Capçitulo 13: Northreign

“Todo son adivinanzas y la clave de una adivinanza es otra adivinanza”. Emerson

Miro escéptica el paisaje. Es increíble, como un terremoto que me encubre y se apodera de mí ser. Es como una lluvia de luz. Es maravillosamente aturdidor. Las nubes se han disipado por la mañana y ahora solo hay un tímido sol que amenaza con derretir la nieve de los tejados de Northreign. Conforme voy caminando por el suelo de piedrecillas admiro lo cordial que es la gente. La carroza nos dejó en la entrada del reino, luego los enanitos tuvieron el placer de hacernos de guía turística hasta que llegáramos a destino. Por supuesto, destino desconocido.
A ambos lados de la calle, hay casitas de más de dos plantas con tejado algo puntiagudos y cubiertos por nieve. Alguna que otra tiene en la primera planta una frutería, otras tienes pescadería y otras, panaderías. Por lo que veo, estamos en el pleno zoco. Cuando nos adentramos aún más en el zoco, puedo diferenciar vendedores de Telas de terciopelo que dicen venir de “Southreign”. La muchedumbre es variopinta, muchos son grandes comerciantes que como es de esperar, solo atienden a altos cargos. También hay mozos de escuadra montados en caballos adornados con flecos y escudos.
 Nausi está tan distraída viendo el panorama como yo, siempre adoramos las ciencias sociales, por lo que esto tenía un relativo parecido con la sociedad señorial. Alex, por el contrario, está todavía procesando la información e intentando asimilar donde nos encontramos.
Un hombre con largo ropaje se acerca a uno de los puestecillos de telas con aire señorial y seguido por dos mozos que le agarran la capa por detrás.
-Ese es Duque.-Explica el enanito sonriente pegando saltos. Se había percatado de que mis ojos se posaban en él.- Aunque poseyendo ese nombre sobra decirlo, no le podemos abolir el cargo de duque.
-¿Es un duque?
-El más mayor, sí señorita.- Dice volviendo a saltar. Más que caminar esta brincando con pasos grandes.- Es el hijo del príncipe Árgon. Posee todo Northreign, todo lo que ves, está en manos de los Albani. Y no es poco señorita Yanet.-Dice guiñando un ojo. El enano gordito y rechoncho se acerca tocándose la barba.
-¿Y un duque suele venir a comprar a un mercado?-Pregunto.
-Siempre señorita, aunque es un asunto ya decadente. Antiguamente llegaban príncipes y reyes a comprar hermosas telas para sus esposas. Ahora ya no es tan común ver a un hombre de cargos por las calles paseando con la escasez de dos mozos. Pero nuestro duque es un hombre a lo antiguo.
-¿Cuántos años tiene ese dicho duque?
- 20 señorita, una edad digna y pura.- ¿Digna y pura? A esa edad en mi pueblo a las vírgenes no se les ve ni el pelo. Aún así reparo en que tiene un andar sereno y un semblante serio, como con sabiente de lo que tiene sustentando en sus espaldas. Tiene las fracciones definidas, como un hombre que ha acabado ya de madurar. Y ojos esmeraldas. 

-¿Cómo te llamas amigo?-Pregunto al enanito agachándome con las manos en las rodillas.
-Me llamo Eliott señorita, encantado de conocerle.-Me tiende su pequeña y delgada mano.
-Bien Eliott,-Digo sonriendo amablemente y estrechando sus pequeños dedos.- ¿puedo hacerte una pregunta? 
-Ya lo hizo señorita.-Sonrío y ahogo una pequeña risita, el enanito sonríe igualmente como sabiendo que todo el mundo cae en el mismo error.
-Está bien, te haré otra.- Digo pensando en lo que tengo que decir.
-¿Y bien?-Seguimos andando.
-No se como decirlo…Pero, ¿Por qué eres… así?- Digo dejando un pequeño hueco entre el índice y pulgar como si él cupiera ahí. El enano se echa a reír.
-Oh, señorita Yanet, es usted muy cómica.- hago como si entendiera algo y asiento.-Soy así-Dice haciendo el miso gesto que yo.- Porque soy un Windy.
-¿Eh?
-Un Windy , literalmente, un vientecillo.-Ríe de nuevo.- Oh, señorita,- dice agorándome por el brazo y encerándolo como un candado. Cosa que me recuerda a mi abuela.- Necesitará un cursillo intensivo.
Nausi se acerca corriendo histérica y sonriendo como una posesa.
-Oh dios mío Yanet, ¡¿Lo has visto, lo has visto, lo has visto?!- dice apretándome el brazo que me queda libre y señalando algo en el cielo.
-No veo nada Nausi, ¿A qué te refieres?
-¡Mira, mira!-Dice sacudiéndome del bracito de Eliott y llevándome hacia dónde Alex se encuentra. Me encojo de hombros en señal de rendición hacia Eliott y el me responde con un guiño.
Alex está en cima de una gran escalinata que debe de ser la entrada a una morada de un burgués o algo por el estilo. Tiene grandes jardines y una fuente muy hermosa en el centro. Me recuerda a Iulius. Mucha gente se sube a los adoquines de la calle y otras tantas cogen a sus hijos a los hombros.
-No veo una mierda Nausi.- Me subo al último peldaño y aún así, Nausi me saca media cabeza desde dos escalones más abajo. Siento que me elevo del sueño y pataleo con impaciencia sin saber que o quien es el ser u objeto que esta sustentando 60 kilos a un metro del suelo.
-¿Mejor así?- Me recojo el pelo  y lo aparto de la cara. Detrás de mi puedo ver unos rasgados ojos esmeraldas adornados con una sonrisa fugaz y tensa. Observo las fracciones trianguladas del hombre y su robusto cuello.
- Bájame por favor. Por el caridad, tengo miedo a las alturas.-Sigo pataleando. Nausi se gira hacia mí y me manda una mirada fulminante.
-Shh, mira.-Dice el joven señalando al cielo.
De repente siento la intensa idea de decir: ¡Es un avión!: No. ¡Es una bolsa de basura!: No. Es… Es…-Válgame dios- Es un caballo. Es un caballo alado y negro. Estoy A-Lu-Ci-Nan-Do.
-No es posible.- Desde debajo de la escalinata se escuchan susurros de admiración y gritos, incluso algún que otro llanto.
-Sí que es posible, raro, pero lo es.
-Es Pegaso.
-En realidad,-Dice bajándome cuando el caballo se esconde en el horizonte. Aún sigo mirado aquél animal fascinada y embobada.- Se llama Pegasus.- No le hecho cuenta aunque sé que siendo Duque-si lo era- tendría que donarle su debida atención. Pero en vez de eso intercalo miradas de admiración entre Alex y Nausi.
-Eh… sí, claro.-Digo.
-Soy Duque, aunque creo que me conocerás.-Explica tendiéndome la mano.
-No. No te conozco.
-Vaya…-Susurra. Si su cara pudiera hablar por sí sola diría: acabas de romper mi gran sueño. Pero lo siento duque mimado. No, no todo el mundo sabe quien eres.
Me alejo aferrada como un pulpo al brazo de Nausicaa y con otro al de Alex. No quiero conocer a más gente rara. Vuelvo la mirada al duque que esta de piedra con el mismo semblante que antes. Me mira y rápidamente retira la mirada. Hago caso omiso a la gente que nos rodea y que me miran como hubieran cambiado su centro de atención de Pegaso a mi. 
Eliott esta justo debajo de la escalinata esperando al lado del escandaloso enano gruñón. Me esta mirando con preocupación.
-Vayámonos antes de tener eventuales fastidios con la casa real.-Sugiere con una leve sonrisilla que la dedica a Duque.
A causa del dichoso duque, no me concentré en el motivo por el que estaba allí, ya que Alex y Nausicaa llevan hablando del dichoso caballo todo el camino a… ¿Dónde vamos?
-¡Eliott, Eliott!-Exclamo haciéndome paso entre mis dos acompañantes. Tras unos empujones consigo ponerme a su altura -Cosa que suena más ridícula cada vez que lo pienso-
-¿Qué le ocurre Yanet?- Dice cuando le pongo una mano en el hombro para que se de la vuelta.
-¿Es que nadie en este jodido reino me quiere decir donde vamos?-Digo encogiéndome de hombros. El enano estalla a carcajada limpia.
-¡Oh Yanet!-Dice entre sollozos de risa.- ¿Aún no se ha dado cuenta?
-¿De qué me tengo que dar cuenta?, a lo mejor estoy soñando.-Me inundo en la duda.
-No señora Yanet, no.
-Yanet, mira.-Dice Alex poniéndose a mi lado y señalando una antigua mansión. Me daba la impresión de estar metida en el libro de Harry Potter y que J.K. Rollin se hubiera equivocado de protagonistas.
La Mansión el alta. Alta y ancha. Los ladrillos son grises y los ventanales de colores. Esta rodeada por unas enredaderas y da un aspecto señorial.
-Es preciosa.
-Es una maravilla, por fin un lugar donde ducharme.-Dice Nausi.
-Yo prefiero dormir.-Espeta Alex. Le pego un empujón en el hombro que lo echa un poco hacia atrás.-Cuidado agente del FBI que no controla sus fuerzas.- Yo estallo a carcajadas y me doblo a la mitad teniendo que apoyar las manos en las rodillas.
-¿Qué es el FBI?- Me mira de hito a hito Eliott. Ahora que estoy un poco agachada puedo ver la proximidad entre nuestras cabezas. Noto las tres arruguitas que le salen en cada comisura al sonreír y sus grandes ojos dorados parecidos a los de Nausicaa.
-Es como los mozos de caballo pero a lo bestia.-Eliott me mira con cara de interrogante mientras abre la cancela de la mansión. Yo fulmino con la mirada a Alex que se encoge de hombros.
-Cuando me expliques que es esto y por qué estamos aquí tendrás tu respuesta amigo.- Concreto. Da la impresión de que se le agachan las orejas como a un perro mal nutrido. Luego las puertas chirrían dejando ver un hermoso jardín lleno de sauces llorones y lagunas. Éstas están llenas de patos y ranas que saltan. Es como una perfecta fusión de la naturaleza salvaje con la naturaleza doméstica. Es sencilla pero complicada a la vez.
Nausicaa camina despacio y toca con la punta de un pie el césped como si de una piscina se tratara y estuviera probando la temperatura a la que se encuentra. Alex por el contrario está haciendo un ángel de nieve en el prado y parece no darse cuanta de que no da resultado. Los enanos nos ordenan que mantengamos nuestra compostura y más tarde nos abren las puertas de la mansión.
No hay nadie en el vestíbulo. El suelo es de parqué y los muros parece que también. La casa echaría a arder con sólo una mecha. Hay muebles antiguos recargados pero sin llegar al gótico. Los cuadros representan cazas, pero no de animales. Los hay por todas partes y parece ser que el botín de los residentes son seres con el cuerpo de un equino y el torso y cabeza de un humano. Centauros.
Me vuelvo a contemplar al semblante de Alex que parece tan confuso como el mío.
-¿Qué son?
-Centauros.-Digo.
-No, en realidad son Centaurus.-Dice Eliott rascándose la cabeza con la mano envuelta en la manga de su enorme camisa
-Es imposible.-Digo toqueteándome el pelo.- Son seres mitológicos, es imposible hallar un híbrido de caballo y humano. Los humanos no somos como los colores; si los mezclas, no sale uno diferente.
-Déjalo.
-¿Qué quieres que deje?- Replico enarqueando una ceja.
-Que dejes por favor de intentar encontrarle sentido a todo. A partir de cierto punto, el cerebro deja de aplicar la lógica.-dice a mi lado casi con un susurro.
-Es que nada de lo que estoy viendo tiene sentido.
-No Yanet, lo que no tiene sentido es buscárselo.- Con dos pasos hacia atrás me deja sola con los ojos fijos a mis pies e intentando encontrar algo por lo que replicar. Es cierto, no tiene sentido lo que hago. Totalmente todo es… Es un caos. Es el caos más caótico. Es como un terremoto que te deja por los suelos a ti y a tus atributos; Sentimientos, cuerpo, sentidos.
Mi respiración suena entrecortada y los nervios se derraman desde mi cabeza hasta bajar al estómago como si fueran líquido con una gran facilidad de capilaridad. Luego me doy cuenta de que los nervios no son la causa inmediata de mi atormento; Al otro lado del pasillo un codo se apoya en el marco de la puerta de madera. Tiene los tobillos cruzados y la otra mano apoyada en la cadera. Sus comisuras forman una media sonrisa burlona y su forma de fruncir el ceño era algo tímida, pero mostraba una inmensa sabiduría y confianza en si mismo.
Jamás había visto algo así. 

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Windy: pequeño espíritu del aire.
 
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Capítulo 12: El principio del fin.

“Por desgracia la superabundancia de sueños se paga con un número creciente de pesadillas” Sir Peter Ustinov.

Sentía mis piernas amoratarse, como congelarse. Tenía la sensación de que me estuvieran clavando un millón de agujas a la vez, y eran heladas. Los párpados me pesaban, temían abrirse a la realidad, tenían miedo al lugar con el que se podían topar. Mis brazos tenían los músculos entumecidos, como si me hubieran linchado a golpes y ahora tuviera el cuerpo lleno de moratones. Hacía frío. Mucho frío. Al menos, yo lo sentía. Y en a través del fondo de mis párpados podía percibir que era de día o que había mucha luz. Mis manos estaban húmedas, tocaban algo parecido al azúcar solo que congelado.
Tras oír un gemido, conseguí abrir los ojos. Primero los entreabrí, luego cuando mis pupilas se fueron contrayendo al ver el reflejo de la luz, pude ver con exactitud donde me encontraba.
Era magnifico. Cogí una bocanada de aire fresco. Sentía una mezcla de curiosidad, fascinación y miedo. Agarrada al tronco del árbol donde estaba apoyada antes, intento poner en marcha mis piernas desnudas y mojadas por culpa de la nieve. Llego a un promontorio desde donde puedo ver una pequeña ciudad. Detrás de mí hay un bosque emergido en la nieve, un lago congelado donde un pato resbala hasta llegar a la única parte donde el agua sigue en su estado líquido. El cielo es gris, un gris puro y claro. A mi alrededor no había mas que nieve, abetos y algún que otro pajarillo. Estaba en alto, lo podía notar porque aunque el aire era puro, pesaba, me costaba respirar por la falta de oxígeno y estaba empezando a sentir los primeros síntomas de fatiga.
Rodeada de tanta belleza, se me había olvidado por completo lo que había ocurrido. Inmediatamente me puse a buscar, no sin antes echarle otro vistazo al panorama desde el promontorio.
Tras un tiempo que me parecieron dos años al que había que sumarle que cada vez se ocultaba más el sol y empezaba ha refrescar, un arbusto se movió. De él salió una especie de lobo muy familiar. Incrédula abrí talmente los ojos que creí que llegarían a un punto donde se salieran de las orbitas. Caí de bruces al suelo. Entonces me di cuenta de que tras ese animal, una mujer altísima con melena rubia y ojos amarillos, se tocaba el pelo. Nausicaa.
Rápidamente me tiré contra ella que cuando se dio cuenta también me estrechó.
-¿Sabes donde estamos?-Le pregunto separándome de ella y aliviada por no estar sola.
-No tengo ni la más pálida idea. Pero mira,- Voltea en su propio eje.- al menos tengo ropa de buen gusto.- Admiro su vestido verde esmeralda de mangas largas y corsé estrechado en la cintura. Tenía abombados los hombros y un escote cuadrado. Luego me miré a mí: Tenía puesto un traje largo y blanco que caía lacio hasta mis pies, nada que ver con el voluminoso cancán de Nausi. Ni siquiera tenía corsé, sino una especie de camisa añadida también blanca y anchísima que se estrechaba en las mangas.
-Vaya…
-Hay cosas,- Dice señalando mi vestido y el suyo.- que tampoco cambian aquí.- Hago gesto de ignorancia. Contemplo a Rufo por detrás de Nausi. Está caminando hacia el pico del promontorio. Cuando llega, se sienta y nos mira. Cojo a mi amiga de la mano y andamos con dificultad por la nieve-Si es que eso era nieve- hasta llegar junto al animal. Éste al vernos llegar aúlla tan fuerte que temo quedarme son oír.
                                                                *   *   *

-¿Dónde está Alex?- Me pregunta Nausi.
-¿Y su cucharilla?- Reímos.- No lo sé, cuando abrimos el libro perdí el conocimiento.
-Yo también, sentí que me anestesiaban.
-A lo mejor nos han raptado.
-¿Qué criminal decide llevar tan lejos a sus victimas?-Me encojo de hombros.
-Tengo la impresión de que acabaremos en el lugar equivocado.
-Yo creo que ya lo estamos.-Digo viendo donde nos está llevando Rufo. Durante una hora hemos estado siguiendo al dichoso perro y por fin, veo tierra que no está cubierta por nieve. Es una ciudad, por su arquitectura, antigua. Bastante, aunque eso sí, preciosa. Chasqueo la lengua contra el paladar. Me inclino para sentarme al lado del perro y acariciarle detrás de las orejas, a lo que el animal responde acercándose y refregándose contra mí.
-¿Conoces este lugar?-Detrás de mí Nausi tiene los brazos cruzados a la altura del pecho.
-No, claro que no lo conozco Yanet.
-No te lo decía a ti.-Nausi baja los ojos a Rufo y pone cara de mártir.
-Yanet... ¿De verdad?- Exclama resignada.
-¿Qué pasa?, ¿A caso ves otra salida?, ¿Aún no as abierto la mente?, ¿No ves que es nuestra única esperanza?-Tenía que haber añadido un: Si me pasé avisa, no quiero ser borde.
Nausi permanece callada.
Rufo abre el hocico, dejando ver sus enormes fauces y sus rosadas encías. Cuando creo que está a punto de ladrar me retiro y me tapo los oídos. Sin embargo, el perro escupe un hilo de vaho translucido.  Poco a poco la nube de vaho se retuerce, se enrolla y forma un tornado, un remolino. El traje de Nausi se ondula y vuela como el viento, tanto que tiene que bajárselo como si de Marilyn Monroe se tratara. El viento sacude mis pelos y hace que tenga no vea nada, al igual que Nausi que se intenta recoger el alborotado pelaje. Paulatinamente, el viento se fue calmando y dejo ver una silueta negra tirada en la nieve blanca. Me levanté y di un paso atrás mirando mi seguridad a la vez que Nausi. Pero de inmediato la figura se puso en pie y seguidamente se volvió a caer como un saco de patatas. Rufo nos miraba desde delante con la cabeza girada hacia atrás como extrañado por nuestra reacción.
-¡Me cago en la dichosa cuchara!- Grita el individuo poniéndose a gatas para intentar levantarse de nuevo.
Nausi y yo nos miramos y seguidamente le ayudamos a ponerle en pie cada una de un hombro. La cosa quedaba un poco penosa, porque yo era mucho más baja que Nausicaa y el chico iba cojeando por un lado. Luego nos sentamos con Rufo observando como la ciudad poco a poco se llenaba de luces. Anochecía y hacía frío.
-Prefería una cama al engendro éste.- dice Nausi tiritando y frotándose los brazos.
-¿Aún tienes la cuchara?-Digo extrañada.
-Sí, cuando empezó a dar vueltas la agarré, sólo que me arrastró con ella.-Dice envuelto en una manta negra. Debajo tiene una camisa algo parecida a la mía, ancha y recogida en los puños.
Me entran escalofríos. Mi vestido es de tela muy fina, no como la da Nausi que tiene forro.
-¿Quieres?-Dice tendiendo la manta con una mano hacia mi.
-No gracias.-Respondo fría.
-Como quieras. ¿Te has fijado en la luna? Es amarilla.
-Está llena.-Digo tumbándome en el suelo.-Lo que no entiendo es como puede estar llena si ayer estaba menguando.
-No estamos en el mismo lugar, por cierto; ¿Dónde carajo estamos?
-¿Y quién lo sabe?-Se tumba a mi lado y me doy la vuelta hacia la cara contraria a él.
-¿Tienes frío?
-No.
-¿Quieres la manta?
-No.
-¿Vas a dormir?
-¿Quieres dejar de preguntar? me pones nerviosa.
-Vale, vale. Ya paro.
Tras eso noto un retro gusto de culpabilidad pero supongo que no lo hice del todo mal. La realidad es que me da mucha vergüenza hablar con chicos, y mucho más si quiere dejarme su manta para dormir. La simple idea de que me esté cerca me da escalofríos. Me arropo como puedo haciéndome una bola contra un árbol. Dicen que el papel expulsa calor.
Durante media hora oigo pasos y pasos que arrastran cosas. Más tarde logro conciliar el sueño ya más acalorada.

                                                                  *   *   *

Oigo ruidos de caballos y látigos. Siento la nieve de nuevo fría. Tengo el cuerpo cubierto por la manta negra de Alex. Y a cada paso que se me acerca o que me tocan me estremezco. Cuando logro abrir los ojos y me recompongo sentada, veo a un enanito con barba y cara de bonachón. Tiene los labios cubiertos por esa mata de pelo y un poco calvo. Luego pienso que estoy soñando y me froto los ojos incrédula.

-¡Por la barba de Neptuno! Nunca había visto a nadie que durmiera tanto. Mercurio hizo buen trabajo con su caduceo.-Dice acercándose y guiñando un ojo. No se de que carajo habla y por qué me despierta.- ¡Vamos bella durmiente que se acabo el hechizo!- Exclama pegando bote al lado de Nausi y sacudiéndola.
-Pero qué diablos…-Dice mi amiga tocándose la cabeza.
-¡Que me caiga un rayo! Pero si es un caballero. Vamos, álzate.-Alex saca de inmediato la cuchara y eso hace que me ría, ¿Cómo puede ser tan infantil?- La madre naturaleza ha sido generosa con vosotros caminantes por una noche, pero no esta bien visto que le exijas más.
-¿Qué diantre dice?- Pregunta Alex.
-¡Diantre! ¿Cuál palabro es ese que desconozco?
-Parece salido de un cuento de hadas.- Digo sonriendo. La actuación del enanito me causa comicidad. Lleva un traje marrón oscuro de terciopelo adornado con una camisa blanca debajo y unas botas altas hasta las rodillas negras.
Al lado mía hay una hoguera apagada y cerca de ella, en el lado opuesto al mío, Alex. Más lejos en otro árbol descansa Nausi agarrada a Rufo. El hombrecillo de una palmada.
-¡Veeeeenga! Arriba, que os están esperando.
Me levanto estirando los brazos y las piernas con la manta envuelta en los hombros. Aún tengo los ojos pegajosos del sueño. Sacudo mi pelo haciendo que caigan todas las hojas y residuos al suelo.
-Vamos, por aquí.-El enano nos conduce a un carrazo de caballos bastante elegante. Fuera, conduce otro enanito flacucho sonriente.
-Vaya Nausicaa Iulius, sois tan hermosa como sus ancestros.- Nausi me mira y pone cara de no entender lo que dice. Ella jamás conoció a su madre.
Alex pasa el primero a la carroza. Después de que Rufo entre también, es mi turno. Introduzco antes la cabeza y miro a ambos lados del interior de la cabina. Las ventanas están tapadas por cortinas de terciopelo burdeo y hay dos grandes asientos a ambos lados también tapizados de burdeo. Me siento en frente de Alex y observo como Nausi entra todavía aturdida por el comentario del conductor.
-Esperamos no encontrar ningún bache. Cuidado a los que tengas el estómago flojo.- Termina el enano dando un golpe y montándose al lado del otro sonriente.
-¿Quiénes nos están esperando?-Pregunta Nausi.
-Quiero pensar que sea una cama.-Responde Alex. Aparto un poco la cortina de terciopelo. Todo, completamente todo, esta lleno de nieve blanca. Y ahora caen copitos rosados que deben ser flores de los árboles.
-Yo quiero pensar que seremos bien recibidos.-Alex da un golpe con la mano en el techo de la carroza. Un segundo después, el enano que tuvo la grandísima idea de despertarnos grita.
-¿Qué ocurre ahí abajo?¿Ya habéis dado de vientre en el terciopelo?
-¿Hacia donde nos dirigimos?-Pregunta Alex mirando nos.
-Norhtreign.

 
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Capítulo 11. Parte 2

~Nausi daba golpecitos con el dedo en el mármol de la encimera de la cocina. Sus ojos pasaban de un lado a otro y soplaba hacia arriba para mover su flequillo. Al mismo tiempo yo leía y releía aquella carta sentada en el suelo y apoyada contra los cajones de la misma. Le daba vueltas a la carta, la abría, la cerraba, la doblaba...Pero nada. Teníamos el libro ya, teníamos los colgantes; Estábamos listos.
Levanto la cabeza y miro a las dos personas que me rodean; el chico con las converse marrones y la rubia altísima. Seguidamente me levanto y me miro los zapatos como si fueran lo más interesante del mundo. Luego miro a los ojos a mi amiga que se enrolla un mechón de pelo en el dedo índice y apoya un codo en el mármol.

-Ábrelo.-Me dice. Esta vez no rechazo la propuesta y cojo el libro entre mis brazos hasta llevarlo al salón seguida por Nausi y “La cosa”.
-Espera.-Se detiene el chico. Abre uno de los cajones de la cocina y coge una cucharilla de acero inoxidable.
-¿Para qué diablos quieres eso?-Le señala Nausicaa, a lo que el chico responde subiendo y bajando los hombros.
-Nunca se sabe, una cuchara te puede salvar la vida.
-¿Cómo te va ha salvar eso la vida?-Replica con cara de asco mientras le sostiene la puerta de madera que da al salón.
Me cojo una cola alta y dejo el libro en la mesita de café.

-¿Qué pasará?-Pregunto.
-A lo mejor sólo es una broma pesada.- Reflexiona Nausi.
-Demasiado pesada.
-¿Y si es un agujero negro?-Pregunta el chico mientras nosotras le fusilamos a miradas. Éste se acomoda en el sofá y apoya los codos en las rodillas.-Un Black Hole, una zona en el espacio de donde no puedes salir, donde no hay física ni tiempo. Tan sólo el caos. Es difícil de explicar. Es como en los números; entre uno y otro hay infinitos, al igual podría pasar en la tierra: entre una porción y otra hay el infinito, el vacío.
-Antes la cuchara y ahora eso, vaya tela.-Se indigna Nausicaa. Sin embargo yo noto un retro gusto de curiosidad.
-Sabremos lo que nos espera cuanto antes abramos esto.- Digo.
-¿Y bien?, ¿A qué esperas?
-¡Ya voy, ya voy, Jonas Alexander Genevieve!-¿Acababa de decir su nombre? Sí, y mucho más que eso, lo acababa de decir completo y noté como sonreía. Alex.- Vale...pero antes de todo, prometedme que haremos esto como una familia, unidos.
-Vamos Yanet, déjate de tonterías americanas.-Dijo asintiendo. Suspiro.

Las manos me tiemblan cuando me doy la vuelta a la pulsera y el colgante resbala sobre mi palma. Mis ojos se llenan de destellos. Sin más estiro la palma de la mano contra en candado haciendo encajar el O griega.  Entonces abunda el silencio, que se extiende como una espesa manta de niebla. Aunque mis ojos están cerrados puedo percibir como las cosas se salen de su física y van cada vez más lento. Incluso escucho los latidos de mi propio corazón ralentizados. Mi mano ardía. Entonces abrí los ojos.
Nausi estaba donde la había dejado, justo a mi lado. Pero no reparé en su precioso maquillaje como hago de costumbre, si no que observe como su pelo largísimo flotaba y se alzaba hacia el techo como electro cargado con un globo. El flequillo de Alex también lo hacía: se contorneaba hacia arriba. Y no sólo eso, sino que el jarrón con flores de la mesita flotaba en el aire, la estatuita del elefante traída de África por mi madre estaba navegando alrededor de nosotros, la cucharilla que Alex cogió acompañaba muchos más objetos que iban en círculos flotando como si de una galaxia se tratase y nosotros fuéramos su centro.
Sentí que me daban un golpe en la nuca, quizá fuera uno de esos objetos, pero a partir de entonces, solo vi un tornado gris que nos rodeaba y una manta de polvo.                
 
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