiones que tanto quebradero de cabeza me dan. Él también sonríe a la vez que asiento y deja ver una dentadura un tanto carroñera ya que sus colmillos eran extremadamente afilados. Me observa de arriba hacia abajo.
El traje se ajustaba encima del pecho y caía hacia abajo lánguido. Las mangas eran largas, al final hacían como una V hasta que la punta de ésta quedaba sujeta a mi dedo corazón con un anillo dorado. Me recogí el pelo con dos trenzas que crucé y aguanté en la nuca, dejando mi cuello despejado. Un tirabuzón me caía por el hombro que le daba un toque de personalidad a mi peinado. Me encasqueté unos mini tacones negros de charol que había en el cajón del armario y quedaban bastante lindos.
Todo ello le rematé con una capa de “sonrisas” y un gloss de Nausicaa transparente. 
-Señora, no creo que dicho atuendo sea adecuado para trotar.-Dice mirándome de arriba hacia debajo de nuevo y señalándome con un tono un tanto intelectual.
-Señorita por favor.-Reprimo una sonrisa burlona.
-Tiene pensado darle más rodeos.-Sonríe cruzando los brazos.
-Me puedes dar de tú si quieres.-Ando delante de él por el pasillo haciendo caso omiso a su consejo sobre vestimenta.
Oigo una puerta abrirse detrás de mi y una cabeza asomada con una melena rubia implacable. Sorprendida por verme con un duque me fulmina con la mirada y grita.
-¡Eres una Put...!
-¡Mujer! Por favor.-Replica el duque.
-Bueno, una cortesana...-Nausi pone los ojos en blanco y Duque le hace signo de que tampoco es adecuada tal descripción.-Perdón, mujeres que venden sus encantos.-Cierra la puerta.
-¿Siempre es así?-Me pregunta Duque.
-¿Así cómo?, ¿Así de tozuda, de terca, de burra, de basta?-Rozo su suave camisa con mi brazo sin querer.
-Creo que lo has dejado claro.-Ríe.- ¿Preparada para una carrera?- ¿Qué?, espera, ¿Una carrera? Me quedé atónita, aquel hombre estaba cerca de mi con las rodillas semiflexionadas y casi pegando saltos de alegría, parecía un perrito esperando a que le tirara el palo para cogerlo.
-¿Pero de que estás hablando?-Sonrío.- Estás zumbado.
-Que no, venga vamos.-Me cogió de la mano y juntos corrimos hacia el jardín atravesando un pequeño puente y saliendo por la cancela trasera de la casa. Esta daba a un inmenso jardín repleto de coníferas.
El aire respirado era puro, más incluso que las montañas de West Island. Respiramos acompasados, nuestras manos aún están juntas cuando nos vemos envueltos por hierva y árboles. Ahora entiendo toda esta carrera, así podríamos disfrutar de éste frescor con más intensidad.
-Hay algo que falla,¿Dónde están los caballos?-Dije aún fatigada intentando pronunciar con total claridad cada letra.-Sin caballos no se trota.
-Nunca dije que fuéramos a galopar sobre caballos. Sería aburrido hace algo que arriba puedes hacer con frecuencia.
-¿Arriba? ¿De allí vienes?-Pregunté señalando al cielo invernal.
-Si y no...
-Lo siento, me estoy perdiendo.- Alzo los hombros en señal de derrota.
Duque hace un gesto para indicarme que me sentara, él lo hizo antes.
-Te pareceré un psicópata,-Prosigue con la respiración algo más atenuada. Sus pantalones de tela vaquera contrastan con la camisa tan elegante y  a la vez decadente que lleva.- yo fui como tú un día, bueno no exactamente. Yo llegué de imprevisto, aun que no lo parece, un día me sentí como tú ahora.
-¿Eres un humano, como yo?-Curioseaba sus fracciones marcadas y sus preciosos ojos esmeraldas.
-No del todo, verás, es más complicado. Yo soy un mestizo, mis padres eran semihumanos, y sus genes me transmitieron dotes paranormales. De pequeño en la escuela tuve muchos problemas.-Ríe y avergonzado mira hacia abajo. Estaba tumbado boca arriba apoyado con los antebrazos en el césped.
-No no, tranquilo, no te avergüences.-Le toco el hombro y me mira enseñando sus colmillos.
-Yo, soy una especie de médium. Allí arriba no hacía más que ver alucinaciones, en clase me quedaba sumido en un trance y cuando despertaba me habían pegado infinidades de chicles en el pelo.-Sería posible que aquellos sueños que me quitaban el sueño y me hacían sentir congestionada fueran aquello de lo que me hablaba Duque.
-¿Alucinaciones?,¿Sueños?
-Sí, bienvenida a la demencia.-Dice con una mueca en la boca.
-¿Y cómo llegaste hasta aquí?- Le miro tumbándome de lado con la cabeza apoyada en el revés de mis manos.
-Mis padres murieron. Tenía 18 años y apenas sabía algo sobre mi mismo. Simplemente decidí que ese no era mi sitio. A veces hay que ordenar el caos.- Hizo lo mismo que yo y quedamos tumbados completamente de torso y mirándonos de hito a hito.- Descubrí un libro guardado entre las cajas de cartón del sótano, luego no recuerdo nada más.
-Debiste pasarlo bastante mal.-Hago una mueca.
-Yo creo que todo pasa por un motivo, en el mundo tiene que haber alguna lógica entre tanto caos.
-¿Qué me sucederá? A veces tengo la sensación de que estoy dormida y cuando despierte, regresaré a mi lugar. Arriba.-Me mira con ojos cansados que esconden algo de tristeza.
-Lo siento Yanet.-Me quedé dubitativa.-Créeme, ojalá me pasara esto de nuevo a mi y no a ti.
-¿Qué...qué quieres decir con eso?-Tartamudeo.
-No soy el indicado para contarte esto.
-¿Acaso no tengo derecho a saberlo?-Me recompongo rompiendo la paz del entorno que nos rodeaba.
-Sí, si, por supuesto.-Alza las manos.-Tan sólo pienso que no deberías saber la versión de un desdichado.
-¿Pasará conmigo lo mismo que contigo?
-No lo sé Yanet.-Se comporta como si fuera mi padre, pero por algún motivo esa cercanía me gustaba. Miro de lado a lado algo furiosa con la mirada hacia abajo.-¿Te han dicho que eres adorable cuando te alteras Yanet Jane?-Espeta alzándome la cara por la barbilla. Me escurro de sus manos algo llevada por mi impulso.
-¿Cómo se llaman aquellos sueños que padecías?
-Ilusions, aún los padezco Yanet.-Me siento desolada. Por una parte tenía miedo a saber lo que me esperaba y comprendía a Duque. Pero la otra parte, la otra parte quería chillar hasta que todo volviera a su sitio.
-Quiero irme a casa, tal vez todo sea una pesadilla y...y yo este aquí por equivocación.- Intenté ponerle solución al problema meneando la cabeza con los ojos fijos al césped. Duque suelta una leve risita. Seguidamente se levanta y me ayuda a ponerme en pie. Pone sus manos en mis hombros y me mira inclinando un poco su cabeza, por debajo de las cejas.
-Tranquila Yanet, siempre tendrás a tu amigo Duque.-Dice sonriendo de colmillo a colmillo.
-Qué menos.-Digo pensando que era lo que me faltaba. Tras eso me vuelve a mirar y me da un abrazo. Yo mantengo los brazo rígidos colgando detrás de su espalda sin saber si tocar o no.
-¿Vamos?
-¿Dónde vamos?
-A galopar.-Me dice soltándome.
-Ah, si casi se me olvidaba par lo que hemos venido.-Digo tocándome la sien. Ladea  un poco la cabeza mirándome como preocupado. Tras su flequillo semi largo se ondulan pequeños mechones castaños  sueltos movidos por la brisa invernal.
-¿Te encuentras bien? No tienes buena cara, ¿Quieres que volvamos?-Dice insistiendo en cogerme la mano.
-Sí, estoy bien...Creo.
El chico se pone muy serio al ver mi semblante y acerca su cara para mirarme desde más cerca.
-Yanet, si quieres saber ciertas cosas debes confiar en mi.
-Lo siento, pero ahora mismo no puedo confiar en nadie. No conozco a nadie. A veces me pasa que no me conozco a mi misma.
-Créeme, no eres la única que a pasado por eso y no porque seas Yanet Jane Jonson te vas a librar. Tenemos muchas cosas en común y por eso mismo creo que soy el partidario perfecto para que inicies a confiar en alguien. ¿Qué te parece?
-Me parece que vas muy deprisa. Estoy confundida, no puedo confiar en ti si siquiera se quien eres.- Me coge de las dos manos y me las junta en su pecho.
-Puede que tu no sepas quien soy yo, pero yo a ti te conozco muy bien. Si fuera alguien dañino ya habría actuado porque te conozco lo suficiente como saber cuál es tu punto débil aunque tu no lo sepas.- Abrí la boca.
-Vale, vale, vale: Eso ha dado miedo.-Rio deshaciéndome de sus manos.
-Lo...lo siento no pretendía.-Dice con semblante dócil y dando varios pasos hacia atrás.-Yo, no pretendía...-Se toca la nuca mirando hacia abajo. En el intento de salir de esa situación caminando hacia atrás, tropezó con una piedra y cayó de culo al suelo. Por un segundo no me percaté de ello hasta que la información me llegó al cerebro, entonces me doblé de risa.
-¡Mira donde está el que me daba miedo!-El me mira desde abajo y se encoge de hombros.
-Soy un chucho, ya te lo he dicho, no le haría daño a nadie.
-Desde luego.-Le doy la mano y él la acepta.
-¿Entonces?-Dice sacudiéndose los vaqueros.-¿Confiarás en mi?
-¿Me queda otra?-Bromeo levantando los hombros.
-Estas zumbada.
-Ya, desde hace un tiempo.-Rio.
-Me gusta tu sonrisa.
-Y a mi tus colmillos.- Su mirada brilla como si fuera la primera vez que le dicen un cumplido semejante.




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Artikel Capítulo 15: Ilusions. ini dipublish oleh Carla pada hari lunes, 23 de abril de 2012. Semoga artikel ini dapat bermanfaat.Terimakasih atas kunjungan Anda silahkan tinggalkan komentar.sudah ada 0 komentar: di postingan Capítulo 15: Ilusions.
 
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