capítulo 4: "Magia" no existe en mi diccionario.

"Y de la oscuridad surgieron las manos que hay en la naturaleza y dan forma a los hombres." Alfred Lord Tennyson.

Sentada en el sillón blanco de terciopelo de mi cuarto, espero que Nausi llegue con sus típicas frases despectivas y amenazantes y sus falsas promesas de castigos. Encima de la mesilla está el libro de letras doradas. En realidad no sé ni como esa vieja mesa lo puede sostener. El reloj marca las once de la noche. Estoy sentada con una pierna recogida entre mis brazos y la barbilla apoyada en ésta. Una de mis manos juega a desformarme la cara estirando los mofletes o juntándolos tanto que mis labios quedan con un aspecto similar a los de un pez. Mi mente se distrae mirando la neblina que cubre el cielo y que no deja ver ni una estrella suspendida en él. Mi estómago ha dejado de dar la lata, mi cerebro ha pulsado el pause y mi corazón es lo único que escucho.
Ahora mi pierna derecha se une a la otra para se nuevamente rodeada por mis brazos. He llegado a dos conclusiones:
-Si Nausi dice que no puedes entrar al baño, es que no se puede.
Y la segunda:
-Pon la mesa siempre si no quieres discutir con tu hermana y quedarte sin comer.
La ausencia y tardancia de Nausi me hace ponerme nerviosa. ¿Pero que demonios...? No me da tiempo ha terminar de formular mi pregunta imaginaria. Cuando giro la cabeza unos pelos rubios están apoyados en el marco de la puerta de mi cuarto con los ojos inclinados hacia abajo haciendo que se viera solo la perfecta sombra dorada. Un codo apoyado en la puerta y un tobillo cruzado detrás del otro. Un semblante algo pálido, parecido a la cera de vela. Sin poros.
-¿Qué mosca te ha picado?-Rompo la ausencia de palabras.
-¿Y a ti qué mierda te importa?-Dice ella ratificando con un gesto con la mano. En cierto sentido era verdad. Cada vez que encontraba a Nausi en cualquier habitación de la casa con un chico, me limitaba a cerrar la puerta y encerrarme en mi cuarto. No entiendo por qué esta vez es que ser diferente.
-No puedes andar por la casa como si no existiera nadie más.
-Es mi casa. Eres tú la que no puedes andar como si nadie existiera.-Dice sentándose en mi cama. No grita. Sólo a dicho unos cuantos improperios contra mí y ha amenazado con expulsarme de su casa.-¿Qué te pasa? Estás como que no estás.
-No me pasa nada.-Digo sentándome a su lado. Dos minutos de silencio.
-¿Qué es eso?-Dice señalando mi muñeca. Sé exactamente a lo que se refiere. Nunca me pondría algo así.
-Una pulsera, eso que se pone la gente que le rodea la muñeca y que...
-Sé lo que es. Pero es horrenda.-Hago una mueca con la boca.
-Quería salir de lo corriente.
-¿Dónde lo has comprado?
-Me lo ha dado la bibliotecaria.- Estaba claro que no podría contarle exactamente lo que había ocurrido.
-Que cutre. Espera.- Se levanta del colchón haciendo que rebote algo. Sus pantalones cortos están subidos de tal manera que parecían culotes y sus uñas de los pies rojas le contrastan con la pie pálida. Sale del cuarto moviendo sus caderas y en segundos llega de nuevo al cuarto con algo entre las manos. Se sienta a mi lado con las rodillas recogidas por uno de los brazos, el otro que está al lado mía me extiende una cuerdecilla. La cojo con dos dedos y la alzo para ver lo que cuelga de ella. Un escalofrío me recorre la espalda y miro a Nausi con una ceja enarqueada y los ojos muy abiertos.
-¿Dónde lo has encontrado?
-Me lo dio mi padre cuando era pequeña.
-Es idéntico.-Digo acercando mi muñeca al colgante de Nausi. Debe ser una coincidencia. Que Nausi haya ido a la biblioteca de pequeña, lo haya perdido y le hubieran regalado uno igual. ¡Pero qué digo!, ¿Nausi en una biblioteca? Ni de coña. Esto debía ser una broma o algo, que Nausi y la bibliotecaria se hubieran puesto de acuerdo.
-Creo que me lo dio con tres años. No sé, se lo voy a preguntar.-Pone una pierna en el suelo y hace anden de irse, pero yo le agarro del brazo y mira hacia abajo.
-No le digas nada.
-¿Qué?
-Que no digas nada.-Dije con el semblante algo pálido. Espera la respuesta de Nausi, pero en vez de ello me encontré su mano cogida a la mía. Y entonces recordé el primer día de instituto:

“hacía algo de calor y era normal porque estábamos a mediado de septiembre. Don Lour se ofreció para acompañarnos en el descapotable del padre de Nausi. Teníamos doce años y nos habían contado mil y un millón de mitos sobre el instituto, y como era comprensible, nos creíamos todo. Por mi parte me resistía a creérmelo, pero no me podía contener cuando Nausi llegaba a casa gritando: <<Me han dicho que si los profesores se portan mal con nosotros podremos pincharle las ruedas a sus coches>>. Yo sonreía admirando lo infantil que todavía era y le decía <<¿Y como sabrás cual es el coche de cual?>>. Es impresionante como la vida te da tantas vueltas y vueltas y como la gente empieza a contar cosas y acabas diciendo la contraria, porque cuando llegamos a ese lugar del que todos nos habían hablado nos quedamos de pie en la acera esperando que algo pasara. Y nada. Un grupo de chicas se reían sentadas debajo de un roble. Otro grupo de góticos escuchaban música punk, agitaban los negros pelos y levantaban la mano con el índice y el meñique alzados. Los chicos del equipo de baloncesto salían del autobús con una pelota debajo del brazo y pegándole cogotazos al de delante. Unas chicas de primero algo más arregladas de lo normal daban saltitos al ver salir al nuevo equipo del autobús y las que estaban debajo del roble las miraban y se reían disimuladamente de ellas. Yo me miré de arriba hacia abajo. Llevaba unos pantalones cortos negros, una camiseta de tirantes y encaje blanca, mis desgastadas converses y la mochila de cuadros de colores. Luego sigo mi brazo y mano agarrada a la de Nausi y la miro a ella: Lleva una camiseta con exagerado escote blanca,(Tanto que su larga melena se le metía por él) Unos pantalones largos apretados y adornados con un cinturón Tiffany, sus botines Hogan que le subían cinco centímetros más y su mochila blanca y negra a rayas. Un peligro para todo aquél que se le oponga. Pienso en la suerte que tengo de tenerla como amiga. Sin ella solo sería un fantasma. Admiro su larga melena y pienso en lo estúpida que debo ser luciendo ese destartalado moño que siempre recoge mi pelo castaño. No me hacía falta ponerme tacones para superar a Nausi, siempre fui más alta que ella, aunque también mas ancha.
Una de las chicas del grupo de primero se acerca a nosotras con aire despreocupado y mirando de vez en cuando a las demás sonriendo. Lleva una camiseta de manga por el codo, una falda de cuadros rojos y tacones de cuña. Va sonriendo maliciosamente. Lleva un vaso de café del starbucks en las manos, lleno. La chica camina torciéndose los tobillos y ladeándose un poco, pero esto parece no interesarle. Una vez que llega a la acera donde nos encontramos Nausi y yo se apoya en un pie y flexiona el otro dejándolo descansar. Suspira y pregunta: ¿Qué hora será? Se mira un reloj imaginario en su muñeca, la misma que sujetaba el vaso y que al “ver la hora” se ha derramado en las carísimas Hogan de Nausi. Yo siento como me aprieta la mano que me tiene dada. Luego se gira hacia la chica que suelta un exagerado <<Ups>>. Nausi hierve de rabia y le dice:
-¿Has estado ensayando esto delante del espejo?
La chica algo decepcionada porque creía que habría obtenido la última palabra, vuelve caminando igual de torcida que antes a sus amigas y cuando llega se hecha a reír. Yo que no le he soltado todavía la mano a Nausi se atraigo hacia mí y le digo:
-No le digas nada, no vale la pena.
Y así todas nuestras dudas se resolvieron el primer día de instituto. Al fin y al cabo, habíamos esperado esto con ansia y ahora todos nuestros mitos colgaban de una esperanza aún mayor.>>

Dejo de apretarle la mano a Nausi y cojo el libro y el cuaderno de matemáticas. Ella me mira con cara exhaustiva y como queriéndome decir todo con solo soplar y resoplar. Sabe que como no empiece a estudiar se quedará atrás. Su media de notables no se debe a su cociente intelectual, si no a una personita llamada Hilary que se sienta delante suya. Le tiro de la manga de su sudadera y hago que se tire al suelo conmigo. Abro el libro y busco el tema de sistemas y ecuaciones.
-Eres una mojigata.
-Oh, no. ¿Tú también?-Digo apuntando una ecuación en mi libreta.
-Sí, tendrías que soltarte algo la melena.-Dice cogiendo una hoja y apuntando la misma ecuación que yo.
-¿Y parecerme a ti? Paso.
-No, lo dio literalmente. Tienes el pelo siempre recogido.-Dice manoseándome el pelo.-Y parecerse a mí no es malo.
-No, pero prefiero tener algo de personalidad. -Se encoge de Hombros.
-¿Crees que el chico ese se ha quedado traumatizado?
-¿Quién, Alex? No, yo creo que incluso le has caído bien.-Se ríe.- Bonita entrada eh.
-¡Cállate subnormal!-Le pego un coscorrón. Y me echo a reír. Ya se me había olvidado lo patética que tendría que haberle parecido. Seguramente se ha traumatizado. Seguro no, se ha traumatizado. La he fastidiado.
-¿Cuánto te ha dado?-Me dice Nausi señalando el ejercicio con el boli.
-Mmm... No me da.
-Esto es un más.-Me dice alargando el brazo y dibujando una rayita vertical encima de la horizontal.
-Mira la pequeña Einstein.-Le digo subiéndome encima de su espalda tumbada. Ella se ladea y rueda por el suelo. En su Cuello brilla el amuleto con esa especie de O sin acabar.
Solo es una coincidencia. Me repito.
Pero a lo largo de la noche llegué a otra conclusión:
-La vida es como las matemáticas: si te equivocas en un signo, la has fastidiado para toda tu vida.

Lo que aún no sabía era que existían las excepciones.

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Artikel capítulo 4: "Magia" no existe en mi diccionario. ini dipublish oleh Carla pada hari jueves, 8 de septiembre de 2011. Semoga artikel ini dapat bermanfaat.Terimakasih atas kunjungan Anda silahkan tinggalkan komentar.sudah ada 3 komentar: di postingan capítulo 4: "Magia" no existe en mi diccionario.
 
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3 comentarios:

  1. joe como lo has dejado *·* siguiente pronto pliss!

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  2. Lo estoy terminando, dentro de poco sabreis muchas mas cosas.
    Aprovecho para decir que valoro mucho más vuestra opinión que los seguidores, por eso os pido que si leeis, comentad(solo si quereis claro)
    os saluda, la autora:D

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  3. Las coincidencias no existen. Y si, tienes razón con lo de las matemáticas y los signos. Lo que puede cambiar una simple rayita en un ejercicio, y en la vida como has dicho tú.
    Voy a leerme el siguiente capitulo y a descansar un poco, pero te repito por si acaso que, aun no siendo yo de historias fantásticas, me gusta bastantes tu relato:)

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