Capítulo 5: Cuentas.

 “Recoge las rosas mientras puedas; el tiempo no se detiene” Robert Herrick.

Un hombre que atraviesa a paso ligero la calle. Cuatro chicas que cruzan por el paso de cebra en fila india como si de los Beatles se tratase. Una mujer que corre con los cascos puestos y el perro tirando de ella.
Nausi ha fingido ponerse mala para faltar al examen de matemáticas, y ahora me toca coger el autobús para ir al instituto por primera vez en mi vida. Hasta hace tres días me había ayudado y corregido los errores de matemáticas, así que no creo que se haya puesto enferma por el examen.
El frío aire de febrero se esparce por mis fosas nasales congelándome la nariz que cada vez deja pasar más a éste y hace que llegue hasta la garganta congelando ésta también. Doy pequeños saltitos para entrar en calor bajo la parada del autobús rezando que por favor no me toque el conductor obeso de hace tres días. Llevo casualmente la pulsera extraña puesta desde que Nausi se puso el colgante. No sabía por qué pero ella tampoco se la quitaba y en esos tres días había sido como una marca de identificación.
<<Debería haberme puesto doble calcetín>> Susurro entre dientes tiritando.
El autobús llega con cinco minutos de retraso y vacilo un poco antes de moverme por miedo a romperme de lo congelada que estaba. El conductor me saluda con un gesto de cabeza y a mi me falta un empujón para caer al suelo de rodillas y darle gracias a Dios por no mandarme el estúpido obeso. Pero en vez de eso me limito a sonreír y pagar el billete. Camino hacia los asientos de atrás donde está parte del equipo de natación y baloncesto. La gente se gira para mirarme y no me extraña. No he ido al instituto en autobús nunca. Siempre nos llevaba Don Lour en una semi-limusina negra con cristales teñidos. Por fin en el asiento posterior diviso a Anabel y Medea sentadas delante del media plantilla del equipo haciéndome gestos y palpando el asiento de al lado para que me sentara allí. Sonrio despreocupada y asiento. Me quito la mochila, la pongo a mis pies y me saco el móvil del bolsillo trasero del pantalón.
-¡Temblad gente, ha llegado Yanet!- Una oleada de: <<¡Yanet!>> y <<Hola>> me inundan por detrás de mi asiento. Unos me tocan el moño, otros me dan en el hombro y otros me besan la mejilla. Luego recibo dos besos al mismo tiempo en cada mejilla, uno de Anabel y Otro de Med. Como si hubieran estado ensayando todo el día para eso.
-¿Qué tal el fin de semana con tus padres?-Le pregunto a Anabel. Ella le da un largo sorbo al café que lleva en la mano y pone los ojos en blanco. Med se lleva una mano a la boca y ríe bajito.-¿Qué?, ¿Me he perdido algo?-Vuelvo a decir mientras Anabel mira por la ventana.
-Se ha enamorado.
-¡¿Qué dices?! No es verdad.-Dice Anabel estirando el brazo por delante mía y dándole una pequeña bofetada a Med.
-Sí que lo es.
-Vale,-Digo agachando la cabeza.-sí que me he perdido algo.
-Lo más fuerte es que es de su familia.
-¿Qué?
-Sí, sí, como lo oyes.
-No es verdad, somos primos lejanos.
-¡Lo has admitido!-Dice Med como una niña pequeña señalando con orgullo a Anabel.
- Eres una pequeña embustera.
- Y tú una máquina sexual sin escrúpulos.
- Al menos no perdí la virginidad con Kent.- Kent era el típico modelo que sale en las televisiones todo musculazo y  Con venas por todo el cuerpo. El típico que usa bragas como bañador y se depila entero.
-Eres una Perra.
-Bien empezamos el día.-Digo poniéndome los cascos. De fondo se siguen escuchando a Med y Anabel soltando improperios e insultos cada vez más asquerosos. Pero me concentro en la música. Tengo que relajarme antes del examen. Suena “She will be loved” de los Maroon 5 y me entretengo silbando el estribillo o tarareando porciones de canción. Cuando ésta iba ha acabar Medea y Anabel me miraban y me daban golpecitos. Me quité los cascos y observé sus sonrisas exageradas. Frunzo el ceño e intento descubrir lo que quieren moviendo la cabeza. Resignada pregunto:
-¿Qué ocurre?-Medea me da unos toques con el codo en el costado y arquea las cejas. Luego miro perdida a Anabel que parecía que le hubieran dicho que esperaba un bebé.-¿Qué pasa?¿Vais a estar mirándome mucho más?
-Ya nos hemos enterado tonta.
-Tendrías que habérnoslo dicho las primeras.
-Lo siento, no sé de qué habláis.
-¿Cómo que no? Venga, si ya lo sabe medio Bremen.-Dijo como si el instituto Bremen fuera una ciudad.
-Ya sabes...-Dice acercándose y restregándose con mi hombro.-... Justin....
-¡Joder!-Pongo los ojos en blanco.
-¡Entonces lo admites, es verdad!-Dice Med señalándome.
-Sí, vale. Pero callarse.- digo mirando por encima del asiento para ver si está con el equipo de baloncesto. Nada. Uff.
-¿Y cómo fue?-Me pregunta Med. Siempre fue una de esas personas que preguntan lo que primero le sale, a veces queda bien. Pero otras ni siquiera le hacemos caso.
-Mmm...¿Húmedo?-Digo con media sonrisa. Con eso se da por concluida la sesión matinal de cotilleos.

Aunque no sabía todo lo que me esperaba esta mañana.

Las escaleras de la entrada estaban desiertas, y eso solo podía significar dos cosas:
-Que era sábado y me había confundido.
-Que llegaba tarde a clases y habían entrado ya todos.
Y quiero votar por que sea la segunda opción.
Subo rápidamente con la mochila y los apuntes de matemáticas en la mano. A segunda hora tendría el examen y esta primera hora la quiero pasar estudiando. Además,¿A quién le interesa Dante?
El pasillo está desierto, las taquillas cerradas y solo se oye el reloj y los pasos de los otros estudiantes que bajan del autobús y corren por las escaleras. No tengo tiempo para dejar la mochila en la taquilla. Corro resbalándome algo con mis viejas Chuk Taylor hasta llegar al aula de Historia y Filosofía. La puerta está abierta y el profesor de espaldas mirando a la pizarra. Un asiento esta libre al fondo de la clase y otro junto al lado del profesor. Si llego hasta el fondo corro el riesgo de que me pille... si me siento en primero fila, no podré estudiar. EL profesor termina de escribir y hace anden de dejar la tiza. Yo corro hasta el sitio en primera fila y pongo los libro en la mesa. Para cuando se ha girado el hombre, en la puerta ya solo queda un rastro de mi fragancia.
Suspiro.

O

Segunda hora. La profesora nos repite que solo se puede tener en la mesa un bolígrafo y la calculadora. Luego formula las típicas reglas de siempre:
-No mirar hacia cualquier lado que no sea el folio.
-Utilizar 3’14 como PI.
-No se pueden prestar bolígrafos.
-No se puede fallar en ningún signo. (Y ésta última la añado yo)

Una idea fugaz me recorre el semblante: solo cinco meses más e iré a la universidad.
Pero eso se desvanece cuando la profesora dice que giremos el folio. Una ecuación, dos, tres, cuatro... diez. Recorro el folio buscando cuantos puntos vale ese ejercicio... 2pts. Leo en una esquina. Bajo la mirada al segundo ejercicio, es un problema, puntos: 8.
Ese ocho me hace sentir algo de miedo,¿Pero a quién se le ocurre? Me da la sensación de que estuviera girando de que estuviera convirtiéndose en un ocho acostado. Y por ese detalle, empecé por ese. Era decididamente un ocho acostado, el signo del infinito.
No comprendo que es lo que ocurre, será la pura ignorancia que entonces ejercía. La mano se deslizaba sola por el papel dejando detrás números, símbolos. Mi mirada ni siquiera se paraba a verificar si era correcto lo que escribía. Las personas no alzaban la vista por temor a ser pillados. Detrás de mí un imbécil no para de darme cogotazos para que le pasara alguna solución. Levanto el dedos corazón hacia atrás sin que la profesora me vea y se lo muestro a Mister cogotazos. Mientras mi otra mano no deja de escribir, los números se mezclan con las letras, algunas me parece reconocerlas, pero no son las normales.
La campana suena anunciando el final de examen. La gente se precipita a dejar sobre la mesa de la profesora el folio. Algunos lo entregan en blanco, otros con poco escrito. Este ha sido uno de los exámenes más difíciles, comprendo a Nausi. Recojo lo que a mala pena sé que es y lo pongo en la esquina de la mesa de la profesora. Salgo con la mochila cogida del hombro.
Se acabaron las clases por ahora. Sé exactamente donde tengo que ir.
Salgo al pasillo donde la gente espera que venga el profesor de la hora siguiente. Unos están apoyados en la pared, otros sentados en el suelo y otros pidiendo los deberes a los más listos. Un chico se acerca y me da un golpe en el hombro. Me giro instantáneamente con ganas de pegarle y decirle que no me haga perder el tiempo. Pero las palabras dejan de fluir después de maldecir  ese tempismo. Me topo con una media sonrisa y unos pelos algo despeinados.
-El de Historia está a punto de llegar, no vas a poder escaquearte.
-Si pierdo el tiempo aquí contigo sí.- Digo poniéndome de nuevo en marcha. Es el mismo chico que vi con Nausi en el baño hace tres días, pero hago como si no me conociese. Por el pasillo de la derecha veo al profesor llegando a clase y me doy cuenta de que lleva razón. Pero una mano aferra la mía.
 -Sé por donde ir.
Corremos.

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Artikel Capítulo 5: Cuentas. ini dipublish oleh Carla pada hari martes, 13 de septiembre de 2011. Semoga artikel ini dapat bermanfaat.Terimakasih atas kunjungan Anda silahkan tinggalkan komentar.sudah ada 3 komentar: di postingan Capítulo 5: Cuentas.
 
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3 comentarios:

  1. siguiente!!!!!!! me ha encantado sobretodo el chabal con el que se staba liando Nausi... LO-A-m-o!!!!! *·*

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  2. jaja, yo también lo amor... por ahora:D
    ya verás:D

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  3. Tengo la impresión de que ese chico va a dar de que hablar^^
    Vaya dia, ¡y vaya examen! A mi me hubiera dado algo si veo que un ejercicio vale 8 puntos...
    Bueno, me encanta tu historia, voy a seguir leyendo^^

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