Capítulo 14: El libro-Oráculo.


“La imaginación es más importante que el conocimiento. El conocimiento es limitado, la imaginación rodea el mundo”. Einstein

El labio inferior de Nausi temblaba intentando descifrar lo que antes sus ojos se posaba. Por mi parte opté por no parecer algo rara y me quedé paralizada en mi sitio. Alex debía de haber visto un fantasma, porque estaba tan pálido como una rosa blanca.
Hay algo que siento que no ira bien.
-Así pues, estos son nuestro nuevos inquilinos.-Ladea la cabeza apoyándola también en el marco de la puerta.- Soy Lacrias.-Le tiende a Alex sus fuertes y blancas manos. Parecía un ser tan puro, parecía que emanara luz propia.- Esta es mi casa, y ahora también será la vuestra.-Mira hacia abajo a los enanitos.-Y ellos,-Dice señalándolos.- Son mi desgracia.
Nausi fue la primera en hablar, pero no especialmente para darle las gracias a Lacrias por su cordial bienvenida.
-¿Qué eres?- Espeta frunciendo el ceño. El joven Lacrias enarca una ceja y deja que la pregunta corra por el aire como burbujitas hasta desaparecer. No hubo respuesta, tan solo una risilla.
-Bien, Eliott, acompáñales a las habitaciones correspondientes. En cuanto a vosotros, nos veremos dentro de diez minutos en el comedor. La Orden necesita saber que habéis llegado vivos.  
-¿Qué es La Orden?, ¿Una asociación?
-¡¡¡¡Una secta!!!!-Grita corriendo Nausi siguiendo a Eliott. Alex también había ido detrás de ella y ahora estábamos Lacrias y yo a solas.
-Ya empezamos con el espíritu de la golosina.- Digo un tono aburrido refiriéndome a Nausicaa. Tras ello me vuelvo a Lacrias.
-Es más bella aún que como la pintan.
-¿Cómo la pintan?, ¿Hueca por dentro?-Ironizo. Lacrias sonríe. de un buró de madera barnizado saca una especie de pergamino enrollado y metido en un cilindro de cristal, cerrado con una chapa de color oro. La abre con un sonido parecido al de una botella de champán y desenrolla el trozo de tela amarillento. Sus manos se mueven suavemente por el dibujo donde aparecen muchísimas personas sobretodo mujeres, mujeres muy bellas que trepan el los árboles y se sientan en piedras en círculos como un corrillo de Marujas. Después de varios minutos sus dedos paran de buscar e inmediatamente señala una mujer joven, muy joven con largos pelos rubios y amarillentos ojos gatunos. Estaba recogiéndose el pelo con una mano y con la mirada al horizonte. Su delgado cuerpo-El más delgado de todo el pergamino- Se enarqueaba hacia delante mostrando una pequeña curva de la alegría. Su aristocrática nariz se podría reconocer aunque no estuviera de perfil absoluto. Era Nausicaa.
-¿Quiénes son?,¿Cuánto llevabais esperándonos?- Exijo respuestas impaciente. Lacrias sonríe.
-Son dríades. Antaño fueron hijas de la tierra, había millones repartidas por los bosques y aún así nadie conseguía verlas. Han quitado el sueño a muchos hombres desde el principio de los tiempos. Y ahora tengo una en mi casa, es fantástico.- Explica enrollando de nuevo el pergamino. Cuando termina se apoya con un codo en el buró.
-Vaya, no puedo negar que es absurdo, pero ya nada me sorprende. Llegamos aquí y lo primero que nos encontramos son dos enanos que nos conducen a una mansión encantada.- Digo con los brazos algo rígidos. El individuo ríe esta vez.
-Aquí la única encantadora eres tú Yanet.-Me mira fijamente. No puedo evitar sonrojarme y sé que lo notará.
-¡¡¡Yanet!!!- Es la voz de Nausicaa que grita desde el final del pasillo. Hago caso omiso a su llamada y me paro a analizar a Lacrias; Sus ojos eren verdes, verdes muy claros y cristalinos, parecía que contuviera las olas del caribe. Su piel estaba limpia de toda mancha e inmaculada, me recordaba a la espuma de un capuchino. Su pelo,-Oh dios mío- no sabría decidir entre el de Nausi y el suyo, era de un rubio oxigenado y natural recogido en una trenza larga hasta la cintura. Su torso estaba desnudo y presentaba seis formados abdominales y pectorales. Sin embargo justo debajo de los abdominales busqué algo que no me encajaba, algo faltaba y todo se confirmó cuando bajé la vista. No había ombligo. Entonces mis inseguridades se confirmaron: No era humano.
Ahora me arrepentí de no haberle hecho caso e irme directamente hacia mi nueva habitación, que por cierto, era más grande que la mía en Iulius. Dentro del armario había infinidades de vestidos de distintos colores y ordenados cromáticamente. En el cajón de abajo había dos tipos de zapatos. Unos, eran una especie de botas militares negras y otros eran unos taconcitos negros charol.
Las paredes lucían un papel de pared con diseños florales y cuadros de paisajes de montaña. La ventana tenía un poyete para sentarse con cojines color carmesí y cortinas blancas. Junto a ella un tocador muy antiguo de madera blanca y espejo algo grasiento. Y luego la cama, biseles que sustentaban telas finísimas que se plegaban con el tímido viento que dejaba pasar la ventana. Me tiré encima de ella boca arriba mirando el estampado del dosel. Caballos, caballos que vuelan.
De repente escuché un portazo. Me incorporé enseguida.
-No hace falta que lo digas, He visto como tonteabas con ese tipo. No es por ser ofensiva, pero no es tu tipo.-Dice con los párpados levemente cerrados.
-Nausi…
-¡Vamos Yanet!, ¡No tiene ombligo!-Se resigna.
-Nausicaa, por dios.-Digo poniendo los ojos en blanco y volviéndome a acostar en la cama.
-Cariño, te lo digo en serio, no es tu tipo.
-Nausicaa, ¿Eres una Dríade?- Ella se tiende a mi lado.
-¿Qué carajo es eso?
-¿Cuántos años tienes?
-Yanet, a ti te falla algo en la azotea.- Me siento en la cama.
-Lacrias me dijo…                                                            
-¡Oh! Espabila amiga, no puedes creerte todo lo que te diga la gente.
-No es “gente”, es algo más, lo sé, lo siento.
-Que no tenga ombligo no significa que no sea gente.
-¿No crees que hay algo más?, ¿Qué me dices de Eliott?- Me giro para mirarla tumbada aún.
-¿Qué pasa?, ¿No sabes que es el enanismo?
-¡Nausi!
-Son unas abominaciones de la naturaleza, son asquerosos. Estamos rodeados de ellos y lo que más me preocupa es que tu te creas esas blasfemias.- Se recompone apuntándome con el dedo. Luego, descalza como entró, sale no sin antes chocarse con un pequeño ser que esperaba en el marco de la puerta.
Sus enormes ojos amarillos me miran apenados, Eliott estaba aguardando porque no quería molestar. Yo me quedo petrificada moviendo levemente los labios como si estuviera hablando, sin embargo de nada servía, porque de mi boca no salía siquiera un gemido. La expresión del windy me descolocó. Se había quitado el gorro y ahora lo tenía como si de un estropajo se tratara en la mano. Cerró levemente los ojos antes de irse mirando hacia el suelo.
Eché la cabeza hacia atrás y cerré los ojos. Tras dos segundos, Alex llamó a mi puerta pero no entró, se quedó fuera.
-Ya estamos todos, sólo falta la señorita.- Hago andén de ir. Pero cuando Alex se marcha me quedo contemplando de nuevo la habitación.

                                                       *   *   *

El comedor es algo soso. El salón es muy amplio y las paredes muy altas. Pero tan sólo hay una gran y alargada mesa en el centro. Las paredes son de madera y el suelo también. Nausi estaba sentada en el lado opuesto de Alex y como anfitrión, Lacrias en el extremo. Yo tomé silla un poco cabizbaja y sin levantar la vista con la mirada fija a la madera negra de la mesa, empezó el claustro:

-Nausicaa, ¿Quieres levantar la muñeca por favor?- Los ojos de Nausi se entre cerraron y su ceño se contrajo. Algo insegura se mira la muñeca derecha debajo de la mesa y prosiguió alzándola y apoyándola en ella. Todos miramos lo que ignorábamos que fuera. El pequeño colgante plateado sujeto con una cuerdecilla de cuero que rodeaba la muñeca fina y frágil de Nausi. Brilló ante la luz del fuego de la chimenea.- Esa “O” simboliza tu linaje. Y el tuyo.-Me miró.- Y el tuyo.-Se giró hacia Alex.
-¿Qué significa exactamente?-Me atreví a preguntar.
-Os contaré una historia.-Dijo poniéndose cómodo pero manteniendo su postura y semblante impasible.
-Oh, bien, encima cuenta cuentos.-Escucho susurrar a Nausi. Le lanzo una mirada fulminante. No se cómo pero el echo de estar aquí me hacía creer que las palabras que salían de la boca de Lacrias fueran verdad. Entonces levanté la cabeza y Observé como la boca de Alex se mantenía apretada sin dejar ver los labios y como su expresión cambiaba a medida que Lacrias comenzaba a hablar.
-Hace miles de años existía un libro. Éste era el encargado de marcar las pautas de la vida aquí en Northreign y en toda la comarca. Hubo cuatro reyes ambiciosos por saber lo que éste oráculo escrito decía, se encaminaron hacia la Fórcida, reino donde se encontraba el único ejemplar de éste libro. No sólo es maldito ese lugar de naturaleza, si no que cualquier criatura que lo pise, no puede salir, queda esclavo de ese paraje para siempre. Tan sólo había un día que se libraba de tal castigo; El eclipse de Luna. Entonces las criaturas caían en letargo y las grietas se unían, el Íncubo maximus mandaba a sus tropas al Inframundo y su cuervo se convertía en ceniza para volver a nacer. Sin embargo nuestros reyes disponían de tan sólo un día para cumplir su misión.
-¿Lo consiguieron?-Digo entusiasmada con una niña pequeña.
-¡Ajá!- Contesta el cuenta cuentos asintiendo y cerrando los ojos en signo de evidencia.- Nuestro héroes salieron inmunes de la aventura…Bueno, no del todo diría yo.
-¿Entonces?-Dice Alex.
- Si bien el lugar esa noche caía en letargo, el libro no.
-¿El libro?
-Ahora explico Alex.-Se aclaró la voz y prosiguió- Nuestros reyes no sabían lo que comportaba el vínculo del libro con la tierra, es decir: Si el libro pasaba a manos de los íncubos, éste escribiría su destino. Si el libro pasaba a manos de nuestros reyes, éste escribía su futuro. Es cómo una brújula que marca el destino. Y ahora está en vuestras manos. ¿No es fantástico?
-¿Te refieres al hecho de poder saber nuestro destino?
-No, el hecho de que estéis aquí y de que por fin alguien haya encontrado el libro.
-¿Cuánto hace que nos esperáis?-Pregunto de nuevo.
-Cien largos años.
-¿Y que queréis de nosotros?,¿Por qué estamos aquí?-Tercia Nausi.
-Las cosas se complican, ahora que habéis llegado, vuestro deber es el de colocar de nuevo el libro en su lugar original.- Una idea de tal magnitud me da reparo. Sin embargo sigo creyendo que hay más que un simple libro en toda aquella historia.
-Pero… El libro está acabando, ¿Supone nuestra muerte?
-No, Yanet.-Suspiramos todos en un común alivio. Nausicaa tenía la cara contraída, daba la impresión de que se hubiera tomado uno de los cafés esos asquerosos que sirven en el Strabucss.– Es extraño… nunca se había dado ese caso. Supongo que me tendréis que entregar el ejemplar para estudiarlo detenidamente. Además, ahora deberíais estar cansados, ¿Por qué no descansáis en vuestros aposentos mientras se preparan los baños? Yo me ocuparé de echarle un vistazo al libro.- Un sentimiento de culpabilidad me empapa, como si estuviera ahogándome y no pudiera respirar, como si perdiera los sentidos y me mareara. ¿Dónde demonios está el libro?
- Emmm… si, el libro…-Dice Alex tocándose la nuca.- ¿Dónde está el libro?-Nos pregunta aún sabiendo que no teníamos ni pálida idea.
-No lo recuerdo.-Digo paralizada. Lacrias se echa las manos a la cabeza y por un instante pierde su compostura, luego se vuelve hacia nosotros y nos manda fuera de la sala con tan sólo una mirada. Él queda ya lejos con los codos apoyados en la largísima mesa y las manos tocándose las sienes.
Tras ver como Alex y Nausi desaparecían en sus respectivos dormitorios, me acerqué sigilosamente hacia las grandes puertas de caoba que cerraban el comedor. Pegué mi oreja a ellas y esperé sigilosamente a alguna señal de comunicación. Pasó un minuto, luego otro…
-Amo,-Dice una vocecilla que me parece reconocer.- ¿Usted cree que soy una abominación de la naturaleza? Es decir, yo… ¿Soy un engendro?- Sonaba triste como una de esas baladas de Taylor Swift que solía escuchar Nausicaa una y otra vez. Tras eso le sigue una carcajada benévola.
-¿Quién demonios te hizo pensar tal blasfemia? Eliott tu no eres ninguna abominación, eres un windy. ¿A caso no vistes a los desdichados de los ogros? Darían su vida por dejar de ser enormes criaturas sin un rol en la vida.
-Entonces... ¿Podré acompañar a los elegidos?
-¡Por supuesto! Es más, tienes que hacerlo.- Hace una pausa y se aclara la garganta.- Debemos encontrar ese libro.-Dice con voz más preocupada.- Si cayera en manos de alguien equivocado no quiero pensar lo que llegaría a pasar.
-Señor, el eclipse está cercano.
-Lo sé y tú te ocuparás de mostrarle sus cualidades, deben descubrirse a si mismos. Tendrás que entrenarles.
-Será todo un honor amo, pero… el chico ese, Alex… ¿Qué es?
-Es un humano mucho me temo.
 
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Bloguersssssssssss; A cabo de publicar el trailer de I'll be in the sky, espero que os guste^^
 
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