Capítulo 10: El principio del fin. Primera parte.


 “Vive como si fueras a morir mañana, aprende como si fueras a vivir para siempre” Gandhi.

Nausi volteó alarmada. Estaba a una distancia de prudencia del animal.

-Yanet...-susurró desde tres metros más lejos que yo.

Mi mano pasó por encima del hocico gris mientras el animal me clavaba los dos agujeros trasparentes sin fin que eran sus ojos. El brillo en su mirada me hizo recordar la primera vez que lo vi y como huí de él. Podría haber dudado en acercarme, podría haber huido y ahora quizás estuviera en casa. Pero el aspecto detonante de Rufo me llamó la atención. Me dejo caer el pelo hacia un lado, apoyándolo en el hombro. Acaricio la mandíbula del animal mientras éste tuerce la cabeza en señal placentera. Casi, un juego de mi imaginación me traiciona, creyendo que el lobo estuviera sonriendo.

-Pero... ¿Qué diablos...?-Nausicaa se acerca a mí poco a poco calculando cada paso que da y manteniendo un límite de distancia entre el perro y su piel.
-Es inexplicable. Todo en esta noche es inexplicable.-Ratifico con un gesto.
-Ágata, el extraño ser y ahora Rufo. ¿Qué está pasando hoy?, ¿Es acaso el día de los inocentes?-Dice mi amiga poniéndose en cuclillas a mi lado.
-No tengo ni idea, pero no me quedaré con las manos cruzadas. Hay que indagar en esto.
-Sí, pero hay algo mucho más importante que eso: ¿Cómo coño salimos de aquí?-Dice extendiendo los brazos.
-Estoy casi segura que Rufo sabe cómo, ha llegado hasta aquí, ¿No?
-No se tú, pero yo no me pongo en manos de un perro. Mejor dicho: En patas de un perro.- Se cruza de brazos y da media vuelta, terca como solo ella sabe ser.

Un ruido ajeno hizo que mi amiga, hermética en su pensamiento, se sobresaltara y como impulsada por un resorte se dirigió hacia mí.

-Vale, Vamos, vamos.- Suspiramos con un común alivio.-Pero pongámonos en marcha ya, como lleguemos más tarde...
-Tendremos la mierda hasta el cuello.-Termino.

Y como si cada palabra que dijéramos el Perro-Lobo lo entendiese, minucioso empezó a olfatear alrededor de la piedra enorme. Yo me senté en ella y Nausi se apoyó en mi lateral. Tras unos minutos el animal levantó la cabeza del suelo e irguió las orejas. Unas ramas chasqueaban al adelantarse y después, un ladrido.

Abrimos bien los ojos y el perro salió corriendo como quien no quiere la cosa. Cojo de la mano a Nausicaa y corremos detrás del animal. Nuevamente las ramas empiezan a crujir bajo las botas de montar, las pocas hojas secas que quedan en los árboles se incrustan en los jerséis, las ramas robustas hace que tengamos que agacharnos, saltar, caer y ensuciarnos de barro.

Un pensamiento me corroe la cabeza, pero creo que no podré saber, el porqué, el cuándo y el cómo hasta mañana. La cara contraída que llevo no es algo nuevo. Me lleva ocurriendo toda la semana y los primeros síntomas de preocupación, estaban a flor de piel.

Por otro lado me preguntaba como hemos hecho para llegar tan lejos con esta indagación, tan solo fui a buscar un libro y volví con otro que no era.

Mientras que corría delante de mi amiga, mirando mi seguridad, reparé en unas extrañas luces que se apagaban y encendían a medida que un árbol las cubría. Eran como flases blancos que te deslumbraban. Cuando pude concebir que no eran muchas luces si no solo una, ya habíamos llegado a la explanada de la falda de Atlas.

Un sentimiento liberador nació de mi y caí -estrellada por Nausi que no paró detrás de mí- al suelo. Casi me entran ganas de hacer un ángel de nieve sobre la hierba. Cuando consigo que los 60 kilos de Nausi dejen de ejercer presión sobre mí me levanto. Mi amiga se tapa la boca haciendo escapar una pequeña carcajada y más tarde se agacha a arrancar hierba y tirármela.

-¡Tienes complejo de cabra!-Dice arrojándome los vegetales a la cara húmeda.
-¡Las cabras no comen hierba, ignorante!-Exclamo apartándome los pelos y las hierbas tanto de la boca como de las mejillas.
-¿A no, y entonces?-Dice seria. Bajo la mirada y sonrío algo maliciosa. Nausi expectante se acerca algo a mi.- ¿Y bien?- Rápidamente me agacho y salgo corriendo detrás de ella como una posesa.
-¡¡Comen botas de motar, no te jode!!- Exhausta, tras varios giros en círculo me tiro en el césped y lanzo la bota. Ésta rebota en la cabeza de Nausi que suelta un breve gemido parecido al de un perro. Sin embargo, Rufo parece no entender lo que significa ese gemido. Al menos, no tanto como yo.

Su ladrido hace que las dos nos giremos y nos miremos, Nausi susurra un leve <<Vamos>> y luego sube al lomo de Trueno.
                                                          

                                                                 *  *  *

La mansión está totalmente desolada, mantiene un aspecto hostil. Rufo nos ha seguido el galope y ahora amenaza con entrar en casa. Las enredaderas que se alzan sobre el muro de entrada a Iulius nos ayudarían a trepar y con suerte, llegaríamos a mi balcón.

-Shh, fuera, ale venga.-Gesticula con las manos Nausi intentando sin respuesta alguna que el lobo huyera.-Vamos... no es por ti... es que... Yanet es alérgica a los perros, sí, muy alérgica.
-Déjalo, ni que pudiera saltarse.-Le digo desde arriba del muro del patio trasero. Tiendo la mano y espero a que Nausi me la agarre. Percibo que mi amiga pone cara de mártir y a duras penas deja al perro bajo sus pies.

La calzada esta húmeda. Por suerte o desgracia la luz de mi habitación está encendida, entre la persiana bajada me iluminan haces de luz. Compruebo que mi amiga me sigue y de un salto, escalo la barandilla del balcón y entro. Siento la creciente fatiga de la escalada y apoyo mis manos en las rodillas cogiendo aire hasta que Nausi llega. De golpe todas las cuestiones que, anteriormente prometí no cuestionarme, amenazan con invadir mi cabeza; El collar, el libro, mi madre, ese extraño hombre en el bosque, la misteriosa conversación mantenida con él, Rufo, “La Cosa”, el mito. Siento como la presión de mi sangre aumenta. Me siento como si estuviera en un control y no me supiera nada.
En el cuello de Nausi brilla de nuevo esa O.

-¿Qué ocurre?-Dice jadeante. Inmediatamente vuelvo a la realidad, sacudo la cabeza de lado a lado y miro a través del cristal: No parece haber nadie.

Las manos me tiemblan cuando intento abrir la puerta de vidrio. Sin más, impulsada por la fuerza que ejerzo en ella, la puerta se desliza lateralmente abriéndose y Nausicaa y yo suspiramos en un común alivio. Nos miramos las unas a las otras y contemplamos la cantidad de barro y de hojas secas que lucen nuestras ropas. Cualquiera diría que somos militares camuflados.  Sin embargo las dos reímos y el por qué desconocemos.
Me quito las botas y las dejo en mi cuarto, Nausi se encierra en el cuarto de baño y mientras tanto ella se da su ducha de rosas, yo bajo a la cocina. Eran cerca de las once. Los pies vestidos con calcetines me hacían resbalar y de vez en cuando sonreía. Sin saber como, había conseguido exagerar las pequeñas alegrías como si de una desdicha se tratase.

Las escaleras terminan, en ambos lados del gran pasillo, las puertas están abiertas y con las luces encendidas. Se respiraba la fragancia de la leña chamuscada en la chimenea y el olor a quemado del exterior. Me hizo recordar la primera navidad con la pequeña Lía en casa:

<< La casa rebosaba de alegría. Tras acción de gracias toda la familia venía a visitarnos; La tía Yessy, que llegaba desde las indias de viaje de novios. El tío Gabriel, que ese año había publicado un humilde libro de cocina y que se ofreció a cocinar él. Hasta estaban mis dos tías abuelas de segundo grado, para mi eran la mayor distracción, me divertía verlas bizquear y admiraban como cogían todos los bollos de pan de la mesa sin que absolutamente nadie se dara cuenta. Mi madre había comprado el primer árbol de navidad verdadero y le habían salido ronchas en la mano, más tarde se dio cuenta de que era alérgica. Líala, con tan solo tres años se quemó con la chimenea y ahora, luce una hermosísima mancha marrón el las palmas de las manos. En fin, Toda la familia se sentaba en los sofás alrededor del fuego que chispaba y crujía reduciendo en cenizas la madera.>>

En la cocina aún se escuchaba ruidos de platos en el fregadero. Seguramente las limpiadoras. Di un rápido paseo de ida y vuelta. Cuando escuché una voz que procedía del comedor. No conseguía descifrar la frase, pero corrí en busca del ser que la emitía.

Tras un sofá color crema, una rubia y corta melena se agitaba.

-¿Aún estás despierta?-Le pregunto.
-Mamá no está.-La pregunta me espanta.
-¿Sabes dónde ha ido?-Le digo sentándome a su lado y pasándole un brazo por encima de sus pequeños hombritos. Éstos suben y luego bajan.
-Siempre se va. Ella dice que encontró un lobito pequeñito y ahora le tiene que dar de comer todos los días en el bosque.- La redondeta cara de mi hermana muestra una expresión de serenidad y esto, me tranquiliza.
-¿Te dijo cómo se llamaba el lobito y de que color era?-Ella niega con la cabeza.
-Sólo me dijo que sus ojos parecían canicas grises.- Me muerdo el labio.
-Lía, ven. Tendremos una reunión de chicas.
-¿Sólo de chicas?- Dice la enana entusiasmada poniéndose de rodillas en el sofá.
-Bueno, tal vez no sólo de chicas.

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Artikel Capítulo 10: El principio del fin. Primera parte. ini dipublish oleh Carla pada hari viernes, 2 de diciembre de 2011. Semoga artikel ini dapat bermanfaat.Terimakasih atas kunjungan Anda silahkan tinggalkan komentar.sudah ada 2 komentar: di postingan Capítulo 10: El principio del fin. Primera parte.
 
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2 comentarios:

  1. Buff... Como se está poniendo esto...
    Me da que hoy me termino esta historia, al menos no puedo dejar de leer. Necesito saber que está pasando de verdad. Y necesito otra conversación con Alex ^^

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  2. Dios mio Viky!! que te la acabas jajaja^^ tendré que seguir escribiendo. Muchisimas gracias de veras, no sabes lo mucho que aprecio tus comentarios y que leas, te debo el Cielo:D
    Carla.

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