Capítulo 9, primera parte: Secretos de familia.


“El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada”.  Génesis.

-¡Nausicaa!,¿Recuerdas ese monte?-Le digo cogiendo con más fuerzas las riendas del caballo para que se parara. Trueno Gira su cabeza y se aproxima a mi caballo, Rayo.
Al principio, cuando sólo éramos niñas, quisimos llamarle a nuestros caballos de tal manera que si te acordabas de uno, también del otro. Claro, que como a Nausi no le gustaba el nombre: Centellas, tuvimos que optar por trueno. La cabeza de Nausi se acerca botando en el majestuoso lomo dorado de Trueno hasta quedar junto a mi.
-El monte Atlas.
-No recuerdo el por qué del nombre.
-Ni yo, solo teníamos nueve años.- Dice.
-¿No había un lago en la falda del monte?
-Sí.-Dice y sale trotando colina abajo.
Los árboles están semidesnudos, algunos aún sostienen masas de nieve blanca. Ayer nevó por la tarde y Nausi hizo un pequeño donativo quedándose conmigo en vez de salir. Así, las dos nos calentamos un chocolate y vimos programas asquerosos de corazón mientras que mirábamos por la ventana como pequeñas motas de algodón cuajaban a medida que se topaban con el gris asfalto.
La cuesta es cada vez más empinada y Rayo empieza el trote rápido. Mi trasero se levanta de vez en cuando del asiento y a lo lejos veo como la límpida y perfecta trenza rubia de Nausi brilla casi más que el sol reflejado en el lago. Trueno está bebiendo del lago, cosa, que no debería hacer, pero que siempre le permitíamos. Nausi reposa en la orilla mientras yo bajo de un salto y me siento a su lado. Los caballos están fatigados y beben hasta saciarse.
-Entonces...¿Qué decías que soñaste?-Pregunta Nausi. Estos últimos días el libro, mi sueño y mi madre habían sido los principales temas de conversación con Nausicaa, seguidos de la pregunta: ¿Qué comemos?, eh aquí el ranking de este fin de semana. La pregunta me hace pensar de nuevo en la absurdidad del sueño, era como en un programa de televisión, como si me estuviera viendo a mi misma.
-Eso, Rufo que me llevaba hasta un altar que no podía abrir.-Nausi mira al horizonte buscando algo para distraerse, como si nada más tuviera importancia, como si su vida dependiera de ello.
-Rufo.
-Sí, se lo puso “La cosa”.-Digo tirando una piedra plana al agua y haciendo que rebote tres veces. Sonrío satisfecha de mi lanzamiento.
-¿Y si de verdad todo tuviera algo mágico?-Dice como quien no quiere la cosa.-¿Y si todo se nos viene encima a nosotros?-Coge una piedra y la lanza. Dos rebotes.
-No seas patética. Claro que hay lógica para todo esto.- Pensé. Aunque estaba empezando a dudar de ello, lo dije contradiciéndome en mi mente. Tiro dos piedras una seguida de otra escuchando el “Pluf” que emiten.
-¿Y cómo explicas que Ágata cogiera el libro?-Me mira. Yo me tumbo en el césped con los brazos en la nuca y los ojos cerrados.
-No lo sé.-Suspiro resignada.
-¿Entonces admites que todo tenga un final mágico?-Sonrio y abro un ojo para mirarla.
-Sí. ¿Eso es lo que querías oír?-Me pongo de pie y ayudo a Nausi a levantarse. Cuando ella se dispone a subir a Trueno yo ya estoy sobre Rayo. Trotamos despacio colina arriba. Era las siete de la tarde de un lunes cualquiera de febrero. El aire frío del campo congelaba a los caballos. Sentirse cómoda en el estado que me encontraba era algo parecido a atravesar el fuego con un helado en la mano e intentar que no se derrita. Imposible.
El paisaje había cambiado desde la última vez que vine a aquel lago. La asociación de madres del lugar había mandado talar más árboles para tener más papel en el trabajo. Y ahora, la mayaría de ellos son pequeños troncos talados al ras del suelo testigo de su cruel destino.
Cuando llegamos al establo anudamos a los caballos y subimos la cuesta de piedrecillas pasando por el jardín con el pozo para llegar hasta la mansión Iulius.
Con el atardecer el jardín parecía como dormido. Todo sumido en leves colores pastel. La hierba verde estaba húmeda por el deshielo de la nieve. Busco una nube y fracaso en el intento, con la llegada del invierno las jornadas son más cortas y el cielo siempre se tiñe de gris bajo la neblina. Ésta vez, era rosa.
-Me toca a mi la ducha antes.-Dice Nausi mientras intenta abrir la puerta sin respuesta de ésta.- Tú tardas demasiado.-Dice ahora forzándola con el hombro y la cadera.
-¿Qué yo tardo?, me sabe que hoy me ducho a las doce.
-Mira el lado positivo.-Dice dejando las llaves puestas y encogiéndose de hombros.-Puedes acostarte más tarde.
-A ver, dame.-Le digo empujándola a un lado y con convicción de que se abrirá. Introduzco las llaves encajándolas a la perfección, agarro el pomo y lo impulso hacia mí, luego hago andén de girar la llave. Un intento, un fallo. Un intento, un fallo. Saco resignada las llaves y las sujeto frente a mis ojos y los de Nausi. De ellas cuelga una etiqueta. Pongo los ojos en blancos.-Has cogido las llaves del garaje,¿Cuántas veces te tengo que decir que mires las cosas antes de salir?-Nausi coge las llaves.
-Pues entremos por el garaje.
-En el garaje no hay una entrada a Iulius, es tu casa ¿Recuerdas?-Suspiro.
-¿Y ahora qué?
-Tú sabrás. Eres una cabezona.
-¿Estará Lour en la cocina?
-Hoy es el día libre de Lour, parece mentira que lleves viviendo aquí toda tu vida.-Nausi acerca la mano para darme un cosquis pero la detiene y se muerde la lengua. Me mira por el rabillo del ojo.-Al menos dejemos las cosas en casa.- digo tirando el casco por encima de la baya. Nausi hace lo propio. Nausi se deja caer en la pared y resbala los pies hasta que su trasero se topa con el suelo. Mira colina abajo.
-¿Qué hace Ágata?- Dice sentada contra la pared.
-Salió a comprar.
-No, digo que qué hace.-Dice señalando a mi madre con un libro colgado del bolso y subiéndose a toda prisa en el coche. Mira a un lado y a otro. Nos escodemos tras un arbusto.
-Es el libro.-Salgo corriendo colina abajo cuando verifico que ya no me ve. Nausi exhausta llega al establo detrás de mí. Así, sin protección no debería montar, ya que no tenemos cascos. Pero mi madre se trae algo entre manos.
-¿Qué piensas hacer? Va por carretera.
-No, ha cogido la bifurcación hacia Atlas. Podemos llegar antes por el bosque.
-Son casi las ocho de la noche, el sol se ha puesto. No deberíamos ir.-Dice montada en trueno.
-Nausicaa, es el momento de saber lo que pasa, ¿No crees?-Ella se sopla el flequillo y pone en marcha a Trueno.
-Esto no saldrá bien.
-¿Desde cuando te abstienes a las consecuencias?-Digo mientras que el aire entrecorta mi voz y el galope acelera.
La carrera se convierte en una fuga de la realidad.
Entre jadeos y respiraciones forzosas llegamos hasta Atlas. El monte cambia totalmente de noche. Ahora la leve luz de la luna hace que el agua que roza sus faldas sea plateada, como un espejo. La trenza de Nausi ya no es tan perfecta, salta del caballo mareada y zigzagueando.
Dejamos amarrados a los caballos en uno de los pocos árboles enteros que hay.  Mientras observo como el estómago negro de Rayo se infla y desinfla en un respiro acompasado por el mío. Le doy un golpecito en el hocico.
-¿Qué hacemos?-pregunta Nausi impaciente.
-¿Quieres dejar de quejarte?
-No es lo mismo salir de fiesta tarde que ir al bosque tarde.
-Shhh, calla bocazas.- Nos agachamos escondidas bajo un arbusto.
Ágata recorre el bosque tocando los troncos de los árboles con la mano, lleva el ejemplar del libro bajo el brazo. Tiene prisa y frío. Parece poder guiarse con solo tocar la madera. Parece huir de algo, sabe donde ir pero aun así está confusa. Desde nuestra perspectiva no nos ve, así que salimos intentando no pisar ninguna rama. Perseguimos a mi madre por la oscuridad absoluta que ahora no puede hacer más que aumentar. Nausi agarra mi mano. No vemos por donde vamos, todo lo que vemos es gracias a la luna y sus astros. Las ramas se enredan en mis pelos y los de Nausi, su mano ahora me agarra con más fuerza. El bosque nos está jugando una mala pasada. Las botas están llenas de barro. Tropezamos unas diez veces, nos manchamos y nos volvimos a caer.
Me vuelvo hacia mi amiga. Su semblante es pálido, sus ojos amarillento casi lloran y piden tregua. Miro su colgante y suspiro. No podemos parar ahora, hemos llegado aquí y no volveré el punto de partida. Corremos hasta que a lo lejos divisamos a la sombra de mi madre parada cerca de una gran piedra. Parece está esperando a alguien.
-Mierda.-Susurra Nausi cuando pisa el barro se resbala y cae al suelo. Yo me agacho con ella y observo como mi madre se gira para asegurarse que en su círculo no hay nadie. En ella brilla un halo de preocupación.
Expectantes, observamos como mi madre da golpecitos en el suelo con el pie. Tras cinco minutos un ente con capucha negra y rostro pálido aparece desde el otro lado de la piedra. Por impulso propio retrocedí sentada en el suelo. Aquello me esta resultando un tanto lúgubre. Nausi me mira como esperando un respuesta, pero cuando yo la miro volvemos de nuevo a concentrarnos en aquél extraño ser que conversaba con mi madre en un tono carroñero.
-No entiendes, lo han encontrado.
-Hay que darle tiempo al tiempo.
-Yo creo que ya es hora de que las chicas sepan la verdad, ¿O es que acaso no te ha contado tu hijo nada sobre sus hallazgos?-Dice Ágata como si no temiera a tal energúmeno.
-Paciencia.
-Sabes lo que pasó la última vez que le dimos tiempo al tiempo.- La sombra camina de un lado a otro de la piedra con las mano cogidas a sus espaldas.
-¡Oh! Por favor Ágata, fue un accidente. Nadie sabía la existencia de ese ejemplar, por ello pusimos a Jinna como guardiana de la biblioteca.
-Pues como se ha visto no es muy fiable, ¿No crees?
-Sí, plutón se ocupará de su castigo.
-Este libro ha pertenecido a nuestra familia desde generaciones y cada una debe ocuparse del destino que éste escriba.
-Son críos, habrá tiempo.
-Ha comenzado, Severus.-Tras eso el ente se queda se piedra.
-Debemos ocuparnos nosotros.
-No Severus, cuando intentamos hacerlo nos jugamos la ira de Plutón. Deben hacerlo, han pasado ya cien años desde entonces y nadie ha conseguido vencerlo, si ellos no lo consiguen se derramará la sangre de un hombre.
-El sacrificio habría que hacerlo de todos modos.
-“El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada”
-Se te olvida un detalle: Ninguno de los tres son hombres mortales.

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Artikel Capítulo 9, primera parte: Secretos de familia. ini dipublish oleh Carla pada hari martes, 18 de octubre de 2011. Semoga artikel ini dapat bermanfaat.Terimakasih atas kunjungan Anda silahkan tinggalkan komentar.sudah ada 1comentarios: di postingan Capítulo 9, primera parte: Secretos de familia.
 
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1 comentarios:

  1. Por fin se van descubriendo cosas sobre ese libro, esa pulsera y los simbolos griegos.
    A ver que van a hacer las dos chicas y Alex, porque me da la sensación de que las tres personas de las que hablan son ellos..
    ^^

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